Han pasado 20 años desde que la vio por última vez, ahora como profesor de Pociones en Hogwarts, requiere la presencia de las representantes de 2 de sus estudiantes, por una falta que a pesar de no
considerarse tan grave para los jóvenes, requiere i...
Mientras ambos desayunaban entre bromas y miradas furtivas entró una lechuza real, con grandes ojos azules y se posó frente a Draco, estirando la pata para que el rubio tomará el pequeño pergamino.
Draco lo tomó, y está se elevó por sobre sus cabezas para regresar por donde vino.
— Puedes leer el pergamino que recibiste — susurró Hermione — por mí no te preocupes.
Draco movió la cabeza de un lado al otro y sonrió — es solo mi madre, Hermione — contestó.
— ¿Tu madre? — preguntó Hermione confundida — yo pensé que había muerto de la pena por la muerte de Lucius — pensó la castaña para si misma mirándolo con el ceño fruncido.
— ¡No, no ha muerto! — exclamó el rubio ofendido al leer su mente — mi madre vive en Francia, desde que mi padre murió — me envía estos pergaminos cada 15 días, para avisarme que llevará a Scorp a Honesdate, pero creo que esta vez tendrá una nueva invitada.
Hermione susurró — Rose... mi hija, pero no creo que ella acepte — no creo que quisiera incomodarlos.
— No te preocupes, Herms — dijo Draco con un puchero — mi madre es la confidente de su nieto — apuesto que ella se enteró primero de los sentimientos de Scorpius por Rose, pero claro él vive conmigo, más es su abuela la que conoce todos sus secretos.
Hermione sonrió con burla causando fingida molestia en Draco, quien terminó mirándola divertido.
Terminaron de desayunar, el rubio profesor acompaño a Hermione a su habitación para que se vistiera. Mientras él esperaba afuera. Una vez que la castaña salió, llamó a su elfo.
— Stuart, por favor lleva a la señora Granger a su casa — pidió Draco haciendo un asentamiento de cabeza en señal de despedida.
El elfo la tomó de la mano para desaparecer juntos. Al llegar Stuart hizo una reverencia — ya esta en su casa, sana y salva ama — Sí en algún momento requiere de mi ayuda, no dude ni un momento — solo pronuncie mi nombre y aquí estaré para servirle.
— ¡Gracias Stuart! — Hermione agradeció con una gran sonrisa. Luego se giró para abrir la puerta.
Una vez dentro entró al salón para dejar su bolso y sacarse los zapatos. Subió las escaleras hasta su habitación, se desnudo con magia y se metió al baño.
Sentir el agua fría la despertó un poco, recordando los acontecimientos de los últimos momentos que compartió con Draco.
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Rose estaba maquillandose frente al espejo, con colores pastel en sus ojos, brillo labial con sabor a piña, sabor preferido de su novio.
Lili cepillaba su larga melena lacia, mientras que Kassy se acomodaba sus rizos.
De pronto abrieron la puerta de la habitación, entrando Pandora muy coqueta, con un Jean rosa, baletistas y una blusa de tirantes blanca, se la veía hermosa.
— Wow, que guapa te ves — exclamaron las Griffindor al unísono — mi primo querido caerá rendido a tus pies — Lili gritó emocionada.
— ¿Y ustedes a qué hora piensan vestirse? — preguntó la rubia decepcionada — pensé que ya estaban listas, los chicos están desesperados esperándolas.
Las tres amigas se pusieron de pie, para sacarse sus saltos de cama dejando ver sus atuendos completos y listos para salir.
Kassy llevaba Jean negro desgastado, roto en las rodillas, blusa gris claro, mangas largas que le cubría hasta la cintura, botines grises de tacón, bufanda color caramelo y una fina carterita color rosa.
Lili vestía un jumper desgastado color azul que le colgaba de un hombro, blusa blanca corta y zapatos deportivos blancos.
Al final fue el turno de Rose, quien llevaba Jean blanco entallado, blusa mangas largas color salmón que le cubría hasta la cintura y zapatos deportivos blancos.