Capítulo 31: El despertar

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Abrí los ojos más rápido de lo normal. Un fuerte rayo de luz, golpeando mi rostro, hizo que me moviera, inconscientemente, hacia el lado de la cama donde se encontraba la oscuridad. La misteriosa habitación se dividía en dos; luz y oscuridad. Se notaba como la primera se encontraba ahí por error, las cortinas se habían movido de tal manera que iluminaban una mínima parte.

Me animé a sentarme en la mullida superficie, apoyándome en el cabecero. Tallé mis ojos unas cuantas veces antes de enfocar la vista en la persona que yacía dormida en la parte clara de la habitación.

Por un momento no logré comprender de quién se trataba, pero en cuanto vi su barba... no pude estar más en lo cierto.

– Ca...Carlos.-mi voz salió raspada y sin vida.

El hombre movió su cabeza hacia los lados, unas cuantas veces, como si no comprendiera la situación. Sus manos fueron a parar a los extremos del sillón, donde había logrado conciliar el sueño, para luego levantarse y llegar corriendo hasta mi.

– ¿Cómo te encuentras? ¿Estás bien?-su mano fue a parar hacia mi frente.-Parece que ya no tienes fiebre.-ladeó la cabeza.-¿Maia? ¿Cómo estás?

– Bi...bien.-confundida, moví mis ojos por toda la habitación.-¿Qué hace...-mi voz dejó de funcionar de inmediato.

– Toma.-me acercó el vaso que había visualizado en la mesilla.-Te vendrá bien.-sin pensarlo, lo tome.-¿Mejor?

– Si, gra...gracias.-le agradecí dejando el oscuro vaso en la cómoda de nuevo.

– Nos diste un buen susto, que lo sepas.-se atrevió a bromear.-Todos estaban muy asustados.-lo miré confundida.

– ¿Todos?

– Si, ya sabes.

– ¿Dónde estamos?-su semblante se tensó.

– ¿Dónde vamos a estar, Maia?-se echó a reír, pero al ver mi cara de confusión paró de inmediato.-¿No lo recuerdas?-su mirada me llevó hasta la ventana, aparté la mirada al notar un fuerte rayo solar.

– No recuerdo esta habitación.

– Eso es porque...-unos golpes en la puerta lo interrumpieron.-Esa es mi señal.-puso los ojos como platos.-Nos vemos luego, ¿vale?

– ¿Va...vale?

– Tranquila, estás en buenas manos.-susurró mientras se acercaba a la puerta.-Hasta luego, Maia.-y sin más la abrió.

Dejé de preocuparme al verla; Lucy Archer en carne y hueso.

– Hola, Maia.-sonrió de inmediato.-Veo que por fin te has despertado.-caminó hasta las cortinas.-Mejor, ¿no?-preguntó después de moverlas y que ya no diera apenas el sol.

– Si.-la miré confundida.

– Es normal, tranquila.-se sentó a mi lado.-¿Puedo abrazarte?-preguntó como si fuera una niña.

No le contesté, sino que me abalancé sobre ella con fuerza. La rodeé con mis brazos como si me fuera la vida en ello. Ella, al parecer, sentía lo mismo.

– ¿Dónde estamos?-pregunté separándome.

– Estamos en el castillo.-su mano fue a parar a mis ojos, los cuales abrió más de lo normal.-Todo correcto.-sonrió satisfecha.

– No recuerdo haber estado en esta habitación.

– Eso es porque es un área restringida. Por eso está tan desordenada.-me explicó acariciando mi mejilla.-Te veo bien.

– Debo estar en la mierda.

– Un poco.-ambas nos echamos a reír.-He tenido que contenerlas en el pasillo para que me dejaran examinarte antes.

HematófagaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora