Había pensado que estaba sola, sin embargo, al darme cuenta, estaba de camino al hospital junto a Alexis y Maykol. Al llegar, el médico dijo que me habían llevado a tiempo, me recetó algunas pastillas y ordenó que me fuera a casa.
Detestaba las pastillas, y peor si implicaba ver a Maykol y Alexis frente a mí.
—Podrían al menos voltear, no me iré a ningún lado —farfullé.
—No te preocupes por mí, te conozco lo suficiente como para saber cómo te tomas las pastillas, eso díselo a Jones —lo fulminó con la mirada.
—No pienso moverme hasta verte tomar el medicamento, sabes que soy persistente —comentó Maykol.
—De acuerdo, tontos.
Tomé la pastilla como de costumbre, la mordí para lograrla pasar y Maykol me miró con expresión sorprendida, seguramente pensaría que era infantil.
—Rose, debemos llamar a tu padre —sugirió mi amigo.
—No es necesario, esto no pasó y quiero que se quede así.
—Pero...
—No me interesa, solo quiero ir a casa.
—Esta bien, pediré un taxi —dijo Ale.
—No es necesario, yo la llevaré —interrumpió Maykol.
—¿Rose? —Alexis me observó esperando alguna señal o respuesta, al parecer, estaba dispuesto a cooperar con Maykol.
—Iré a casa con Maykol —accedí finalmente.
—Como quieras —soltó un suspiro de frustración—. Jones, más te vale que llegue a casa sana y salvo.
***
Luego de una hora, ambos salimos sin pronunciar palabra alguna. Diego nos recogió fuera del hospital y ambos subimos sintiendo una inmensa tensión.
—¿Cómo les fue? —inquirió el rubio.
Hubo un momento de silencio.
—Tranquila Rose, entiendo, no me presenté adecuadamente, soy Diego, el amigo del descerebrado que está a tu lado —me dijo mirando a través del retrovisor—. Puedes confiar en mí, no soy tan mala persona como crees.
—Eso es bueno —respondo.
—Por supuesto, ¿qué tal tu día?
—Acabo de salir del hospital, ¿cómo crees? —sonreí un poco.
—Cierto —. Maykol estaba mirando por la ventana sin tener comentario alguno—. Perdona a mi amigo, no supo que eras alérgica a la pizza.
—Lo sé, pero no le tengo miedo a los hospitales, sufrí muchas lesiones anteriormente, está es la segunda vez que tengo una alergia al orégano —sonreí intentando bromear.
—¿Sabías que eras alérgica a esa porquería y aún así no se te ocurrió decirlo? —interrumpió Maykol.
—Sí...
—¿Por qué no me lo dijiste? —empezó a alzar la voz.
—Maykol, deberías calmarte —sugirió su amigo.
—Diego, no te metas en esto —lo miró y luego volteó hacia mí—. Debiste haberlo dicho, me tuve que enterar de esto por Alexis, al que más detesto y lo sabes.
—Pensé que ya había pasado y...
—¡Eres una maldita estudiante de medicina, en qué momento pensaste esa tontería! —espetó furioso.
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El Veneno De La Cruel Eternidad
Novela JuvenilA él le gustaba verla mientras estaba distraída. A ella le gustaba sentir sus latidos. Él amaba sus dramas, y ella su melancolía. Y los dos al final... lograron sentir el veneno de la cruel eternidad. __________________ [Corrigiendo]
