Una noche, una fiesta, una botella de vodka, un accidente y un desconocido. Aquella noche sería la noche más feliz de su vida para Amethyst, su cumpleaños número 32, pero aquellos planes terminaron cuando vio a su prima cogiendo con su pareja. ¿Qué...
Un rayo de sol impacta en el rostro de la castaña provocando que abra los ojos e inmediatamente los cierre hasta que estos se acostumbran a la luz. Mira todo el lugar y no lo reconoce, ni siquiera recuerda dónde está.
—Buenos días —Escucha una voz ronca que reconoce a la perfección.
Mira en dirección a la puerta y ahí está él, el hombre con el que pasó la noche y quién la abrazo mientras dormían. Va vestido con una camiseta blanca, unos jeans y una taza negra en sus manos. Se ve tan sexy y relajado.
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Pasó la noche con ese sexy y ardiente hombre que ahora la mira como si deseará hacerle el amor una y otra vez.
—Buenos días —Responde un poco apenada. Sus mejillas se tornan rojizas de solo recordar lo que sucedió la noche anterior.
Flashback.
Las puertas del departamento de Zeus se abren de golpe dejando ver a los apasionados amantes devorando sin pena alguna vuestros labios. ¿Cómo podrían alejarse cuando se besan con tanta pasión?
Aún sin despegar sus labios van hasta el sillón donde Zeus la tira de golpe y se posiciona en medio de sus piernas.
—¡Dios, te deseo tanto! —Besa su cuello.
—Mmm... —Jadea sintiendo como el succiona con fuerza hasta dejarle una marca. Una marca que no se borrará ni con quinientas toneladas de maquillaje.
—Pero deseo que el día en el que te haga mía estés cien por ciento consciente para que lo disfrutes —Se separa con una sonrisa triunfal dejándola confundida.
—¿Qué?
—Ven, te llevaré a la cama —La ayuda a levantarse y van hasta una de las habitaciones. La sienta al borde de la cama y comienza a desnudarla. Al sentir su respiración tan cerca de su rostro, la castaña se pone nerviosa. —¿Hace unos minutos casi te hago el amor en mi sofá, y ahora no quieres que te ayude con tu ropa? Es un poquito absurdo —Bromea. La castaña le permite ayudarla y este le quita toda la ropa dejándola solo en bragas. <<¡Dios, ayúdame a controlarme! Deseo tanto hacerle el amor que perderé la cabeza>>. —Son muy coquetas tus bragas aunque me hacen pensar que fuiste de casería está noche —Continúa la broma.
—¡Basta! —Le ordena.
—Está bien —Va a su gran armario y sale con una camiseta negra en sus manos. —Toma, puedes usarla para dormir —Se la entrega y está se la coloca inmediatamente.
Fin de flashback.
—¿Qué piensa tu cabecita pervertida que te hace sonrojar? —Pregunta coqueto acercándose a ella.
—No pensaba nada —Gira los ojos.
—Doctora, anoche no te hice mía porque estabas ebria, pero está mañana nada impide que rompa ese culito —Se acerca a ella quedando frente a frente. —Pero yo debo irme a la oficina y supongo que tú debes ir al hospital —La mira directamente a los ojos.