...una cualquiera. -Me tapé el rostro con ambas manos, sintiendo el calor en mis mejillas.
-¡Por favor! -Nath me quitó las manos de la cara-. No hiciste nada malo, te diste un gusto, lo disfrutaste y listo. No le hiciste daño a nadie.
-Además -agregó Kath con una sonrisilla cómplice-, bien merecido lo tenías. Después de todo lo que pasaste con Thom, era justo que tómases una noche de desahogo. Mira que andar cargando con tanta nostalgia y culpa... ya era hora de soltar un poco.
Suspiré, dejando caer los hombros. Tenían razón, aunque no podía evitar cierta incomodidad conmigo misma. No por lo que hice, sino por lo que significaba. Tal vez, en el fondo, no era solo un desahogo... tal vez era una manera torpe de intentar cerrar un ciclo que seguía abierto.
-¿Y ahora qué sigue? -preguntó Nath, dándome un pequeño empujón amistoso.
-No lo sé -respondí con sinceridad-. Creo que ya tomé una decisión... me voy a ir. Quiero estar con mi familia, quiero volver a mi país. No quiero seguir sintiéndome incompleta aquí.
-¿De verdad estás decidida? -preguntó Kath, esta vez con una expresión más seria.
-Sí. Esta vez sí -dije, y sentí cómo el decirlo en voz alta me aligeraba el pecho-. Ya he vivido mucho aquí, he aprendido y crecido... pero ahora toca volver. Al menos por un tiempo.
Mis amigas se miraron entre sí. No dijeron nada enseguida, pero luego Kath se puso de pie y levantó su vaso.
-Entonces, brindemos por los nuevos comienzos -dijo con una sonrisa cálida.
Nath y yo la imitamos. Chocamos los vasos con un tintineo suave y bebimos.
Sabía que vendrían días complicados: empacar, despedirme, planear un futuro incierto... Pero, por primera vez en mucho tiempo, sentía que iba en la dirección correcta. No era una huida, era un regreso. Un regreso a mí.
Los días siguientes pasaron con rapidez, y aunque intentaba seguir con mi rutina habitual, algo dentro de mí ya había tomado una decisión. Una mañana, después de dejar mi taza de café vacía sobre la encimera, abrí el portátil y comencé a buscar vuelos. No era un gesto simbólico; esta vez iba en serio. Las opciones eran muchas, pero encontré una que me dejaba en casa justo para las fiestas de fin de año. Era perfecto. Apreté el botón de «reservar» con el corazón latiendo fuerte. Ya no había vuelta atrás.
Después, comencé a hacer una lista mental de lo que debía arreglar antes de irme: hablar con mis profesores del máster, avisar al casero, empacar, organizar una última salida con las chicas... y decir adiós. Ese era el punto que más me costaba. Me senté en el sofá y escribí a Kath y Nath al grupo que compartíamos:
Yo: "Chicas, ya confirmé el vuelo. Me voy el 20."
No pasaron ni cinco segundos cuando comenzaron a llegar las notificaciones:
Nath: "¿¡Ya tan pronto!? ¿Estás segura?"
Kath: "Rocío... ¡wow! No pensé que lo harías tan rápido. ¿Quieres que vayamos a ayudarte a empacar? ¿O prefieres llorar primero y después ordenar?"
Solté una carcajada. Ellas nunca fallaban. Me hacían sentir querida incluso cuando algo me dolía. Les respondí que vendrían bien unas manos extra, pero que quería verlas esa noche para contarlo todo en persona.
La tarde la dediqué a organizar documentos, a revisar qué cosas donaría y cuáles llevaría conmigo. Había acumulado tantas cosas que parecía imposible que todo hubiera cabido en una sola vida lejos de casa. Al llegar la noche, me encontré con Kath y Nath en nuestro café de siempre. Cuando me senté, ambas me miraron como si estuvieran por interrogarme en una comisaría.
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Caminos Cruzados
RomanceSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
