Hacía ya mucho tiempo que no escuchaba música. No recordaba que fuera tan grato escucharla a solas. Antes de que el apocalipsis empezase, me gustaba escuchar música, si. Pero no la admiraba de la misma manera.
Y con todo lo que estaba pasando... había elegido encerrarme en el coche con música a todo volumen y tumbarme en los asientos traseros. Agradecí que el coche fuera lo suficientemente ancho para permitirme tumbarme por completo.
— ¿Qué se supone que haces aquí? — De mi boca salió un grito tan agudo que hasta yo misma me sorprendí —. Perdón — Levanté la mirada. Hilaria se encontraba apoyada sobre la puerta —. Pensaba que Thomas se había dejado la música puesta — Negué, cerrando los ojos, para seguir disfrutando.
A los pocos segundos, las manos de Hilaria rodearon mis hombros y con mucho cuidado me levantaron hasta que ella misma logró sentarse. Mi cabeza acabó sobre su regazo. La suave tela de su vestido me atrapó desde el minuto cero.
— ¿Qué hora es? — Pregunté al ya no notar los rayos del sol. Abrí los ojos para poder verla mejor.
— Serán las doce de la mañana — Contestó, quitándose el casco que evitaba que se quemara —. ¿Tienes hambre?
— No mucha, la verdad. Supongo que he comido mucho en el desayuno.
— El otro día no pude preguntarte por tu excursión a la casa De Luca. ¿Qué tal fue?
Su pregunta me dejó pensante. La verdad era que llegué lo suficientemente tarde como para no encontrarme con nadie en el castillo, salvo a los guardias y a Lucy, quien me dijo que Hilaria y Victoria habían salido hacía la ciudad de urgencia.
Apenas pude dormir hasta que, después de unas horas moviéndome en la cama, Hilaria se tumbó a mi lado y me rodeó la cintura, acercándome a ella. Victoria no apareció esa noche... ni lo hizo al día siguiente, ni al siguiente. Llevaba dos días sin verla y de alguna manera ya le echaba de menos.
— Arcadia tiene al vampiro que me atacó — Sentí como se tensó por completo —. Me dejó verlo y... casi me desquicio con él.
Rápidamente, las manos de Hilaria sujetaron las mías. Las examinó sin descanso. Sus ojos formaban una mueca demasiado graciosa como para pasar desapercibida.
— ¿Te hiciste algo?
— No, estoy bien. Arcadia logró pararme antes de que... — La escena llegó a mi mente.
"Eres humana, no un monstruo".
"Tu tampoco eres ningún monstruo, Arcadia De Luca".
Recordaba eso, al igual que sus brazos rodeándome con fuerza durante minutos. También recordaba mi huida después de eso, el cómo, gracias al destino, Thomas ya estaba de vuelta con el coche y como le ordené salir a toda velocidad del lugar.
— ¿Antes de que? — Sus manos viajaron hasta mi mejilla derecha y la acarició con desdén.
"Por favor, no cambies nunca".
— Antes de cambiar — Sentencié cerrando los ojos, disfrutando de sus caricias.
— No eres ningún monstruo, Maia.
De alguna manera, Hilaria Relish logró entender lo que pasaba por mi cabeza en esos momentos.
No quería convertirme en ningún monstruo, pero ¿y si en algún momento lo hacía? Estuve al borde de la muerte una vez... varias veces, ¿quien decía que no se volvería a repetir?
¿Qué hubiese pasado si me hubiera convertido en un vampiro ese día? ¿Hubiese tenido conciencia? ¿Era lo suficientemente fuerte para soportar la transformación?
ESTÁS LEYENDO
Hematófaga
Vampir¿Apocalipsis vampírico? ¿Qué clase de tontearía era esa? ¿Desde cuando existían los vampiros? Y sobre todo, ¿por qué soy su principal objetivo?
