Capitulo #22

1.8K 183 5
                                        

Cissa se volteó enfurecida al escuchar el insulto hacia su dragón — ¿Cómo dijo? — cuestionó ¿Qué le pasa?

— Sí usted no desea problemas señora le pido que aleje a su nieto de mi hija — refutó Ron serio.

Rose palidecio al ver a su padre, pero a pesar que soltó a Scorp no se alejo de él y mirándolo altiva le preguntó — ¿Cómo se atreve a venir hasta aquí, después del daño que nos hizo e insultar a mi profesor de pociones?

Ron la miró enojado y decepcionado le contestó — muchachita malcriada los problemas que yo tenga con la frigida de tu madre, no es tu problema.

— ¿Cómo dijo? ¿Qué le pasa? — se preguntó Hugo escuchando a su padre  ¿Por qué la trata así? Si su madre era la mejor mujer del mundo.

— ¡Papá! — grito Hugo con sus ojitos anegados de lágrimas — ¡por favor no trates así a mamá! — nosotros no tenemos la culpa de que ustedes ya no se amen.

Ron no escuchaba razones, así que enardecido tomó del brazo a Rose para jalarla lejos de los rubios y llevársela a la fuerza.

— ¡Señor Weasley! — gritó una molesta Directora acercándose a ellos — no puede llevarse a la alumna, su madre no nos ha enviado una autorización.

— Yo soy su padre — gritó Ron enojado — tengo tanto derecho como Hermione de ver a mis hijos.

— No lo dudo Ron — aseveró Minerva bajando el tono de voz, pero eso tienes que hablarlo con tu esposa — no puedes venir aquí a insultar a mi profesor de pociones, ni a su hijo — así que te ruego que abandones Honesdate o me obligarás a llamar a los Aurores.

Ron refutó molesto. Soltó a Rose y miró en silencio a su pequeño hijo que lo miraba desde atrás de las piernas de Kassy. Tal como salió de allí se dirigió al caldero Chorreante, en las chimeneas tomando polvos flu murmuró — Hermione Granger.

La castaña estaba cansada, sudorosa y en fachas limpiando su casa a lo muggle, como a ella le gustaba. Había terminado de encerar el piso del salón. Contenta con su labor se fue a la cocina por un gran vaso de jugo de naranja.

Desde la encimera miraba lo limpia y arreglada que estaba su casa, debía que puesto que se había unido al grupo de damas, el círculo rojo y verde, estas damas mágicas podrían aparecerse en cualquier momento y no se vería bien recibirlas con la casa en desorden... O que el hurón la visitará... El simple pensamiento de verlo entrar por la chimenea la hizo ronrojarse y moviendo su cabeza, sacudió el loco pensamiento.

Se giró para subir a su habitación y darse un relajado baño de tina, acompañada de una botella de vino, cuando las llamas verdes se encendieron, dando paso a un cabello pelirrojo, que no era precisamente de Ginebra Zabini, sino de su ex marido... Gracias a Merlín que venía solo.

— ¡Hermione tenemos que hablar! — gritó Ron cómo un energúmeno ensuciando el salón con sus pies llenos de ceniza — ¿Cómo esta eso de que no puedo ver a mis hijos si tu no me autorizas? ¿Y que hace Rose con Scorpius Malfoy? ¿Cómo pudiste permitir que tu hija se enrede con el hijo de ese desgraciado?... Que ahora resulta ser profesor de pociones en Hogwarts, ¡McGonagal se volvió loca!

Hermione respiró profundamente para tranquilizarse, camino hacia su escritorio y tomó un folder con los documentos en donde reposaba las cláusulas que ambos firmaron del divorcio mágico y se la extendió a Ron.

Eternal FlameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora