Capítulo 9: Toxina

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-Vamos a ver Maia.-susurré para mi misma.-Tienes un puto cuchillo en la mano, mátalo y ya.-soy demasiado inútil. Pare de golpe poniéndome en posición de ataque, esperando al maldito vampiro que me seguía, el cual no tardó más de cinco segundos en llegar.-Buenas noches.-le dije en modo de broma, al ver que se había parado nada más verme.-¿Supongo que esto no te vale, no?-alce mi muñeca con la pulsera, tan solo hizo que el vampiro gruñera aún más.-Ya, eso pensaba. Me llamo Maia. ¿No me vas a decir tu nombre, no?-otro gruñido salió de su boca.-No, ya lo veo. Bueno, estoy lista.-le hice una seña para que se acercara, literal que algo debió de entender porque comenzó a correr hacía mi. Le esquivé unas cuantas veces, iba bien, hasta que pise mal un tronco podrido y me caí al suelo, con él encima de mi. Intentaba morderme pero jamás le dejaría hacerlo, sus manos se apoyaron en mi clavícula, las cuales se incrustaron en mi piel.-¡¡Ahh!!-grite de dolor. Esto se me estaba yendo de las manos. Alce como pude el cuchillo y le rajé la garganta, manchándome de sangre en el proceso. Segundos después, su cuerpo yacía sobre el mío.

-Buena técnica.-dijo alguien cuando conseguí quitarme el cuerpo del vampiro de encima.-Aunque algo desesperada.-fije mi vista en un chico encima de una gran roca, el cual nada más ver que había descubierto dónde estaba, bajo de un salto hasta mi, alzando su mano para que yo la cogiera. Lo miré mejor, iba vestido todo de negro y con una espada, era parte de la guardia.

-Podrías haberme ayudado.-le dije levantándome mientras rechazaba su mano.

-¿Y perderme la batalla? No, gracias.-dijo con ironía.-Me llamo Thomas, por cierto. ¿Y tu Maia, no? Te he escuchado antes. ¿Siempre le hablas a los vampiros que te están atacando?

-Te sorprenderías.-le miré de arriba a abajo.-Supongo que no me atacas por esto.-señale la pulsera.

-En efecto.-me contestó con una sonrisa.-Aunque estoy un poco confuso, eres demasiado intrigante. ¿Cómo has conseguido esa pulsera?

-Es una larga historia.-le contesté muy seria.

-Oh, entonces no me entrometeré.-alzó sus manos en señal de rendición.

-¿Por qué estás por aquí solo?-le pregunté confundida.

-Mis compañeros no se fían de mí, creen que me dará un ataque o algo.-me contestó con cara de pena.

-¿Por qué?

-No tengo tantos años como ellos. Me convirtieron cuando todo esto empezó.-comenzó a relatar.-Creen que no tengo la fuerza suficiente como para controlarme. Resumiendo, creen que me convertiré en lo que acabas de matar.

-Siento oír eso. ¿Cuántos años tienes?

-Veinticuatro y no lo sientas, no es tu culpa.-alzó sus hombros.-Me encontraron deambulando solo por la calle recién me convirtieron, no sabía lo que me estaba pasando, solo sentía que tenía mucha sed, pero no quería matar a nadie. Me llevaron a un cuartel, en el que me hicieron millones de pruebas para evaluarme y permitirles saber si era apto para la guardia. Después de un año, los altos mandos llegaron a la suposición de que si era apto. Pero mi grupo aún cree que no los soy. ¿Qué se le va a hacer? Si no quieren tener a este cuerpo sabroso en su grupo, ellos se lo pierden.-comenzó a bailar.

-Me caes bien.-empecé a reír con él.

-Yo también me caigo bien.-dijo con ironía.-No, es broma. Tu también me caes bien. Estás herida.-fijó su mirada en las heridas de la clavícula.

-Si, bueno, soy un poco torpe.-le dije alzando también mi mano herida.

-¿A dónde te diriges?-preguntó dejando de mirarme.

-A mi refugio.-le conteste con añoranza.

-Oh, si quieres puedo acompañarte, no tengo nada más que hacer.-volvió a alzar sus hombros.

HematófagaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora