Capítulo 20

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¿Qué hora es? Solo recuerdo quedarme dormida después de pintar a Maykol. Me levanto y tomo una ducha, miro la hora y son las once de la mañana; al parecer mi padre no llegó a dormir, bajo a la cocina y me preparo una limonada.

Debo ir a comprar ingredientes para mí almuerzo, me pongo un vestido  pegado, estoy por salir cuando siento que algo malo acaba de pasar.

Malditas hormonas

Voy al cuarto de baño para comprobar la sorpresita y es verdad, no puede ser peor. Lo que más detesto es mi vida como mujer es que te llegue el periodo, y sobre todo cuando no sabes cuándo rayos llegará. ¡Estaba por salir! Esto es tan injusto, voy a cambiarme, tengo algunas toallitas en mi armario, espero que Maykol no las haya visto antes, lo decidí, me quedaré en casa. Simplemente tomo otro vaso de agua y me sumerjo en mi habitación mirando lo que pinte para Maykol, no está nada mal.

¿Por qué las cosas me tienen que ir jodidamente mal? No soporto el dolor que tengo, estos cólicos me están destrozando la vida; me siento en el piso abrazando mi abdomen «Por favor, cuerpo mío, no hagas que sufra». Mi celular comienza a vibrar, es Maykol; genial, estoy de gran humor como para contestar.

—Buenos días Stendhal ¿Cómo amaneciste —se nota que está de buen humor.

—Maykol, hablamos más tarde ¿Si?

—¿Qué pasó?

—No me encuentro muy bien, pero no te preocupes —no puedo decirle

—Voy para tu casa.

—No, no es tan grave.

—¿Te duele algo? —obvio que sí.

—Dije que no es grave.

—¿Qué es lo que tienes? Puedo ayudar.

—Entiende, solo apaga el maldito celular.

—No estaré tranquilo así que dilo de una buena vez.

—¡No! Entiende —me estoy enojando más.

—No seas terca...

—¡Estoy con unos malditos cólicos! ¡Demonios! —suelto un chillido de rabia y acabo con la llamada. Maykol está llamando de nuevo, no contesto, pero se que él no se rinde fácilmente, ahora mando un mensaje «¿Tomaste algo para el dolor? Vendré en estos momentos, solo espérame».

Al cabo de veinte minutos, tal y como dijo, Maykol llega, pero no toca la puerta de mi casa, sino la de mi habitación.

—¿Cómo ingresaste? —digo sentada aún abrazando mis rodillas.

—Ya deberías estar acostumbrada, en serio luces mal, tan mal que me asustas.

—No quiero discutir —escondo mi rostro.

—Traje pastillas ¿Qué tipo de cólicos sientes? —No quería llegar a esa pregunta.

—Son de mi per..d..— balbuceo.

—Dilo fuerte y claro que no te entiendo — comienza a reír.

—Son...cólicos de mi periodo —musito y aparto la mirada.

—¿Periodo de qué? No estamos en clases de física Lía —luce confundido.

—Si que eres un idiota.

—No dije nada malo para que te desquites conmigo.

—¡Idiota, eres un idiota Maykol! —me levanto y empiezo a golpearlo con las manos llevándolo hacia la salida.

El Veneno De La Cruel EternidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora