Han pasado 20 años desde que la vio por última vez, ahora como profesor de Pociones en Hogwarts, requiere la presencia de las representantes de 2 de sus estudiantes, por una falta que a pesar de no
considerarse tan grave para los jóvenes, requiere i...
Ginny Zabini estaba en su saeta de fuego volando a toda prisa para evitar que su contrincante en los entrenamientos atrape la snich dorada. Tan competitiva como siempre apretaba los dientes para ganar, odiaba perder, pero para su mala suerte fue interrumpida por un lechuza real con hermosos ojos azules.
La Pelirroja al verla se entretuvo un momento perdiendo su oportunidad para conseguir su propósito. Molesta bajo de su escoba, se acercó al ave que aterrizó en las gradas del Grand London Stadium.
Esta estiró la patita, mostrando el pergamino. Ginny lo leyó y cual león rugio indignada — ¡Qué hiciste esta vez, Alexander!!!
No se cambió ni nada, entró a las chimeneas del estadio y tomando polvos flu exclamó — ¡Hogwarts!
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Hermione suspiró cansada, desde que llegó a su oficina no había parado de firmar carpetas repletas de papeles, la nueva Ley la estaba matando.
¡Gracias a Merlín, sus hijos Rose y Hugo estaban en Hogwarts estudiando! — pensó la castaña cansada.
Se echó para atrás en su silla, sacándose los lentes para sobarse el puente de su nariz, que ya mostraba marcas por el uso diario.
Al girar su cabeza para relajarse vio entrar una lechuza blanca muy hermosa, le dio un dulce que tomó de su escritorio, y desató el pergamino de su pata.
Hermione leyó las pocas líneas escritas abriendo la boca en señal de sorpresa — ¡Por Circe que hizo de malo Rose, para que amerite mi presencia! — pensó.
Miró su reloj de muñeca, faltaba 5 minutos para la 1 pm. No lo pensó más, tomó su túnica, y su cartera para salir de su oficina dirigiéndose al área de chimeneas.
En su pequeña mano acuno los polvos verdes susurrando ¡Hogwarts!
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Minerva escuchó el crepitar de las llamas, suspirando cansada. Se paró cerca para recibir a sus ex alumnas.
Ginny fue la primera en llegar. Dejó su saeta apoyada en una esquina para acercarse a su antigua maestra y saludarla con un efusivo abrazo.
— ¡No ha cambiado nada, señora Zabini! — exclamó la directora limpiandose una pequeña lagrima de nostalgia.
— ¡Gracias directora! — dijo Ginebra, pero me puede llamar Ginny — solo uso mi apellido de casada en las reuniones que organiza mi suegra.
Minnie sonrió e hizo un asentamiento de cabeza. ¿Te parece si esperamos un poco más, aún falta un representante más para guiarlos a la oficina del profesor de pociones? — preguntó
— Sí, claro — dijo la pelirroja.
A los 5 minutos, llegó Hermione cubierta de ceniza, debía recordar enviar un memo para que limpien las chimeneas del Ministerio.
Se sacudió como pudo los restos de ceniza de su túnica y al ver a Minnie se acercó para saludarla emocionada.
Minnie y ella se abrazaron como si fueran madre e hija, sonriendo emocionadas.
— Hola Ginny ¿Cómo estás? — preguntó Hermione a su amiga y cuñada.
— Bien Herms y tú — aseveró Ginny sonrojada tal como su cabello — el error de su hermano aún les pesaba mucho a los Weasley.
— Muy bien — dijo Hermione con una sonrisa — solo tengo mucho trabajo, por lo demás todo bien.
— Pensé que vendría Ron como representante de Rose — refutó Minerva sorprendida por la aparición de Hermione.
— Nos estamos divorciando, Minnie — explicó Hermione apenada — ya no había amor entre nosotros así que tomamos una inteligente decisión.
Ginebra trago grueso, pero no contradijo a su amiga.
— Bien ahora que están mis dos heroínas de guerra, las escoltare a la oficina del profesor de pociones. — dijo Minerva cediendoles el paso para que pasarán primero por la gran gárgola.
Hermione dudosa preguntó — ¿Por cierto, quién es el profesor de pociones?
— Draco Malfoy — dijo la directora. Al oír ese nombre después de tanto tiempo, la castaña abrio sus ojos sorprendida.
— Sí, Hermione — aseveró Ginny — Draco nos lo comentó antes de aceptar la propuesta de la directora.
— Es un excelente pocionista, Hermione — dijo Minerva — no tienes de que preocuparte, Rose está en buenas manos.
— Pero si lo está, ¿Por qué nos ha llamado hoy? — preguntó Hermione preocupada ¿Qué hicieron los chicos?
— Eso no me corresponde a mi, Hermione — acotó Minerva cansada — vamos a las mazmorras allí esta su oficina para que él mismo les explique.
¡Las mazmorras!!!... Pensó para sí, Hermione. Recordando que era la misma oficina de su desaparecido profesor, Severus Snape. Recordó su asesinato y no pudo evitar que una lágrima traviesa se escapará de sus marrones ojos.
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Gracias por sus votos y comentarios. Para no quedarles mal, haré actualizaciones de esta historia, los días Jueves. Y trataré de subirles 3 capítulos por vez. Las quiero mucho 💚💙💓