Maximiliano Torres solo tiene dos reglas que debes cumplir si deseas trabajar con él.
La primera: Debes hacer todo lo que él te diga que hagas sin oponerte y sin decir nada al respecto. Mucho menos preguntar la razón por la cual debes hacerlo.
La...
Estaba sentada en la banca del parque sin saber a dónde ir. No sabía qué más hacer y no sabía dónde estaba Gu.
Miré las hojas secas del suelo y suspiré viendo mis manos, una lastimada mientras la otra reflejaba mi cansancio. Solté un largo suspiro y me puse de pie, repitiendo en mi cabeza que no era momento de rendirme. Que debía de seguir adelante.
¿Pero qué más podía hacer?
—Tranquila, tú puedes —me dije, Pero ni una parte de mi lo creyó.
Cuando estaba por avanzar mi movil vibró, anunciando la entrada de una nueva llamada.
Fruncí el ceño al no reconocer el número Pero respondí, reconocimiento la voz de Gustavo Torres del otro lado.
Él quería hablar.
Acepté, un poco dudosa de la veracidad de sus palabras, pero lo hice, tomando el primer taxi que me llevo a la dirección que me había enviado. Reconociendo que era la casa de Teo.
Fruncí el ceño al no entender nada y antes de poder procesarlo la puerta se abrió, mostrando al mismo Gustavo frente a mi.
—Entra, es hora de que sepas la verdad —dijo, sosteniendo la puerta para mí.
Mire su atuendo casual y entre, sintiendo cada fibra de mi ser en modo alerta mientras lo seguía. Entrando a la casa pocos minutos después y hallando a Teo, Maximiliano y a una mujer que no reconocí sentados en la sala. En espera de mi llegada.
Ella, la mujer que desconocía su nombre, cambio si gesto por uno de culpabilidad. Lo que me hizo verla con desconcierto antes de escucharla decir:
—Al fin puedo conocerte —dejándome más confundida que antes.
Porque, ¿Quién rayos era ella?
¿Listos para lo que se viene?
No sé olviden de seguirme en mis redes sociales.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.