Grace Sullivan:
El día viernes llegó con mucha más rapidez de lo que en un principio creí que llegaría. Así que ese mismo día por la mañana respondí el mensaje del señor Gustavo, en el cual me preguntaba si iría o no con él a la cena de esta noche.
Le dije que sí.
Porque aunque sintiera que estaban tramando algo, no iba a hacerme para atrás como una cobarde. Así que cuando el reloj marcó las siete de la noche, observé cómo mi jefe salía de su oficina para poder ir a su casa a cambiarse por un traje más apropiado, dándome la oportunidad de también poder ir a casa para cambiarme y alistarme. Pues según el hermano mayor de mi jefe pasaría por mí a las ocho treinta de la noche.
Por eso una vez que estuve en mi casa, me dí un baño y busqué el vestido esmeralda que estaba en mi clóset, es cual combinaba perfectamente con mi cabello rizado rojizo y que resaltaba mis ojos de color verde, mismo que me había regalado Gu hace unos años atrás. Terminé de colocarme el vestido y me coloqué unos tacones de color negro antes de peinar mi cabello, dejando gran parte del mismo suelto para que cubriera mis hombros por el pequeño destapado que tenía en esa zona el vestido. Luego, al comprobar que eso estaba listo, me maquille sutilmente. Escuchando como el timbre del apartamento sonaba justamente a las ocho treinta de la noche.
Me di un último vistazo en el espejo antes de tomar mi abrigo y bolso para poder salir, encontrándome con el hermano mayor de mi jefe parado a unos cuantos pasos de mí apartamento, quién sonrió ligeramente al verme.
—Esta noche se ve hermosa, señorita Sullivan —halagó, lo que me hizo sonreír ligeramente al ver su intento por seducirme con palabras de ese tipo.
Palabras que no causaron ningún tipo de sensación en mí más que solo un deseo por pegarle un buen golpe en la cabeza. Pero en vez de hacer eso, solo le agradecí antes de tomar el brazo que me ofrecía para poder ir hasta el auto. Mismo en el que ninguno de los dos dijo absolutamente nada, llegando de esa manera hasta la cena de esta noche donde se podía apreciar el dinero que habían gastado en toda la decoración.
El señor Gustavo tan pronto estuvo en la entrada del salón, sonrió abiertamente antes de poner su mano derecha en mi espalda para poder guiarme, cosa que me incómodo pues odiaba que él hiciera ese tipo de cosas sin mi permiso, pero me contuve de pegarle al reconocer a la distancia al señor Lim. Quién, al vernos, sonrió abiertamente antes de caminar hasta donde estábamos, mostrando con su mirada que me recordaba de aquella vez en que fui por unos papeles a la empresa de quién ahora era mi acompañante esta noche.
—Veo que está vez decidiste venir en compañía de una bella dama —dijo el señor Lim, dándome un breve vistazo antes de enfocar toda su atención en mí acompañante.
Mismo que me miró de reojo antes de responderle a él:
—Bueno, dicen que cuando es la indica lo sabes. Pero supongo que usted no me entenderá —respondió, logrando así que el señor Lim lo viera con un poco de malicia ante sus palabras.
—No tengo la culpa de conocer a muchas mujeres —dijo a modo de defenderse antes de darse cuenta de la sonrisa maliciosa que mi acompañante le ofrecía, por lo que decidió cambiar de tema—. Creí que habías dicho que ella no era tu novia ni tu secretaria…
—¿Interesado en mi vida privada, señor Lim? —Cuestionó un tanto sorprendido el señor Gustavo, y de lo haber sido porque me di cuenta de que estaba fingiendo, hubiera creído de que realmente le sorprendía ese hecho.
Y el señor Lim, al darse cuenta de eso, lo miró una última vez antes de verme, dando media vuelta para poder irse hacia otra parte.
—Odio cuando mete sus narices donde no le llaman —dijo tranquilamente antes de avanzar nuevamente, guiándonos hasta una de las mesas que estaban vacías—. Hoy será una gran noche, ¿No lo cree? —Dijo una vez que dejé mi bolso sobre la mesa, logrando que lo viera para ver la felicidad que lo embargaba en ese momento, dándome la intuición de que él estaba planeando algo para esta noche.
¿Qué cosa? Ni idea. Pero también intuía que me daría cuenta en cuanto pasará. O al menos eso esperaba.
—Parece muy feliz por esta noche, señor Torres —dije, logrando que él me viera fijamente antes de que sonriera de lado, apoyando así su brazo izquierdo sobre la mesa.
—Bueno, creo que tengo una razón suficiente para poder estarlo —comentó, dándome una mirada sugestiva que dejaba en claro de que esa razón era yo.
—¿Habla de mí, acaso? —Pregunté como si no lo supiera, viendo la mirada divertida que él me daba antes de que un mesero llegará a darnos un par de bebidas.
Y una vez que estuvimos nuevamente solos, habló:
—¿Cómo es trabajar con mi hermano? —Cuestionó, cambiando de esa forma el tema anterior.
—Es agotador —confesé, porque realmente lo era—. Pero admito que también es entretenido.
—¿Entretenido? —Repitió confuso, como si no lograra entender a lo que me refería, lo cual me dio un poco de risa—. Veo que le parece divertida mi confusión —dijo un tanto indignado, lo que me hizo dejar de reír.
—Lo es —cedí—, pero admito que debe de serlo si nunca nadie dijo algo como eso. Que trabajar para su hermano podría llegar a ser entretenido.
—La verdad es que nunca nadie lo ha dicho, por eso no entiendo la razón del por qué usted dice tal cosa, aunque tampoco me importa mucho —admitió, dándome un guiño mientras bebía de su copa.
—Eso significa que no tengo que darle explicaciones, lo cual es bueno porque tampoco pensaba dárselas.
—Tengo la pequeña sospecha de que no le agrado del todo, señorita Sullivan. ¿Acaso he hecho algo para merecer eso? —Preguntó curioso mientras se inclinaba un poco hacia adelante, dejando así menos distancia entre los dos.
Pero antes de poder responder a su pregunta, las luces se apagaron de un solo. Dándole paso a que un reflector se enfocará en dos figuras, las cuales reconocí después de unos segundos como mi jefe y su prometida, quienes estaban en la entrada del salón captando la atención de todos.
—Esto será divertido —escuché murmurar al hermano de mi jefe, pero no le di mucha importancia cuando noté que la única que sonreía era ella, la prometida de mi jefe. Y cuando también noté que ella tomaba con un poco de fuerza el brazo de mi jefe, quien permanecía sin un gesto en su cara como si ella no estuviera ahí y como si nadie les estuviera viendo, me di cuenta de que él realmente no la quería.
Y si es será el caso, ¿Por qué comprometerse? ¿Solo porque sus padres lo decían?
Las luces se prendieron nuevamente en cuanto la pareja estuvo en su mesa, logrando así que la atención ya no estuviera enfocada solamente en ellos dos. Así que me permití verlos, viendo como él soltaba su brazo del agarre de ella quien lo miraba con un poco de molestia antes de fingir una sonrisa. Diciéndole algo por lo bajo que solo causó que él, mi jefe, la viera con más seriedad que antes.
Claro que eso fue antes de que él me viera y me diera una mirada de sorpresa, generando de esa forma que su prometida se enfocará no solo en mí, si no también en mi acompañante. Mismo que, al ver como ella se acercaba a nosotros, se colocó delante de mí, creando de esa forma una barrera entre nosotras dos.
Pero eso tampoco impidió que ella llegará hasta mí, estampando de esa manera su palma sobre mi mejilla y dejándome confundida al no saber porqué razón había hecho tal cosa. Y como si eso no hubiera bastado, estampó su otra mano en mi otra mejilla, causando que de ese modo ambas fuéramos la atención de la noche.
Porque si creí que podría pasar desapercibida en esta cena, me equivoqué. Porque claramente eso no estaba ni por asomo a suceder.
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Esperen la sorpresa del siguiente capítulo ❤️
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Deseo Peligroso
Storie d'amoreMaximiliano Torres solo tiene dos reglas que debes cumplir si deseas trabajar con él. La primera: Debes hacer todo lo que él te diga que hagas sin oponerte y sin decir nada al respecto. Mucho menos preguntar la razón por la cual debes hacerlo. La...
