Grace Sullivan:
Luego de procesar el hecho de que él era el hermano mayor de mi jefe, decidí hablar para no volver a quedar mal frente a él.
—Así es señor, soy yo. ¿Necesitaba algo? —pregunté al ver que él no dejaba de verme con suma curiosidad y alegría.
Lo cual me desconcertada un poco porque no había manera de que él y yo nos conociéramos.
—Necesito que venga conmigo —respondió a mi pregunta, lo cual me dejó desconcertada al escucharlo decir eso.
—¿Perdón?
Tan pronto dije eso la puerta de la oficina de mi jefe se abrió, mostrando a un señor Torres despreocupado que solo se dedicaba a leer unos papeles que tenía en mano. Cómo si eso fuera lo único importante para él en ese momento.
—Señorita Sullivan, necesito que vaya con mi hermano para que él le dé unos documentos que necesito—dijo sin siquiera alzar la vista para verme—. Una vez que vuelva dejé los documentos con Marga y vaya a recursos humanos, por favor.
—¿Recursos humanos? —cuestioné, puesto que el día anterior ya me había presentado para hacer toda la papelería.
—Sí —afirmó antes de recordarme que no le gustaba perder el tiempo, por lo que tuve que recoger mis cosas antes de seguir a su hermano hasta su auto.
Una vez dentro del carro todo se quedó en completo silencio. Al menos fue así hasta que él decidió hablar.
—¿Se siente incómoda conmigo? —preguntó mientras leía algo en su tablet, ya que alguien más iba conduciendo por él.
—No, señor —negué, aunque claramente así era.
—Ya veo —se limitó a decir antes de dejar su tablet a un lado, dándome toda su atención en el proceso—. Escuché que, de todas las candidatas, usted fue quien presentó el mejor currículum —empezó a decir—, eso es impresionante, si me permite decirlo, pero no sé si eso le ayudará a sobrellevar el carácter de mi hermano. Porque imagino que ha sabe de su fama, ¿No es así?
Por supuesto que sí lo sabía, pero eso no quería decir que no fuera capaz de hacer mi trabajo.
—Claro que lo sé, y no necesito que usted lo sepa, solo necesito hacer mi trabajo y ya —respondí.
—Bien dicho —felicitó—. Pero mi consejo es que, si en algún momento el trabajo lo está sobrepasando y por ello mismo tiende a ser muy duro con usted, solo debe decirle: Maximiliano cálmate. Verá que con eso se le bajara su humor y será más pasivo con usted.
—No creo que se me esté permitido decirle su nombre de pila en mi horario de trabajo —comenté, lo cual lo hizo suspirar antes de asentir dos veces con la cabeza, recordando ese pequeño pero significativo detalle.
—Tiene toda la razón —cedió—, pero si lo hace verá que él no le dira nada por ello. Tiende a olvidarlo cuando su cabeza se relaja —se encogió de hombros—. Pero igual está en todo su derecho de no hacerlo.
Asentí con la cabeza, dándole a entender que lo tendría en mente.
—¿Puedo saber por qué es necesario que yo venga con usted? —pregunté, puesto que mi jefe no me había explicado la razón y dudaba mucho que me la dijera si le hacía tal pregunta.
Así que al menos podía hacérsela a él, su hermano.
—Claro —empezó a decir—. Usted es su asistente personal, por lo que quiere decir que él confía más en usted que en cualquier otra persona. Por ello mismo, al ser estos documentos sumamente importantes y de carácter personal, usted debe venir por ellos y asegurarse que él los obtenga tal y como yo se los he entregado —me miró—. Y por si se lo pregunta, también es una prueba.
¿Prueba? ¿Acaso estaba en el kinder o qué?
—A mí hermano le gusta probar a las personas para ver cómo son y si debe confiar en ellas o no —explicó al ver la duda escrita en mi rostro—. Pero me atrevería a decir que, según lo que veo, usted es alguien de confianza para él.
Si claro, ¿Cómo podía él confiar en mí cuando a penas me conocía?
Exacto, no podía. Y sí lo hacía, era claro que cometería un grave error porque estaba dispuesta a usar eso a mí favor con tal de acabarlo.
Una vez que llegamos a su empresa, los dos nos quedamos en silencio. Así que me limité a seguirlo por todo el lugar hasta que me diera los documentos que debía darle a su hermano menor, y una vez que los tuve, le agradecí antes de escucharlo decir que su chófer me llevaría de regreso.
Lo cual agradecí pues los documentos que me dio eran muchos y pesaban, así que dudaba mucho que pudiera irme yo sola con la caja en bus.
Pero antes de poder despedirme de él por completo, un señor alto, robusto y sin nada de cabello, apareció. Saludando de forma alegre al hermano de mi jefe, que, al ver de quién se trataba, suspiró con un poco de molestia.
—¡Vaya, miren a quien tenemos aquí! —dijo aquel hombre del que aún desconocía su nombre—. Nada más y nada menos que a Gustavo Torres.
—Cómo está, señor Lim —respondió el señor Gustavo, tomando la mano que el señor Lim le ofrecía.
—Muy bien, muy bien —contestó antes de darse cuenta de mi presencia—. Veo que no estás solo, ¿Acaso es tu novia?
—Por supuesto que no —se apresuró a negar, lo cual agradecí porque, por más que él me fuera atractivo, no quería decir que yo quisiera empezar una relación con él.
Mucho menos que alguien pensará algo que no era cierto.
—¿Es tu nueva secretaria? —preguntó en su lugar.
—Que más me gustaría que así fuera, pero no es así —sonrió antes de verme—. Ya puede retirarse, Raúl la está esperando.
—Espere —dijo el señor Lim, viendo que ya estaba por irme—. ¿Nos hemos conocido antes? —cuestionó mientras examinaba mi rostro con sumo detalle, lo cual me hizo sentir incómoda.
—No lo creo, esta es la primera vez que vengo aquí.
—Y, de casualidad, ¿Nos hemos visto en otra parte? Juraría que he visto su rostro antes… Se me hace familiar —habló mientras pasaba su mano derecha por el mentón, como si eso le ayudará a recordar quién era.
—Me temo que no —negué—, ahora sí me disculpa, tengo asuntos que hacer. Que tengan buena tarde.
Una vez dicho eso, el señor Gustavo se encargó de retenerlo mientras yo me iba. Lo cual agradecí pero lo que también me apareció extraño. Pues era como si él no quisiera que ese señor supiera quién era yo.
Pero la pregunta era, ¿Por qué razón? ¿Por qué él tenía miedo de que el señor Lim supiera quién era yo? No es como que estuviera en peligro, pero quizá se trataba de algo más.
Porque, ¿Acaso el señor Maximiliano estaba en peligro? Si eso era así, solo podía significar una cosa: que yo no era la única detrás de él.
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Deseo Peligroso
RomanceMaximiliano Torres solo tiene dos reglas que debes cumplir si deseas trabajar con él. La primera: Debes hacer todo lo que él te diga que hagas sin oponerte y sin decir nada al respecto. Mucho menos preguntar la razón por la cual debes hacerlo. La...
