Capítulo # 31

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— Es mi turno de hablar, castaña — aseveró Draco nervioso — quiero que sepas que me gustó mucho tu caricia y el beso que me diste, me doy cuenta que no te soy indiferente — así que no quiero que cada vez que nos veamos hayan solo besos y caricias, quiero más que eso... quiero una relación.

— Me gustaría mucho intentarlo — replicó Herms triste, pero creo que no sería justo para ti.

Draco la miró sin entender — ¿a qué viene eso, Hermione explicame por favor? — preguntó casi molesto.

— Eres un hombre muy tierno, cariñoso, tienes cualidades que me gustan mucho, no te negaré que me sorprendió llegar a estas conclusiones, porque no eras así en el colegio, pero me imagino que has madurado — respondió Hermione suspirando.

— Pero eres profesor de pociones en Hogwarts — dudo que McGonagal permita que te relaciones con la madre de una de tus alumnas.

— Mi vida personal Hermione, es mi problema — refutó Draco molesto mientras se alejaba de ella — porque no eres sincera conmigo y me dices que es lo que realmente te molesta — que el arrogante sangre pura, ex mortifago te pida una relación o es que acaso el beso fue un experimento tuyo para desquitarte por mis errores de la adolescencia.

Hermione sorprendida lo miraba dolida, sus palabras fueron tan duras o más en comparación con lo que le dijo Ron cuando se fue.

— Pues te equivocas, Malfoy no te bese para burlarme de ti — replicó con la voz a punto de quebrarse — lo hice porque... porque... pero decidió guardarse sus pensamientos para ella. Caminó decidida y sin despedirse de nadie tomó polvos flu y desapareció entre las llamas verdes ante la mirada atónita de los presentes.

Draco no pensaba quedarse con la duda, así que la siguió desapareciendo también, a él nadie lo dejaba con la palabra en la boca, ni siquiera ella, a pesar que la amará con locura.

La castaña llegó a su casa, se sacó los zapatos y sentándose en el piso, ya no resistió más y se puso a llorar.

Lloraba porque sabía que había destruido la única oportunidad de ser feliz, por pensar demasiado en los demás y no en su propia felicidad.

Draco llegó atrás de ella, salió de la chimenea y miraba el entorno un tanto perdido, ya que era la primera vez que estaba en la casa de su castaña, avanzó un poco y escuchó un llanto de mujer, se acercó y arrodillandose junto a ella, la abrazó y besó su coronilla — no llores, Hermione, por favor — pidió.

Hermione se lanzó a sus brazos, se aferró a él con fuerza y aún llorando le dijo — Perdóname Draco, no me molestó que me pidieras una relación, solo que tengo miedo de causarte problemas.

El rubio suspiró, la separó un poco de él, y tomándola por la barbilla le dijo — si para Minerva mi vida personal es más importante que mis conocimientos como profesor, y tengo que renunciar, lo haré, pero no te dejaré — quiero intentarlo, quiero mi oportunidad — tú eres una mujer maravillosa, ambos estamos solos ¿Qué podría salir mal?

La castaña no quiso dar el simple si, lo tomó de la nuca jalandolo hacia ella y lo besó, al soltarlo respondió — Sí, Draco quiero intentarlo.

Esta vez fue el turno de Draco para profundizar el beso, lamio y chupo a su gusto — Entonces ¿Somos novios? ¿Quieres volver a la Mansion? — preguntó.

Hermione se levantó con ayuda de Draco, se puso sus zapatos y regresaron juntos. Al salir de la chimenea la tomó por la cintura y dijo a los presentes — somos novios desde hoy.

— Bueno señores a pagar sus apuestas — dijo Pansy arrogante. Uno a uno fue depositando en las manos de la señora Potter los $200 galones acordados — ha sido un placer hacer negocios con ustedes.

Eternal FlameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora