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9. Miranda Fry

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Dedicado a CinthiaMartinez45950 y KarenCarrascalPalaci  ❤️

Grace Sullivan:

—¿Acaso me está culpando de algo? —Fue lo primero que pregunté luego de escucharlo decir eso, porque por más que solo me estuviera explicando, su tono de voz había indicado que me estaba acusando de algo. 

Cómo de estar en su contra. 

Y no es que él estuviera equivocado, pero no había hecho nada para que él pensará o comenzará a sospechar sobre mí. 

—¿Acaso debo hacerlo? —preguntó en su lugar, fingiendo estar sorprendido por mí pregunta. Cómo si él no hubiera dado a entender nada. 

Pero antes de que pudiera siquiera responderle, tuve que quedarme callada al escuchar que alguien lo estaba llamando. Y él, sin decir nada más, se limitó a responder. 

—¿Diga? —dijo, quedándose callado por unos segundos antes de hacer un gesto de molestia, demostrando que la persona que lo llamaba no era de su agrado—. Estaré ahí después de almorzar. —Aseguró, colgando unos segundos después de decirlo. 

Y aunque era claro que podíamos seguir con nuestra charla, no quise decirle nada más al ver que él estaba molesto por algo que le habían dicho en esa llamada. Así que nos limitamos a comer en silencio. 

Una hora después volvíamos a estar en el auto, y aunque él le dijo al chófer a dónde llevarlo, yo no sabía dónde era eso. Pues mi jefe solamente le dijo: Llévame con él. Lo que no entendí porque, ¿Quién era él? Ni idea, pero tal parecía que su chófer sí sabía quién era esa persona. 

Unos cincuenta minutos después entramos a lo que parecía ser una finca, pues el recorrido hasta la casa era largo. Casi como de dos kilómetros, sino es que más. Así que al llegar lo primero que observé fue una casa de tres niveles color blanco y con algunas decoraciones en madera. También tenía algunos diseños en plateado y dorado y flores por doquier. Y más allá, como a unos pocos metros, se veían personas trabajando con caballos y plantaciones. 

—Volveré en un momento —aseguró mi jefe antes de bajarse del auto, siendo seguido por uno de los hombres que estaban rodeando la casa. 

Miré a mi único acompañante y me pregunté si esto ya era normal que sucediera, pues él parecía ser indiferente a lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor. 

—¿En dónde estamos? —Quise saber, por lo que él me miró de reojo antes de sonreír de lado con un poco de burla. 

—Es la primera vez que una asiente no lo sabe —comentó, como si eso le diera cierta gracia—. Estamos en la casa de sus padres —dijo, dejándome sorprendida al saber ese hecho. 

Y no me sorprendía para nada ver el lugar donde vivían, ¿La razón? Porque sabía que ellos estaban forrados de dinero hasta decir ya no. Lo que me sorprendía era estar aquí, pues era conocedora que nadie que no fuera de la familia podía venir a no ser que ellos mismos te invitaran. 

O que vinieras como yo, con uno de ellos porque era tu jefe. 

Y quizá yo había terminado viniendo solo porque estaba con él. Aunque eso tampoco era seguro porque bien pudo decirme que volviera por mí propia cuenta a la empresa. Pero no lo hizo. Lo que me hacía sospechar que quizá él quería traerme aquí por alguna razón. ¿Cuál? Eso sí que no lo sabía. 

—¿Quién es ella? —pregunté al ver a una mujer de cabello largo negro, vestida con un vestido verde floral salir de la casa usando unos lentes para el sol. 

El que estaba junto a mí la observó antes de verme de reojo. 

—Ella es Miranda Fry. —Al ver que no entendía de quién me estaba hablando, o mejor dicho que a pesar de saber su nombre no sabía quién era ella, suspiró antes de negar con la cabeza—. Es la prometida del señor Maximiliano. 

—¿Qué? —Dije sorprendida, dejando de ver a esa mujer para poder verlo a él—. ¿De qué rayos estás hablando tú?

—Puedes decirme Car —dijo al estar molesto por decirle tú en vez de usar su nombre—. Mi apellido es Carrillo —explicó, a lo que solo asentí con la cabeza sin darle mucha importancia a eso. 

—De acuerdo —dije para darle a entender que ahora quería saber lo demás. 

—No son prometidos oficialmente y tampoco tienen una relación como tal —comenzó a explicar, captando mi atención al instante—. Pero se dice que sus padres, así como ella, desean que ambos se casen. 

—¿O sea que el señor Torres no quiere casarse con ella? 

—Por supuesto que no quiere —aseguró antes de señalar con su pulgar el carro donde ella se había subido unos segundos antes—. ¿En serio no sabe nada sobre ella? Es la mujer más grosera y cruel que existe. 

Una vez que dijo eso, sentí cierta curiosidad por ella. Así como de ese compromiso que, al parecer, mi jefe no quería. Y por más que quise seguir preguntándole sobre ello, tuve que quedarme callada al ver como mi jefe salía de  la casa de sus padres pasando de largo sin devolverle el gesto a la mujer que lo veía como si se tratara de un diamante. 

—Sácame de aquí —ordenó tan pronto estuvo dentro del auto, logrando que Car pusiera el auto en marcha en lo que él aflojaba su corbata. 

Y yo, mientras tanto, fingía que todo estaba bien al ver el mal genio que se cargaba ahora mi jefe y que, lo más posible, es que fuera por culpa de esa mujer. 

Así que en todo el trayecto los tres nos mantuvimos en silencio. Car haciendo lo suyo en lo que el señor Torres se dedicaba a ver a través de la ventana y en lo que yo me sentía incómoda ante esta situación. 

¿Acaso mi hermana también había pasado por todo esto? De ser así debía felicitarle por todo lo que había pasado y aún así llegar a casa con una sonrisa en sus labios. 

Una vez que estuvimos en la empresa me apresuré en bajar y abrirle la puerta, logrando que su saco y maletín cayeran rápidamente en mis manos en lo que él avanzaba con un gesto serio por la entrada. Llamando la atención de todos los que estaban caminando por allí. 

Incluidos los que no y que sólo estaban en sus puestos de trabajo. 

Solté un suspiro antes de intentar cerrar la puerta trasera viendo como Car me ayudaba con eso en menos de un segundo. 

Le dediqué una sonrisa a modo de agradecerle antes de correr para poder alcanzar a mi jefe que, como supuse, ya no estaba en el primer piso. Así que en cuanto el otro ascensor llegó a la primera planta del edificio, me subí en el marcando con rapidez el piso donde estaba la oficina de mi jefe. Y una vez que estuve allí, escuché como algo se rompía con fuerza dentro de su oficina, logrando que me quedara a medio camino antes de ver cómo Marga hacia un gesto de molestia. 

—Eso ocurre con más frecuencia de la qué crees —comentó al verme, quitándole importancia a ese hecho—. ¿Esas son sus cosas? —preguntó, señalando lo que traía aún en mis manos. 

—Así es —respondí con calma antes de escuchar como se abría la puerta de la oficina. Mostrando a un señor Torres más tranquilo. 

O al menos eso esperaba.

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¡Ve al siguiente capítulo! ❤️

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