El castaño lanza el test a la papelera, frustrado. Pasa una mano por su pelo, tirando de él hacia atrás y se mira al espejo.
Ojeras se ven debajo de sus ojos, acompañadas por un ligero inchamiento. Sus ojos están un tanto rojizos, por el lloro que ha tenido hace apenas una hora. Se lava la cara y sale del baño, para encontrarse con la casa vacía. No se scuchanada, solo su respiración agitada. Se acerca a la nevera y de esta saca una botella de agua, para así beber de esta.
No lo entiende. No se entiende. No la entiende. Él querría volver al pasado, al día que pasó ese roce junto a Sarah. Desea con todas sus fuerzas poder cambiar eso, poder decir que no se va a casar con esa mujer, sino con ____. Sus finos labios y su dulce voz, forman una perfecta pareja. Dan ganas de pegar los suyos con los de esa chica que le robó el corazón y le dio lo más bonito que jamás había visto. La cual le mostró que la vida está llena de baches pero, que todos son fáciles de saltar si tienes constancia y no eres débil.
Y, él lo era. Era débil hasta que ella llegó.
Recuerda perfectamente haberla visto con el móvil esperando la fila, para poder verle. Lo gracioso, es que ella no quería verlo a él. Era su hermano el que quería verlo. Ella quería hacer feliz a su pequeño hermano.
Dios sabe como le agradece a ese chaval todo lo que ha hecho por él, sin siquiera saberlo.
Recuerda haberla subido al escenario, haberla cantado al oído esa canción que tantos años tiene. Recuerda haberla acariciado el brazo, apartado un mechón de su oreja y haber besado su mejilla. Recuerda haberla dado un papel con su número de teléfono, y, desde ahí, haber comenzado una perfecta relación.
¡Recuerda cuando era feliz!
Tiene que empezar a hacer las cosas bien, piensa. Quiere volver a reír como hacía antes, quiere volver a cometer algunas de las locuras que cometía a sus dieciséis años. Quiere besarla y tocarla como hizo en aquellos tiempos, y, quiere formalizar la familia. Quiere vivir junto a ella, quiere comprarle regalos a su hijo y al que viene.
Pero... Sarah.
Ella es buena persona, al fondo. Y, tal vez, no tenga fondo. Nunca ha visto una sonrisa verdadera de ella. Nunca la ha visto besarlo con amor, o incluso con cariño, nunca ha sentido esas mariposas que sentía con ___.
Camina hacia el salón arrastrando los pies. Está agotado y aburrido, y no se le ocurre nada que hacer. Agarra su teléfono y ve tres llamadas perdidas de un número desconocido, frunce el ceño y decide llamarlo para más tarde, no será muy importante.
Se tumba en el sofá y prende la televisión, todos son anuncios de niños pequeños. Gruñe y pone otro canal, escuchando noticias sobre los famosos chicos británicos, y que una anciana de 67 años andaba acosando a un chico de apenas 16.
'Pero qué coño' piensa.
La puerta de la casa suena, frunce el ceño y se dirige a esta. Por la mirilla, localiza a un chico rubio de ojos azules, junto a una castaña de ojos verdosos. Abre la puerta, ya que, ese chico le suena.
—Abraham, soy Miguel Ángel. —Sonríe al ver al hermano de su amada. —_____ está en el hospital.
¡Mañana otro! ¡U otros dos! Son las doce de la noche y estoy en depresión fangirl. Me entendéis ohwé.
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Jodido idiota. | Abraham Mateo |
Romance''Nerviosa, agité el test de embarazo,y, tras varios minutos de espera, la respuesta llegó''. ''-Positivo''.
