Una noche, una fiesta, una botella de vodka, un accidente y un desconocido. Aquella noche sería la noche más feliz de su vida para Amethyst, su cumpleaños número 32, pero aquellos planes terminaron cuando vio a su prima cogiendo con su pareja. ¿Qué...
Los rayos del sol impactan sobre el majestuoso y pequeño cuerpo de Amethyst obligándola a abrir los ojos. Revisa todo el espacio analizando con detenimiento cada parte de la habitación donde se encuentra hasta caer en cuenta.Durmió en la misma cama que Zeus después de haber tenido sexo.
Se sienta en la cama y un fuerte dolor de cabeza se hace presente. Mira hacia la mesita a su lado donde está un vaso de jugo de naranja con una nota que dice: "Bébeme", lo toma y ve unas pastillas con una nota a su lado que dice: "Tómame".
Después de tomar la pastilla y el vaso de jugo, toma la tercera nota que está sobre el buró a su lado.
"Buenos días, doctora. Espero que haya despertado bien. Anthony le compró algo de ropa para que se cambie, tuve algunos asuntos de los que encargarme, pero cuando esté lista baje a mi despacho"
—Todo es como él quiere —Dice en voz alta, gira los ojos y se levanta con cuidado de no marearse. Entra al baño y ve una funda de la mejor marca de ropa.
Dentro hay un vestido muy elegante en color negro, una chaqueta crema, unos tacones y un bolso negro.
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Después de ducharse, vestirse y peinarse baja al primer piso llamando toda la atención de los presentes en el comedor.
—¿Qué hace usted aquí? —Escucha la voz de la señora Russo lo que la obliga a girarse con una sonrisa hipócrita plasmada en su rostro.
—Buenos días, señora Russo.
—Cariño, toma asiento —La invita la abuela Russo. —Desayuna con nosotros.
—Lo siento, busco a Zeus.
—¿Escapó de ti luego de darse cuenta de lo fácil que eres? —Pregunta la señora con arrogancia y falsedad. Sus ojos reflejan odio y rencor, pero ¿por qué?
—Celeste basta —Le ordena su marido. —Doctora, mi hijo se encuentra en su despacho atendiendo negocios importantes. La invito a que tome asiento y desayune con nosotros hasta que Zeus termine.
—Está bien, muchas gracias —Se sienta junto a Ares. El recuerdo de la conversación que tuvo con su amiga aparece en su mente y una sonrisa verdadera se apodera de sus labios. —¿Y Hera? —Le pregunta a el rubio a su lado.
—Dudo que la resaca le permita levantarse —Bromea Ares mientras entra un pedazo de panqueque en su boca. Todos los presentes desayunan de la perfecta y apetitosa comida que les ha preparado la señora Olga.
—Te equivocas —Habla la rubia tomando asiento junto a la doctora. —A pesar de que tengo una súper resaca, tengo clases en la universidad y no puedo faltar —Recuesta la cabeza en la mesa. —¿Olga, puedes traerme un calmante? Siento que la cabeza me va a explotar.