Capítulo # 38

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— ¿Otros? ¿Cuáles otros? ¿A qué te refieres Albus? – cuestionó Minerva nerviosa.

— Tranquila querida amiga ya te enteraras — replicó el antiguo director desapareciendo entre los cuadros otra vez.

Draco estaba en el estudio de la Mansion terminando de ordenar unos documentos sobre sus acciones en el Diario El Quisquilloso

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Draco estaba en el estudio de la Mansion terminando de ordenar unos documentos sobre sus acciones en el Diario El Quisquilloso., mientras bebía su taza de chocolate bien caliente.

Por un momento se perdió entre los recuerdos de los últimos acontecimientos, extraño la calidez de los besos de su castaña.

Se levantó de su silla y se apareció en su casa sin avisar. Al llegar escuchaba ruidos a lo lejos dudo, pero avanzó a paso seguro llegando a unas pequeñas puertas dobles de madera tallada, abrió una de ellas encontrándose allí a su castaña vestida con un sencillo shorts jean y una blusa de tirantes.

No lo pensó dos veces y sigiloso tal como una serpiente se acercó a ella, abrazándola por detrás... Hermione percibió su colonia varonil y sonrió moviendo su cabeza hacia un lado para darle acceso al lobulo de su oreja derecha, el rubio no desperdicio la oportunidad lamiendolo y chupandolo mientras repartía cálidos besos por su cuello, la giró para seguir saboreando su piel.

Mordió con deseo su barbilla, regando besos por su rostro hasta que llegó a su boca, lamio sus labios como si fueran lo más delicioso del mundo.

La castaña cerró sus ojos para disfrutar el momento colocando sus manos alrededor del cuello niveo del rubio y abrió ligeramente los labios para darle paso a su traviesas lengua para ambos sumergirse en un apasionado beso, que duró por algunos minutos.

Draco la arrimó a la encimera de la cocina para pegarla más a él, quería que ella sintiera lo que ella despertaba en él, que la maldita frigidez que la acusaba su estúpido ex marido era solo su propia inseguridad hablando.

Así permanecieron por unos minutos más sin apartarse para tomar aire. El rubio apagaba los gemidos de su novia con sus besos, estos eran sonidos maravillosos para él.

De pronto se escuchó una voz conocida para ambos...

— Mamá tengo hambre — dijo Rose con la cara  tan roja como su cabello al ser testigo de su arrebato romántico — perdón no quise molestarlos.

Ambos sonrieron y bajaron la cabeza. Draco aún sonriendo se giró colocándose como escudo de su castaña, dijo — Buenas tardes, Rose ¿Cómo estás?

— ¡Feliz! — exclamó la pelirroja con una gran sonrisa — porque mi mamá está alegre e ilusionada — gracias profesor Malfoy.

— No me agradezcas, Rose — refutó Draco con su arrogante sonrisa — a ella, yo tengo que agradecerle por darme una oportunidad.

Ahora fue el turno de Herms de abrazar a su rubio y besarle la espalda, no alcanzaba a su cuello porque le llevaba poco más de 20 cms de altura.

El rubio la jalo del brazo para que se acerque a su lado, tomó su mano y besó sus nudillos — los dejó para que cenen tranquilos.

— No se vaya, profesor — pidió Rose — porque no cena con nosotros — prometo que no les saboteare la sorpresa con Huguito y Scorpius.

— Gracias Rose — agradeció el rubio saliendo con la niña de la cocina para que lo guíe al comedor.

Rose guió a Draco hacia la cabecera de la mesa para que él se acostumbrara a su nuevo lugar, el rubio dudo por un momento, pero la mirada persuasiva de su alumna lo convenció. Luego colocó las servilletas, cubiertos, platos y vasos de cristal.

Hermione salió de la cocina para llamar a Hugito a comer. El niño bajó dando brinquitos. Levantó su cabeza y vio al rubio, se extraño por un momento, pero no preguntó. Tomó su lugar, para mirarlo y le dio la mejor de sus sonrisas como saludo.

— Profesor Malfoy, ¿Cómo está? — saludó el pequeño pelirrojo con una sonrisa — puedo preguntarle ¿cuál es el motivo de su visita?

— Yo lo invite — dijo Rose rápidamente.

— Ah...  Tú si que eres inteligente, hermanita — refutó Hugo — ganando puntos con tu suegro.

Draco que tomaba un poco de agua por poco y se atraganta al oír la broma del niño.

— No mi niño — reprendió Hermione sería — esas bromas no se hacen, pídele disculpas a tu hermana.

— No pasa nada, Hermione — respondió Draco divertido — no me ha molestado en lo absoluto — y si ha ganado muchos puntos conmigo, Rose — pero será nuestro secreto, Hugo porque Scorpius no debe enterarse de esta invitación, ¿Me ayudarás?

Eternal FlameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora