Thimothée Bleu.
Veo a Gabriele Bleu arreglar su traje, llegando al lugar con unos lentes de sol junto Anarella pegada a su brazo.
Anarella los deja a todos idiotizados a su paso porque podrá tener cincuenta y siete, pero el cuerpo moldeado por un cirujano como una de treinta. El vestido tiene diamantes desde su cuello, que es donde se mantiene, hasta la cola. La abertura es en la pierna derecha que bronceó y la tela es de color Begoña.
No socializan, porque ellos no hacen esas mierdas, solo se limitan a sentarse y mirar a todos con advertencia, dejándole en claro a los invitados, quienes son los manda más.
Anarella recorre el lugar con fastidio, sin quitarse los cuadros gigantes que lleva como lentes y sin dejar ver los faroles que carga en los ojos y que heredé. Gabriele me busca con sus ojos y al encontrarme se queda fijo, diciéndome sin articular que recuerde sus palabras.
—¿Es la indicada?—Me preguntó en cuando le dije lo que haría.
—¿Cómo saberlo? Todavía no leo el futuro, Bleu, pero si llego a hacerlo, te aviso que llego a ver en unos años en mi vida, si es que aguanto mucho.
—No hables tonterías, Thimothée. Si guardaste tu soltería por tanto tiempo fue por algo y quiero que entiendas que el matrimonio no es un juego. Tu madre podría serme infiel o entregarme a quien sea y yo me quedaría callado sin llegar a dañarla. Mi padre me inculcó eso y lo mantuve, lo mismo va para ti. No importa si no estás enamorado de ella, pero si que tengas claro el peso de lo que será el "si, acepto" porque te condenará a tenerla de amiga el resto de tu vida. Un hombre que le falla a su esposa, no tiene ética. Un hombre que lastima o mata a la que eligió como su mujer...
—No es digno ni de llevar la vida.
—Lo tienes bien claro. Y déjame te digo algo, Thimothée, esa niña me vale tanta mierda como se podría, pero llegas a arruinarlo y yo mismo seré quien acabe con tus días, porque no llevarás mi apellido a ningún cotilleo.
—No vuelvas a amenazarme en tu vida, Gabriele, yo no me ando con juegos y cagar tu apellido me importa tan poco como tu existencia en si. Les haré llegar la invitación.
Las palabras de Gabriele, alias Mierda Francesa, no tienen peso para mi porque ya lo sabía. Si ellos dos fueron serios conmigo respecto a algo, fue con eso.
El divorcio sería dejar en claro que no puedo tomar decisiones de peso en mi vida, ya que, no pude mantener ni una relación.
Matarla es fallarme a mi.
Es anticuado, retrógrado y cuanta cosa más, pero son límites inquebrantables y por mi, no se romperán.
Sigo recorriendo el gentío que hay en el lugar mientras hablo con Cristiano Silla, un brasileño que tiene cuatro esposas rodeándolo como si fuera el rey. Para mi es un ridículo.
—En Latinoamérica se está hablando mucho de ustedes. Caraño—El venezolano—, está cagado hasta la mierda.
—Cagado porque nunca jugó limpio y el que le tapaba sus mierdas, Alejandro, murió con vergüenza. Espero no anden en busca de planificaciones insensatas—Bebo de mi trago de color oscuro.
Suficiente tengo con los Marchand que no dejan de tocarme los putos cojones.
—Mientras toda cuenta esté clara, no existirán vueltas con disturbio.
—No me interesan tus putas que mueves por todo el mundo. Mis bares y clubs funcionan bien.
La diferencia es que yo les hago exámenes a las trabajadoras, las mantengo sanas y las hago firmar contratos donde ellas aceptan involucrarse en este tipo de vida. Cristiano rapta niñas de menos de dieciocho años y se casa con ellas, o las preña y las muy inservibles, se las pasa a sus amigos para que las violen sin piedad. Millones de dólares es lo que gastan en eso y yo ni mal los miro, cada quien satisface sus necesidades como le dé la puta gana, no me compete la vida de nadie más que la mía que ya tiene suficientes curvas.
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SIGILIO SCULLA
ActionLa vida de Suzanne se ha basado en los secretos y en como tiene que lidiar con las consecuencias de otros, pero llega un punto quiebre en el que es insostenible su estilo de vida porque por donde vea, hay traición y lo más importante no es que no se...
