Fin.

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-¡Alma, deja de despeinar a tu hermano y ponte las zapatillas! -grita el moreno, mirando a la mayor de sus gemelas. 

Con tres años de edad, las gemelas Chamorro van a presenciar la boda de sus padres. ____ y Abraham, decidieron esperar junto a el pequeño Connor para celebrarla, ya que tener dos crías dentro de ti era algo realmente agotador. Tras el nacimiento, las niñas crecieron sanas y felices: ambas con el cabello de su padre, ojos negros como los de Abraham y grandes como los de _____, ambas con personalidades similares a la hora de hacer travesuras.

Alma era la más pícara de ambas. Su risa era contagiosa y ponía un rostro de ángel cada vez que hacía algo mal, haciendo que ningún problema cayera sobre ella. Areka, tres cuartas de lo mismo. Su tranquilidad y su risa hacía que quisieras abrazarla y no soltarla nunca, tenerla entre tus brazos todo el día: hasta para dormir.

Connor, al cumplir los diez años comenzó a bailar en una de las menos conocidas academias de baile de toda la ciudad. De ahí fueron creciendo todos juntos y, años después, tanto Connor como la academia son bastante reconocidos, aunque ser hijo de un famoso cantante también ayudaba, más si bailaba igual o incluso mejor que su padre.

Tras aceptar la petición de matrimonio, ambos fueron a vivir a una gran casa con dos pisos, donde los pequeños crecían riendo y jugando. Ahora mismo, Abraham y su hermano Tony intentaban controlar a Alma, la cual no dejaba de molestar a su hermano mayor.

-¡Alma, ya basta, eres una pesada! -Gritó Connor y la sentó sobre una silla, colocándole con dificultad las zapatillas. -Como sigas así le voy a decir a Areka quien te gusta.

-¡No, para, no le digas nada! -Comenzó a reír al ver el rostro de su padre y tío, cuando su hermano reveló que un chico le gustaba. -Es mentira, no me gusta nadie, soy muy pequeña.

-Pequeña pero pesada. -Rió Tony cogiéndola en brazos, mientras buscaba con la mirada a Areka. -¿Y Areka?

-Se fue con mamá, si no lloraba. -Dijo Connor mientras agarraba la mano de Abraham, saliendo de la casa. -¿Luego me dejaréis bailar?

Abraham rió leve y asintió, sentando al niño en la silla del coche mientras que Tony hacía lo mismo con Alma. -Podrás bailar todo lo que quieras.


***

La tela del vestido se iba arrastrando a medida que ___ se acercaba más y más a su futuro marido. Sus lágrimas de emoción estaban retenidas en lo más profundo de sus ojos mientras que sus dedos no podían parar quietos. Las gemelas se encargaban de tirar flores tras su madre y Connor, el cual aguantaba un pequeño cojín que aguardaba una manta de terciopelo donde los anillos de los futuros casados esperaban para estar con sus dueños. Abraham sonreía como nunca antes lo había hecho, pues había formado la familia que tanto había ansiado. Sus hermosas pequeñas, alocadas y revoltosas, su pequeño hombrecito, tranquilo y artista, y su hermosa reina. La razón por la que la felicidad lo había llenado por completo. Aquella chica que desde ese día en la entrada del concierto cambió su vida por completo. 

—Espero que la cuides, o si no, recibirás una paliza por mi parte. —Advirtió Christian mientras depositaba la mano de su hermana sobre la del morocho, provocando una risa en la pareja. —Os deseo lo mejor a ambos. Abraham, te confío a una de las mujeres de mi vida; cuídala como si tu vida dependiera de ello.

Lo que Christian no sabía, es que era cierto. Su vida dependía de ella, puesto que su vida era ___.

Todos los invitados de la familia miraban con ansias de terminar la misa como el cura dedicaba unas palabras a la bonita pareja. Ambos se miraban el uno al otro como si no hubiera nada a su alrededor, solo ellos dos. Su vida estaba a punto de ser unida por completo, simplemente con unos simples anillos que demostraban que sus hilos rojos se habían encontrado.

Jodido idiota. | Abraham Mateo |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora