Capítulo 30.

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Narrador omnisciente.

—¿Qué hiciste?—Preguntó Thimothée obstinado al descolgar porque sabía que nada bueno venía si lo llamaba su esposa por el sistema que tenía la camioneta; un panel electrónico capaz de comunicarse con un solo número de emergencia.

—¿Aló?—Escuchó un acento italiano del otro lado.

«Perfecto, la robaron» pensó y la que yacía a su lado abrió los ojos solo para voltearlos.

«De nuevo con su esposita» fueron las palabras que se le cruzaron a ella.

—¿Eres el esposo de Suz?—Sintió la voz angustiada del otro lado de la línea y se vio obligado a tapar su francés marcado. En el panel solo salía solo como emergencia, no se preocupaba por el nombre y es que todo lo había estudiado demasiado bien en caso de que todo  se fuera a la mierda y Suzanne peligrara.

—Ajá. ¿Quién es?

—Dom, su amigo—El trago le sentó amargo porque sabía realmente lo que sucedía ahí y odió hasta que se le montara en la camioneta a su mujer. Todo lo que él le daba era para ella, no para que escorias disfrutaran de ello.

—¿Qué quieres y por qué carajo me llamas?

—A mi peque... a Suz, se la llevó una policía extraña—Se paró de la cama como resorte y pegó un grito mudo que le desgarró la garganta—Iban de negro y le pusieron esposas. ¡No sé nada! Me vine corriendo a donde siempre deja la camioneta porque yo tenía las llaves a ver si conseguía su teléfono o algo para pedir ayuda porque en la policía nacional me dicen que no la tienen y...—Empezó a llorar al otro lado y el francés no hizo más nada a parte de trancar la llamada y reventar su IPhone contra el suelo.

Estaba harto de la misma mierda, de la cantidad de problemas que le traía su esposa a su vida y le molestaba lo insensata que era porque con cuerpos de seguridad ni andaba. Según él, es siempre la rutina de salvarla para que se meta en otro lío. Pero nada le molesta más que el poder que tiene sobre él; trata de pensar que es una más pero se le es imposible, imaginarla en peligro le termina de cruzar las tuercas al igual que saber que le están poniendo una mano encima. Quiere controlar el mundo entero para ponérselo a sus pies y que ella se sienta cómoda, pero su retentiva no hace más que separarlo y ponerlo a dudar.

Suzanne es su rendición y mientras ella se siga apartándolo, solo lo ayuda a él para que sea menos obvio.

Sacó su otro teléfono para llamar a la que sabía los iba a sacar de ese lío, tenían doce horas contadas.

Ya se sabían el procedimiento del ECT. Primero la harían quedarse en un calabozo pequeño, esperando La Junta termine con su papeleo necesario y confirme en donde se llevará a cabo la decisión final y es ahí cuando la trasladan a juicio, dándoles toda la oportunidad de atacar porque quizás a otros los harían esperar más para extraditarlos, pero a Suzanne la tienen en la mira y el mandamás quedó sin familia por ella. Acabó con los Babka, el apellido más importante en el cuerpo de seguridad.

Al poner los cuatro números para desbloquearlo y dirigirse a los contactos, sintió el manotazo que lanzó el aparato al suelo de mármol italiano.

—¿Qué crees que haces? ¿En serio la vas a salvar?

—Que lo refutes es lo ilógico—Se miraron entre ellos; una guerra de poder y dureza. Ella jamás le bajará la cabeza a él y menos Thimothée, no existe nada más inhumano que el despiadado.

—Que la sentencien a muerte es lo mejor para todos, ¿No ves lo estúpida que es?—Se quejó sin acabar con el contacto visual—La secuestran, la traicionan todos y hasta se la lleva el ejército.

SIGILIO SCULLADonde viven las historias. Descúbrelo ahora