—Veamos cuál te gusta —dice Maykol dirigiéndose a mi armario.
—Espera, soy yo quien debería abrirlo.
—No hay necesidad si revise todo en esta habitación, incluso tus objetos personales.
—Acosador.
—No me molesta si viene de ti.
—Idiota.
—Gracias Stendhal —él abre el armario y saca algunos vestidos.
—Por lo que vi, tienes más vestidos que otras cosas, hoy en día no se usan mucho ¿Sabes?
—Es verdad, pero tal vez los compré porque siempre quería usar uno cuando era niña y nunca lo hice, así que ahora por lo menos, quiero tener ese privilegio, aunque ya es tarde.
—Jamás es tarde para hacer lo que queremos, me encanta tu forma de vestir, te ves...mejor —intentando animarme como siempre—. Son los dos vestidos que me gustaron, escoge el que quieras.
Uno de los vestidos se adecua perfectamente al cuerpo, apegado y corto, color negro, apenas tengo uno con ese diseño; el otro es uno suelto, color azul marino, se necesita un cinturón para resaltar la cintura, tiene cuello ojal y mangas largas. Es sencillo escoger.
—Quiero ese —apunto al vestido suelto.
—Perfecto —me sonríe—. Te traeré el vestido en dos días.
—¿Acaso no iré con ese vestido?
—Stendhal, dije que escogieras uno y yo te daré algo similar.
—No es necesario, yo misma puedo comprar uno.
—No quiero quejas, es mi última palabra —se pone a guardar los vestidos y se acerca a mi—. Necesito comprobar algo —él se pone a observar mi brazo.
—Maykol, no es necesario.
—Shh, al parecer ya está sanando y no dejará cicatriz, que suerte tienes.
—¿Qué hay en lo que te trajo Diego? Porque no creo que en esa bolsa esté solo un celular —decido cambiar de tema.
—Me trajo un polo, dice que este se ve fatal en mi —Yo creo que todo se ve bien en él—. Mira —se dirige al bolso y saca un polo blanco, decide cambiarse ahí mismo.
—¡¿Qué crees que haces?!
—Cambiarme.
—No lo hagas aquí, puedes ir a otro lugar.
—¿Acaso me dirás que lo más profundo de tu ser no quiere verme así?
—No, ve al cuarto de baño —indico pero él sigue y se quita lo que lleva puesto, está como si fuera a ir a la playa, shorts y sin nada más—. Te dije que fueras a...
—Mira —me interrumpe u apunta a una cicatriz que está por debajo de su clavícula izquierda— Yo también era muy travieso de niño —alrededor de diez centímetros, es lo que abarca la cicatriz.
—¿Qué te hiciste?
—Me caí en algunas espinas, es lo que recuerdo, pero a diferencia tuya, mi cuerpo no sana rápidamente.
Ahora mismo lo estás viendo sin descaro alguno.
Maykol no es tan musculoso pero no está mal, se nota que si hace ejercicio —Stendhal ¿Podrías dejar de mirarme? —dice con una gran sonrisa
—¡No te estaba mirando! Y ya, ponte la ropa de una vez
—¿Quieres ayudarme?
—¡Maykol! —protesto y él ríe.
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El Veneno De La Cruel Eternidad
Novela JuvenilA él le gustaba verla mientras estaba distraída. A ella le gustaba sentir sus latidos. Él amaba sus dramas, y ella su melancolía. Y los dos al final... lograron sentir el veneno de la cruel eternidad. __________________ [Corrigiendo]
