Capítulo 32: Miedos

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Las dos semanas en las que estuve "durmiendo" significaron un cambio en mi vida. ¿Y cómo no hacerlo cuando alguien te ha intentado asesinar? Pero algo no me cuadró desde el primer minuto, ¿por qué me querrían convertir en vampiro? ¿Por qué no simplemente matarme?

Es algo que me carcomió por dentro durante los tres días posteriores. Al siguiente día, ya tenía una respuesta: un vampiro nuevo, en la realeza, significaría el caos.

Lo descubrí cuando Hilaria me contó la historia de un sirviente humano que convirtieron en vampiro y sembró la muerte allí por donde pisaba, poniendo en desventaja la ubicación del castillo.

Y era lo más normal del mundo. Un vampiro recién creado se basa en un único pensamiento: alimentarse de sangre. Y si es humana mejor.

Thomas me lo afirmó cuando intenté hablar con él sobre Carlos. Ni siquiera supo describir lo que le pasa al estar con él, pero de una cosa sí que estaba seguro: su olor le atraía como un dulce a un niño.

Cuarto día desde que había despertado y ya comenzaba de una manera más que terrible.

– ¿Es de ella?-pregunté cuando vi como Victoria se aproximaba con una carta. Afirmó con la cabeza antes de dármela.

– Creo que puedo llegar a comprender su preocupación.-la miré alucinada.-¿Qué? Si yo no tuviera noticias tuyas durante dos semanas, me volvería loca.

– Sus cartas no indican preocupación.-me senté a su lado en la cama.

– Eso es porque no sabes leer entre líneas.-alcé una ceja.

– De acuerdo, digamos que está preocupada. ¿Qué quieres que haga?

– Escríbele una de vuelta, dile que estás sana y salva. Y ya de paso dile que tienes a un montón de vampiros cuidándote las espaldas.

– Victoria Fersi, ¿estás celosa?-dejé la carta a un lado para mirarla mejor.

– ¿Yo?-se señaló.-¿De Arcadia De Luca?-empezó a reírse.-Jamás.

– Haré como que te creo.-me tumbé en la cama pensativa.-No puedo creer que Victoria Fersi esté celosa.-susurré para provocarla, cosa que funcionó porque dos segundos después ya estaba encima mía.

– No estoy celosa.-me cogió de ambas manos y las llevó hasta arriba de mi cabeza.-Pero conozco sus trucos.

– ¿Trucos?-me acomodé mientras ella colocaba sus piernas a ambos lados de mi cintura.-¿Qué trucos?

– Se le da bien provocar a la gente.-afirmó acercando su rostro al mío.

– ¿Y crees que a mi me provoca?-me mordí el labio inferior por su cercanía.

– Bueno, que se bañara desnuda contigo puede ser uno de sus trucos, si.

– Esos trucos no funcionan conmigo.-cerré los ojos buscando un contacto que no llego.-Ya lo sabes.

– Lo sé. Pero en el caso que funcionaran, no quiero que te haga daño.-se vió demasiado sincera.

La conversación cambió de un momento a otro.

– ¿Qué?-forcejeé para que me soltara y así lo hizo.-¿Qué estás diciendo?-logré ponerme casi derecha.-¿Victoria?-siguió sin contestar.-¿Qué pasa?-llevé mi mano a su brazo para acariciarlo.-Puedes decírmelo.

– Se que esto...-nos señaló.-... puede llegar a ser muy forzado.-bajó la cabeza. Por primera vez le vi haciendo eso y me partió el corazón.-Por eso digo que si te sientes atraída por Arcadia, no hay ningún problema.

– Mírame.-levantó su precioso rostro.-Me gustas, Victoria. Me gustáis.-afirmé por primera vez.-Oh por dios, me gustáis mucho.-me acerqué más a ella.-No es nada forzado. Bueno, no voy a negar que al principio así me lo pareció, pero eso cambió hace mucho tiempo.-uní nuestras frentes.-Quiero estar con vosotras y eso es lo único que me importa.

HematófagaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora