Estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, mientras trataba de mandar un correo electrónico a mi profesor de filosofía, esperando que le llegara a tiempo el trabajo que teníamos que hacer. En cierto modo ya estábamos de vacaciones. Estábamos a viernes y había sido el último día de clase, pero ya habíamos comenzado el nuevo trimestre y, como no, los trabajos empezaban a acumularse de nuevo. Exacto... no nos daban ni un minuto de descanso. El lunes y el martes teníamos que ir de nuevo al instituto... supuestamente. No era obligatorio, simplemente iban a realizar la corrección de exámenes, por si había alguna duda o si habían sumado mal las puntuaciones. Yo desde luego no tenía pensado ir, estaba muy satisfecha con mis notas. A decir verdad, me esperaba alguna nota más baja con todo el problema del cambio repentino de instituto, bla bla bla. Pero había conseguido sacar el trimestre y con alguna matrícula. Sonreí para mí misma orgullosa. Todo sacrificio tenía su recompensa. Ahora tendría las vacaciones de navidad para disfrutar y relajarme... quitando el pequeño detalle de que ya habíamos empezado el nuevo trimestre, pero en fin, ¡ya se había acabado!
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Abrí de nuevo otra pestaña, añadí la dirección de correo, adjunté el archivo y pinché en enviar...
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Fruncí el ceño y siseé por lo bajo. Erika, tranquilízate. Era lo único que me repetía una y otra vez. Uno inspira..., dos espira... Cerré los ojos brevemente y los volví a abrir, sonriendo a la pantalla de mi portátil. Repetí de nuevo la misma operación y pinché en enviar...
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-¡Maldito trasto toca-ovarios!-grité mientras me contenía para no estampar el portátil contra el suelo por poco. No tocaba muchas veces el ordenador, solo cuando era imprescindible. Como por ejemplo... ahora. Y de todos los momentos en los que podía decidir dejar de funcionar, ¿escogía este?-¡Daaaaan!
Era una negada para la tecnología, pero totalmente. Al mínimo fallo o error, siempre recurría a Dan o a mi padre. ¿Que me estresaba por cosas pequeñas y sin importancia? Puede ser... Pero quería mandar ese maldito correo ya. Escuché cómo alguien abría la puerta.
-¿Llamabas?-preguntó asomando la cabeza.
-El ordenador no funciona.-dije mirándole como si mi vida dependiera de ello. Ví como ponía los ojos en blanco y entraba a la habitación. Hasta ese momento no me di cuenta, pero solo llevaba una toalla enrollada a la cintura.-¡Aggg...! Mis ojos han visto algo que jamás deberían haber visto.
Me dejé caer en la cama tapándome dramáticamente la cara.
-Te noto hoy muy graciosa. A ver si vas a arreglar tú el ordenador...-esas fueron las palabras mágicas que hicieron que me incorporara de golpe y le dedicara una mirada de perrito abandonado. Volvió a poner los ojos en blanco y una sonrisa apareció en su rostro.-Ya te gustaría tener con frecuencia vistas como estas...-añadió mientras se señalaba a sí mismo. Simulé una arcada y volví a caer de espaldas sobre la cama. Noté como cogía el portátil de mi regazo, así que me incorporé de nuevo. A este paso me iba a acabar haciendo unos cuantos abdominales.
-¿Y bien?-pregunté mientras me acercaba. Dan giró la cara y se me quedó mirando como quien mira a un pobre niño que acaba de decir la estupidez más grande del mundo.
-¿Cómo que no funciona? Está encendido... Abre las páginas...
-El correo Dan... El correo es lo que no funciona...-en ocasiones me parecía que hablaba con un verdadero crío y no con alguien que me sacaba más de un año.
-Ah... Eso se dice antes. No te cuesta nada especificar.-le dediqué una mueca justo cuando desviaba la vista hacia el ordenador. Empezó a trastear con el portátil, metiendose en páginas y volviendo cada dos por tres a la página inicial de correo.-Vale, ¿desde hace cuanto que no borras los correos que te llegan? ¡El número está a punto de alcanzar 5 cifras!
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Amor vs odio ©
HumorEstoy harta de las típicas historias de chica conoce a chico de sus sueños, bla bla bla, y son felices y comieron perdices. Permitidme que vomite... Llamadme bicho raro o como os dé la gana, pero yo no creo en esas historias, ni en los finales felic...
