Capítulo 28.

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Malamar Karlson.

—Mías—Oliver me acerca a su boca mientras ahorca a Olivia y la obliga a que le empiece a hacer chupones por todo su pecho.

Nos fundimos en un beso como los que nos solemos dar llenos de deseo y morbo. Me pega más a él, Olivia babea mi torso desnudo y magrea mis senos, llega a mi monte de venus y succiona, haciéndome echar la cabeza hacia atrás y gemir. Oliver hace lo mismo cuando ella agarra su erección y mete en la boca sin dejar de mirarme con su  rostro angelical lleno de inocencia corrompida. Sus pecas se oscurecen más y el cielo que lleva es ahora un pozo negro.

Nos masturba a los dos mientras mi boca se pega a la de su hermano y juntos manejamos como debe moverse. Me lame a mí, lo toca a él y lo hace con el mismo frenesí. La movemos con potencia y dureza, sus hebras amarillas y tan claras como blancas se ven por todo lado y Oliver me estimula mordiéndome, sacándome sangre por la fuerza. Las piernas me empiezan a temblar y mi esposa al conocerme traza un zigzag sin poner la lengua en punta y mi liberación le pega en la cara. Mi esposo la sube y limpia los jugos mientras yo termino el trabajo y lo hago estallar en todas las direcciones.

—Siempre increíble, Malamar—Olivia me da un beso con mi sabor y ellos se acuestan en la cama pero al yo tener trabajo me voy a la ducha que no alargo porque me aburre bañarme.

Termino y me subo unos pantalones de vestir indicolite junto a una blusa de tiras blancas y bajo para mi oficina que es el sótano con los gemidos de fondo porque sabía que poco se tardarían en empezar de nuevo.

Prendo los lentes de animal print a la vez que todas las computadoras y me siento cuando la mucama me trae mi café recargado.

—Sube, no pueden estar aquí—Le ordeno porque todos saben que en mi espacio no se pueden meter.

Mis cosas son absolutamente mías y me enerva estén cerca del radar porque la tecnología que yo manejo es peligrosa. Un puto error y puedo ocasionar algo intachable y no estoy pendiente de eso.

Abro la computadora como de costumbre. Lo primero que hago es meterme en WhatsApp porque por allí se comunica el que dejé de encargado en la isla y tengo una breve charla con él, carente de relevancia.

Pienso en los listados pero lo omito y me meto en los bancos. La única cuenta que no manejo de Suzanne es la de Suiza, del resto debo andar haciéndole inspección porque a fin de cuentas para eso me compró Plutarco, para estar pendiente de las posibles cagadas de su hijita.

Como siempre me meto en todos los de América, Europa y termino fijándome en las rutas y cambio el gesto del rostro cuando noto una falla en los números y en las direcciones requeridas. El teléfono se me ilumina con la llamada de Cristiano y pienso hasta tres veces lo que voy a soltar.

—¿Qué pasa?—Me hago la loca recordando que yo no tengo fallos y vi claramente como las cajas salieron de la isla roja y mandé a Elektra a recontar todo. Ella podrá ser una imbécil pero su cabeza a veces es como una calculadora y cuando no la están torturando, la pongo a que me ayude, siempre certificando y sin dejar que se me desordene todo.

—¡La droga de la loca de mierda no llegó a Brazil!—El corazón se me queda en la boca y tiro todo al piso porque una cuestión es suponer, pero otra saber que hay un verdadero problema porque es la maldita segunda vez que pasa lo mismo, solo que lo otro fue fácil de tapar y necesité solamente que los sicarios de los Back asesinaran al que iba a recibir la mercancía. Cada vez se me hace más difícil tapar lo obvio y Cristiano no es cualquiera, puede jodernos con solo chasquear los dedos.

—Es imposible, te mandé los videos saliendo de la Isla—Recuerdo los paquetes encaletados en cajas justas.

—Pero no llegó a mi puerto y eso es como nada, Malamar, y sabes muy bien como funciona todo conmigo. Si no me pueden dar los narcóticos que voy a vender en los carnavales entonces...

SIGILIO SCULLADonde viven las historias. Descúbrelo ahora