Capítulo 34

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Nuestro hijo💉

—Creo que lo más adecuado sería organizar una cena con nuestra familia para informarles que dentro de poco serás la señora Russo —Habla Zeus con ilusión al mismo tiempo en el que se quita el polo gris que cubre su torso.

—¿Nuestra familia? —Reacciona la castaña saliendo del armario vestida con una pijama de dos piezas de color rojo.

—Sí, Ares, Hera, Camila y mamá, ellos son nuestra familia —La atrae hacia él y comienza a esparcir besos sobre su clavícula.

—Zeus... —Jadea dejando que las grandes manos del rubio recorran su cuerpo con total libertad.

—Mmm... —Jadea dejando una pequeña mordida en su cuello.

—No podemos hacerlo —El rubio frena de golpe sin saber a qué se refiere su mujer. —Tengo la menstruación —Le informa. Un fugaz sentimiento de decepción se hace presente en los azules ojos del rubio siendo sustituidos por la picardía.

—¿Has leído que los orgasmo ayudan con los cólicos? —Pregunta fingiendo inocencia.

—Ni lo sueñes, vaquero —Logra zafarse de sus brazos y trepa la cama hasta quedar en su lugar habitual.

—Pero... —Hace un pequeño puchero.

—Pero nada, solo son tres días de abstinencia sexual. No es como si te fueses a volver célibe —Bromea haciéndolo reír. —¿Has sabido algo de los futuros padres? —Pregunta pues luego de la ingeniosa y romántica propuesta de su prometido, ambos salieron del hospital y pasaron una grata tarde en la playa.

—No, pero mi hermano hará que funcione —Se mete a la ducha dejando a la castaña sola.

—¡Espero que sea así! —Grita. Su azulada mirada va desde la puerta que hace poco atravesó el tatuado, al anillo que decora su mano izquierda. Aquel anillo que hace poco recibió con la promesa de ser acompañado por uno de matrimonio dentro de poco. Cuando Michael le pidió que se casaran, ella accedió, no porque sentía ese sentimiento de calidez y felicidad que ahora siente con el rubio sino en forma de agradecimiento por el apoyo que le había dado en momentos difíciles. Y justo ahora es cuando lo entiende, lo que sentía por Michael no era amor, solo era agradecimiento. Mientras que, con Zeus, no sintió ninguna presión al acceder a casarse con él simplemente lo hizo porque su corazón le dictaminó que lo hiciera. Que fuese tras su felicidad y está se encuentra junto a él.

—¿Qué tanto piensas? —Su voz gruesa atrae la atención de la castaña quien al ver el cuerpo de este solo cubierto por la toalla blanca siente como cada hormona de su cuerpo se enloquece. <<¡Malditas hormonas menstruales!>>. Piensa aunque se abstiene de decirlas ya que no quiere darle la victoria a Zeus. —¿Amor, todo bien? —Cuestiona con una sonrisa altanera viendo como las mejillas de la mujer sobre su cama se tiñen de rosa.

—Sí, está todo bien —Responde apartando la vista de los tatuajes de su torso. Sino supiese que el tatuador del rubio es un chico, sentiría celos de pensar en una chica llegando hasta los límites de esos tatuajes.

—¿Entonces, organizáremos una cena?

—¿Zeus, estás seguro de que no quieres que tu padre y abuelos estén presentes? Entiendo que estés enojado con ellos, pero son tu familia.

—No, no lo son. Tú lo eres —Sentencia colocándose un bóxer negro para recostarse en la cama. —Hablaré con mamá para que organice la cena —Informa antes de cerrar los ojos. Pasa el brazo por la estrecha cintura de su mujer antes de tirar de ella y acercarla aún más. —Buenas noches, preciosa.

Cúrame el almaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora