Capítulo 34: Un hermano pesado y una herida inexistente

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Josh comenzó a progresar al quinto día del ataque, cuando Victoria analizó exhaustivamente a cada uno de los miembros de su ejército y cuando Folke arribó al castillo.

Menos mal que Carlos y los demás se fueron un día antes, dejando a Josh aquí a cuidado de Lucy y su madre. Todavía seguía pálido y con moretones en su cara, pero su esperanza no se la quitaba nadie.

— ¿Cuándo podré salir de la habitación? — Preguntó aún tumbado en la cama. Caminé hasta él y me senté a su lado.

— No te voy a mentir, no lo sé. Es peligroso que salgas.

— Pero... — Me miró suplicante —. Tú también eres humana.

— Si, pero no tengo dieciséis años.

— Diecisiete — Que me corrigiera me confundió —. Los cumplí cuando no estabas.

— ¿En serio? Ya diecisiete — Le hice unas pequeñas cosquillas —. Eso hay que celebrarlo.

— Para, para — Pidió entre risas —. Por favor.

Me quedé unos segundos viendo su rostro. Había cambiado tanto en los últimos años.

— ¿Te acuerdas que te conocí cuando tenías trece años? Eras un canijo muy pesado. Aunque... eso lo sigues siendo.

— ¡Oye! — Me tiró una de las almohadas a la cara —. No soy pesado.

— ¿No? Pregúntale a Elicia.

— Qué graciosa — Intentó poner una voz grave —. Que yo sepa, también eras más joven cuando te conocí.

— Tenía veintidós.

— Tu... — bajó la cabeza cuando unió nuestras manos —... Me salvaste la vida — Apreté el agarre cuando lo recordé —. Si no llega a ser por ti, ya estaría muerto o peor aún, en una de las granjas.

— Eso es el pasado, Josh. No volverá a pasarte. Nadie volverá a hacerte daño — Le aseguré.

— Le hubieses caído bien a mis padres — Musitó dolido —. Y a Luca.

— ¿Luca? Nunca me había hablado de Luca.

— Era mi Border collie. Tenía dos años cuando ocurrió todo esto, me acompañó hasta que los guardias nos hicieron separarnos — Le limpié una lagrima que bajaba por su mejilla —. Me gusta pensar que sigue vivo — Eso me hizo pensar en mi familia. Su esperanza era ejemplar.

— Josh... — Sus ojos verdosos dieron con los míos.

— Es lo que me mantiene vivo — Eso logró helarme por completo. Apenas diecisiete años... —. También me gusta pensar en que también somos familia — Me miró cohibido.

— Josh — Le acaricié la mejilla —. Ven aquí — Le ayudé a sentarse del todo en la cama y lo rodeé con mis brazos —. Te considero como un hermano y siempre lo haré. Cuando ese hombre te atacó...

— No fue tu culpa, Maia — Musitó rodeándome con sus brazos —. Tú también eres como una hermana para mi. Una muy insistente y pesada, pero...

— ¡Oye! — Me separé de él —. Que aquí el pesado eres tu, no yo.

— Eso habrá que discutirlo con Carlos — Entrecerró los ojos, buscando desafiarme, de broma, con su mirada.

— Habrá que verlo — Me levanté de la cama. Él ya había recibido su desayuno, pero yo no y mis tripas gritaban por algo de comida.

— ¿Vendrás más tarde?

— Siempre.

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