Capítulo 11: ¿Trato hecho?

4.8K 450 32
                                        

-¿Te gusta?-preguntó Lucy a mis espaldas.

-¿Estas de broma? Es lo mejor que he visto en años.-delante de mí se encontraba un pequeño lago con una gran cascada.-¿Cómo es que no sabía de su existencia?

-Los humanos lo hubiesen frecuentado demasiadas veces.-me contestó Lucy caminando hasta la orilla y se sentaba en ella.

-Y lo hubiésemos destruido.-complete su oración mientras me sentaba a su lado.

-No, no fue por eso, bueno en parte si.-se quedó pensativa por unos segundos.-El castillo ha estado aquí desde hace mucho tiempo, no podíamos ser vistos por los humanos.

-Nunca te lo he preguntado.-trague en seco, intentando no sonar nerviosa.-¿Tu estuviste de acuerdo? Ya sabes, en hacer todo esto.

-¿El apocalipsis?-su pregunta logró sorprenderme.

-¿También lo llamas así?-pregunté asombrada de su pregunta.

-¿De alguna manera lo es, no crees?-preguntó esta vez mirándome directamente a los ojos.-No, no estuve de acuerdo en lo más mínimo, pero temo decir que mis comentarios no fueron escuchados.

-¿No querías que esto pasara?-no se porque, pero no me sorprendía para nada.

-No, Maia.-dirigió su mirada al cielo.-Cuando las intenciones de las grandes familias salieron a flote, intenté convencerlos de que no era necesario acabar con los humanos, de que nos podríamos dar a conocer. Convivir era lo que yo quería, erradicar era lo que querían ellos.

-¿Ellos son Hilaria y Victoria?-pregunte con temor.

-Entre otros.-me contestó pensativa.-Ya sabes el odio irracional que tenía antes Victoria hacia los humanos.-me miró con pena.-Como ya te he dicho está intentando cambiar, pero eso no se hace de un día para otro.-se quedó dos segundos callada.-Pero si, su familia estaba de acuerdo con el plan de erradicar a los humanos.

-No me esperaba menos.-le dije con ironía.-¿Hilaria?

-La familia de Hilaria se mantuvo neutral hasta el final, aunque había pequeñas inclinaciones hacia el bando de mataros por parte de Hilaria.-me contestó tocando con su mano derecha el agua.-Ten algo de paciencia.

-¿Le paso algo con los humanos?-me atreví a preguntar.-Siempre me dices que tenga paciencia con ella, pero nunca el porque.

-No me corresponde responder eso, lo siento.-musitó con cuidado.

-¿Entonces, ambas estuvieron de acuerdo?

-En efecto.-contestó levantándose.-Es tarde, deberíamos de volver.

-¿No se dan cuenta de que si eliminan a todos los humanos, no tendrán comida?-pronuncie la misma pregunta que le realice a Hilaria.

-Para ello están los laboratorios, intentan hacer una especie de sangre sintética.-me contestó con asco.-No esta muy buena que digamos, todavía están en ello.

-¿Así que eso hacen en los laboratorios?-pregunté incrédula.

-Tengo miedo de preguntar qué que es lo que creías que hacíamos.-comenzó a reírse.

-Creíamos que realizabais experimentos con los humanos.-pregunté aun sentada en el suelo.-¿Por qué seguiste con Hilaria entonces?

-Porque mi familia ha servido a la suya por siglos.-levantó sus hombros restándole importancia.-Aparte, no voy a romper una amistad de cientos de años por una elección. 

-Suena comprensible.-susurre para mi misma.-¿Puedo quedarme aquí?-me miró con las cejas levantadas.-El ruido del agua me relaja.

-Esta bien.-se iba a ir cuando debió de recordar algo y se acercó hasta a mi.-Por si acaso, ten cuidado.-me alzó un pequeño cuchillo.

-Gracias.-le agradecí mientras lo empuñaba con mi mano. No dijo nada más y se fue del lugar, dejándome sola en este precioso lugar.

El sonido del agua era demasiado relajante, al igual que el silencio de todo lo demás. El lugar era de ensueño, todo estaba extremadamente cuidado. Las plantas cubrían lo justo la cascada, los árboles estaban perfectamente cortados. Todo era hermoso.

¿Qué le podría haber pasado a Hilaria con los humanos para desearnos la muerte? ¿Qué le podría haber pasado a Victoria? Su nombre provocaba escalofríos en mi cuerpo.

-Siento aquello.-dijeron a mis espaldas, provocando que gritara horrorizada y llevará mi mano libre al pecho.-Eso tampoco era mi intención.-Victoria se encontraba a mis espaldas, apoyada en un árbol con los brazos cruzados.

-Y_yo.-intenté decir algo, pero mis nervios me carcomían por dentro.-¿Qu_qué haces aquí? Estoy armada.-apreté con temor el cuchillo.

-No he tenido la ocasión de presentarme.-comenzó a caminar hacia mi, rápidamente me levante preparándome para cualquier ataque.-Mi nombre es Victoria Fersi.-alzó su mano para que se la diera.

-Creo que ya sabes como me llamo.-le di la espalda y volví a sentarme.

-Eso es cierto.-resopló con delicadeza.-Te doy mis más sinceras disculpas por lo del otro día.-dijo sin moverse.-No eran mis intenciones.-¿no eran tus intenciones matar a un humano? Porque lo sentí muy real. Esta mujer era increíble.-No, no eran mis intenciones matarte.-le miré en seguida con los ojos bien abiertos. ¿Qué acababa de pasar? ¿Acaba de leer mi mente?-No sabía que eras mi compañera.

-Dime una cosa.-le dije tomándola por sorpresa.-¿Si no me hubiera cortado con el cristal, seguiría viva?

-Dime tu otra cosa.-dio unos cuantos pasos hasta llegar a mi.-¿Si tu te encontraras con un vampiro en la calle le dejarías vivir?

-No es lo mismo, nosotros nos defendemos.-seguía con la vista al frente.-Vosotros nos cazáis.

-No veo ninguna diferencia a como nos trataban los humanos hace siglos.-reinó el silencio por unos segundos.-Antes nosotros éramos la presa, tan solo hemos invertido los papeles.

-¿Había humanos que sabían de vuestra existencia?-pregunté horrorizada.

-Había humanos que nos intentaban matar, los famosos cazadores de vampiros.-sentenció con recelo.-Así que contesta a mi pregunta. ¿Matarías al vampiro?

-Si.-susurré indignada.

-Ahí tienes tu respuesta. Lo mismo hacemos nosotros, la única diferencia que nosotros os utilizamos también de comida.-de alguna manera ella tenía razón.

-Claro que tengo razón.-dijo con aires de superioridad.

-¿Qué?-pregunté asombrada.

-Oh, disculpa que no te lo haya dicho, pero soy capaz de leer la mente de los humanos.-¿Cómo era eso posible?-Cosas de vampiros, señorita Rossi.

-No me llames así.-ordené tocándome el puente de la nariz.

-De acuerdo.-vi que levantó las manos en señal de rendición. Oh no, mierda. ¿Eso significa que también me leyó la mente cuando la vi por primera vez?

-En efecto, Maia. Gracias por pensar que soy hermosa.-se sentó a mi lado.-Bueno, mírame, sé que soy hermosa.

-¿Eres siempre así?-me atreví a preguntar.

-¿Así de amable?-alzó ambas cejas.-Solo con las personas que me interesan.

-Así de arrogante.-sentencié antes de que terminara la oración.

-No me considero arrogante, tan solo me considero hermosa.-se callo por unos segundos.-Si fuera arrogante no me daría cuanta de tu notable belleza.-guiño un ojo. Enseguida me puse colorada. ¿Por qué había dicho eso?-Porque es la verdad, Maia.-seguía leyéndome la mente.

-¿Puedes no leerme la mente? Por favor.-pedí a modo de súplica.

-Solo si tu intentas no odiarme.-gire mi cabeza para encararla.-Bueno, gracias a ti ya no odio a todos los humanos del planeta, lo estoy intentando. Tu también podrías hacerlo.-dijo muy segura de si misma.-¿Trato hecho?

-No prometo nada.-de alguna forma sabía que lo que yo acababa de decir no era verdad.-Trato hecho.-ella me miró con una sonrisa enorme mientras alzaba su mano para que yo la estrechara. No dude un segundo más y junté ambas manos, al instante la sensación de algo extraño, pero gratificante, recorrió todo mi cuerpo, justo al igual que pasó con Hilaria.







HematófagaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora