"Se le da bien provocar a la gente"
No pude evitar pensar en esa frase que Victoria me había dicho por la mañana. ¿Eso era lo que en verdad estaba pasando? ¿Arcadia me había provocado? ¿Para qué? ¿Para que me uniera a ella?
"Sí, me siento atraída hacia Arcadia".
Esa afirmación por mi parte llegó a mi cabeza como una daga. Si, yo misma le había dicho a Victoria que era normal que me sintiera atraída por Arcadia y ella se había reído al respecto. Pero, a la vez, le había negado sentir algo romántico, a ella y a mi. ¿Lo sentía? ¿Sentía más cosas que una pura atracción?
La conversación reciente con De Luca y su atrevimiento a decirme sus miedos... fue algo que no me esperaba para nada. Se suponía que nos llevábamos mal, ¿cómo habían cambiado tan rápido las cosas?
"Mi miedo se basa en perderte a ti, Maia Rossi".
Estaba enfadada, más que enfadada. ¿Por qué me había dicho eso? ¿Por qué había tenido que decir esas palabras?
No lo niego, a la hora de recibir su carta sentí tanto miedo y a la vez tanto alivio que ni siquiera tener una conversación con ella lo había arreglado.
¿Qué pasaba con Hilaria y Victoria? No podía hacerles eso y menos ahora. ¿Pero lo que sentía por Arcadia era lo mismo que con ellas dos? No, no podía ser posible. Hilaria y Victoria me proporcionaban una calidez inhumana y tan extraña a la vez que lograba encandilarme hasta niveles galácticos.
No, no sentía lo mismo por Arcadia que por Hilaria y Victoria. Eso estaba claro, ¿no? Si, claro que sí. Mi adoración hacia esas dos vampiras no cambiaría. Lo de Arcadia tan solo era una mera atracción adolescente... o algo imposible.
Y con esa afirmación di por zanjado el tema.
Ojalá hubiese visto lo que me deparaba el futuro segundos antes de que algo se atravesara en mi camino. Pisé el freno de golpe, tanto que me golpeé en la frente contra el volante.
Por unos segundos, seguí escuchando la música que me proporcionaba un viejo disco que había insertado en el coche. Escuchar Rasputin de Boney M en esos momentos no fue mi mayor acierto, me di cuenta dos minutos después, cuando la puerta del coche se abrió violentamente.
- Hola - Su sonrisa me estremeció -. Tu debes de ser Maia Rossi. ¿Me equivoco? - Su pregunta hizo que reaccionara, pero, antes de poder coger la daga que minutos atrás había impactado contra el asiento del copiloto, hincó su mano en mi brazo impidiendo moverme -. Te he preguntado.
- ¿Quién eres? - Miré su agarre con rencor.
- Las preguntas las hago yo. Hazte a un lado.
- ¿Qué?
- Que te sientes en el otro asiento - Ordenó.
No tenía muchas opciones, así que le hice caso. ¿Qué más podía hacer?
- Maia Rossi, estás a punto de ver un espectáculo - Procedió a sentarse en mi antiguo asiento.
- ¿Qué quieres? - Escondí la daga detrás de la espalda -. ¿Quién eres?
- Me llamó Tadeo Wilson, mis amigos me llaman Tad. Así que no me llames así - Me alarmé cuando cerró las puertas con seguro -. No te molestes en atacarme, esto durará muy poco. No me gusta la lluvia.
- ¿El qué? - Me dediqué a mirarle. Parecía tener mi edad, un poco más tal vez. Sus ojos eran azules, muy azules, tanto que se me hicieron demasiado conocidos. Su cabello azabache estaba desaliñado y muy sucio, demasiado. Eso sumado a su ropa me indicaron que no se había duchado en mucho tiempo.
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Hematófaga
Vampire¿Apocalipsis vampírico? ¿Qué clase de tontearía era esa? ¿Desde cuando existían los vampiros? Y sobre todo, ¿por qué soy su principal objetivo?
