Capitulo: 33

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Capítulo 33

​Bajamos al comedor sintiéndome bastante nervioso, mucho más de lo que había anticipado. Conocer a la familia de tu novia falsa puede ser abrumador cuando hay una mentira tan grande de por medio. Giramos hacia la derecha, cruzando el umbral de la puerta del comedor, y allí estaba toda la familia, que no tardó en recibirnos con amabilidad y alegría. Rápidamente, Liz comenzó a presentármelos uno a uno: el abuelo Aurelio, la abuela Margarita, los papás que ya conocía de antes, los tíos Daniel, Enrique y Juan, las tías Melisa, Marcela, Daniela y Susana, los primos Jordán, Felipe y Gerardo, y las primas Andrea, Carolina, Yolanda y Anastasia. Tenía que aprenderme los nombres; aunque no eran tantos, el margen de error era peligroso.

​Nos sentamos a cenar después de las presentaciones. Me sentía como un pequeño e indefenso conejo en medio de una jauría de lobos; todos me miraban con una sonrisa extraña. Sabía que las preguntas no tardarían en llegar y que, en el fondo, disfrutaban observando cómo me consumía por los nervios. Traté de mantenerme sereno, aunque Liz me lanzaba miradas que solo confirmaban mis sospechas: se estaban divirtiendo a mi costa.

​—Muy bien, hijo mío, ya sabes lo que pasará en este momento, ¿cierto? —preguntó el abuelo con tono amable pero con una expresión un poco difícil de descifrar.

​—¿Abrumarme con cientos de preguntas durante la cena? —Liz me dio una patada por debajo de la mesa, pero se relajó al ver cómo todos rompían a reír con mi respuesta.

​—Exactamente. ¿Tan obvios somos? —respondió sonriendo.

​—Entiendan que solo queremos conocer al novio de nuestra pequeña Liz —agregó la abuela.

​—No vayan a espantarlo, por eso no me gusta presentarles a nadie —intentó defenderme Liz.

​Comencé a contarles cómo nos habíamos conocido, mezclando una versión real con algunas omisiones estratégicas. El chiste era no inventar una historia tan descabellada que después se nos saliera de control. Las preguntas llovieron de inmediato: ¿Qué me gustaba de ella? ¿Cuáles eran mis planes a futuro? ¿Me interesaría tener hijos algún día? Entre otras más. Intenté responder lo más apegado al «guion» mental que traía.

​Dije que me gustaban sus ojos y la manera en que no podía evitar ser tan expresiva; que mis planes a futuro consistían en crecer como personas y generar estabilidad financiera para darle lo que se merecía; y que, aunque no quería hijos de momento, tampoco me cerraba a la puerta. Fui tan sincero en algunos puntos que al parecer les agradé en cuestión de segundos. Le guiñé un ojo a mi «pareja», quien se sonrojó levemente, lo cual me dio una idea para redondear el momento.

​—No sé qué será de mí en el futuro; tomaré caminos que me harán retroceder, desviarme, cambiar de planes... en pocas palabras, retorcer mi vida. Pero quiero que ella esté ahí. Quiero afrontar la vida a su lado, retorcer su vida también, apostando la mía. Le entregaré todo; puede rechazarlo si así lo desea, pero la quiero a ella en mi vida —dije, sintiendo el corazón acelerado al ver cómo se sonrojaba sin apartar su mirada de la mía.

​—Eso fue muy lindo. Tienes mi aprobación —interrumpió la abuela, logrando que esta vez fuera yo quien se sonrojara hasta las orejas.

​Al parecer, todos estaban de acuerdo: si la abuela daba su visto bueno, nadie rechistaba. De pronto, el ambiente se transformó en uno mucho más familiar. La conversación dejó de girar en torno a mí para centrarse en trivialidades. Liz evitaba mirarme a la cara, concentrada al máximo en su plato; en cuanto terminó, fue la primera en retirarse de la mesa, saliendo por la puerta principal bajo el pretexto de que extrañaba el lugar y quería caminar un poco.

​No tardé en seguirla. Avanzaba rápido, casi huyendo, así que aceleré el paso para tomarle la mano y detenerla. Estaba seguro de que me había excedido con mis palabras y que se sentía incómoda. Soltó un suspiro, me miró a los ojos y, con un simple «sígueme», se soltó de mi agarre para continuar su camino. No hice otra cosa que obedecer en silencio.

Caminos CruzadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora