Capítulo # 24

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Luego del desastroso encuentro con su padre, Rose se lanzó llorosa a los brazos de Scorpius, quien con mucho cuidado la cobijo entre sus brazos, mientras le acariciaba el cabello.

Hugo miraba la tierna escena, se acercó a Cissa mirándola con curiosidad le dijo — perdone a mi papá, él es muy impulsivo.

— Tranquilo Huguito — susurró Cissa ¿Así te llamas, verdad? Mientras le  acariciaba su rostro con ternura.

— Si, me llamó Hugo Weasley, pero solo usted me puede llamar Huguito — susurró bajito el pequeño pelirrojo solo para que Narcisa escuchará.

— Gracias por el honor, mi brillante caballero — aseveró la rubia mujer — creo que ya es tiempo de regresar al colegio — por cierto me olvidaba contarles que regreso a Londres — mi elfina Loren se debe estar encargando de acondicionar mi recámara en este momento.

Scorp sonrió feliz, ya no tendrían más Navidades solos, ahora estaría su abuela con sus lindas decoraciones navideñas.

Rose también sonrió, pero al poco tiempo entristeció su mirada, este año su Navidad sería triste, sin la presencia de su padre, le dolía su cambio de actitud. Su carácter no era muy bueno cuando se refería a los Sly, pero siempre fue cariñoso con sus hijos.

Cissa acompaño a los jóvenes hasta el castillo, besó sus mejillas con cariño y desapareció.

La frívola mujer estaba disgustada, nadie la desdeñaba de esa manera, ni siquiera su eterno crush, Draco Malfoy

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La frívola mujer estaba disgustada, nadie la desdeñaba de esa manera, ni siquiera su eterno crush, Draco Malfoy.

A pesar de ser algo menor por 2 o 3 años del rubio, siempre le gustó y se puede decir que hasta se enamoró de él, pero este nunca la miró.

— Ningún hombre se escapa a mis encantos — refutó la pelinegra entre dientes — ni siquiera tú.

Así que siguió al rubio hasta el Caldero Chorreante, Draco se sentó en una mesa de atrás que ya estaba reservada. Tenía su cena mensual con su madre.

— Draquis ¿Cómo estás? — ronroneo Amanda acercándose a él muy melosa — estudiamos en la misma casa en Hogwarts — claro tu estabas en años superiores.

Draco se hecho para atrás y levantando el mentón con arrogancia le dirigió una seca mirada de fastidio — si te recuerdo, alta, flacucha y parlanchina — dijo.

— Sí, pero ahora soy cazadora en las arpias — refutó Amanda orgullosa y mordiéndose el labio de manera sensual — me preguntaba si estarías libre el próximo viernes... Quería invitarte a cenar.

— Lo siento no me gusta salir con mujeres comprometidas — aseveró el rubio — y menos con las sobras de los jugadores de Quidicht — Te conozco sé muy bien que clase de persona eres y si mal no lo recuerdo eres la pareja actual de Ronald Weasley.

Amanda no lo podía creer. El ex mortifago la estaba despreciando e insultando. Negándose a salir con ella, con el pretexto de que salía con ese perdedor.

— ¿Y si yo te dijera que por ti, dejaría a Weasley? — cuestionó Amanda arrogante — saldrías conmigo el viernes porque yo sé que con una noche que te quedes conmigo no me soltarias después.

— Por lo visto no me has entendido, Amanda — replicó Draco fastidiado — no quiero sonar grosero, pero no me interesa salir contigo ni ahora ni nunca.

Amanda iba a replicar nuevamente, cuando sintió unos finos dedos jalar su brazo, se volteo para quedar frente a la aristocrática madre del rubio que la miraba con desdén.

— Creo que una dama inteligente no anda por ahí rogando atención de ningún hombre, ¿cierto Srta. Fletcher? — cuestionó Cissa sería — si nos permite a mi hijo y a mi cenar tranquilos, le rogaría que salga del lugar.

Amanda miró desafiante a los empleados de seguridad del Caldero y salió hechando pestes del lugar.

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