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1. Captando su Atención.

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Grace Sullivan:

Para muchas personas el hecho de postularse para ser la o el asistente personal de Maximiliano Torres, era como comprar un pase directo hacia el infierno. ¿La razón? Porque Trabajabas varias horas al día, y aunque la paga era muy buena —por no decir excelente— tenías que lidiar con el carácter de tu jefe. Eso sin contar con el hecho de que perdías tu vida social, no recuperadas el sueño perdido y tenías que estar al cien por ciento para realizar tu trabajo y cada cosa que él te pidiera hacer.

Oh, y tampoco podías reclamarle por nada, mucho menos decirle que no querías hacer algo solo porque esto no era de tu agrado. 

Así que sí, cada vez que anunciaban que ese puesto estaba disponible, algunas personas, siendo en su mayoría mujeres, corrían para poder presentar su currículum y ser elegidas. Las razones eran, o porque necesitaban el salario para saldar algunas cuentas pendientes, o porque creían que serían capaces de conquistar al jefe más temido y odiado por todos, eso sin mencionar que era uno de los más ricos del país.

Y otras, siendo un poco más inteligentes, preferían buscar empleo en otras áreas antes que ir y postularse. Y yo, claramente, no siendo ni una ni otra de las opciones que anteriormente mencioné, solo quería optar a ese puesto por una simple y sencilla razón, o más bien; por un simple deseo: Hacerlo pagar por la muerte de mi hermana. 

Sabía que hacerlo significaba sacrificar muchas cosas, pero estaba dispuesta a sacrificarlo todo sin con ello lograba revelar la verdad de lo sucedido. Pero no solo eso, sino también llevarlo a él y a cada uno de los involucrados a la cárcel. Sabía que sería díficil, también era consciente del peligro al que me expondría, pero estaba dispuesta a conseguirlo a como diera lugar. Por ello mismo, estaba aquí afuera esperando a ser llamada para mí entrevista con él. 

Mis manos estaban sobre mi regazo y mi vista estaba enfocada en algún punto de la pared que estaba frente a mí. Y aunque parecía estar distraída, era consciente de todo lo que ocurría a mi alrededor, incluso de como algunas candidatas salían maldiciendo y otras, siendo más exageradas, salían llorando mientras le gritaban que ellas podían ayudarlo. 

Lo cual dudaba, porque alguien como él jamás cambiaría por más que alguien le diera su ayuda. 

—¿Señorita Sullivan? 

Tan pronto escuché mi nombre miré hacia la derecha, viendo como una señora de unos cincuenta  esperaba que alguien se pusiera de pie. 

Miré a las cuatro chicas que aún estaban esperando por su entrevista y sonreí antes de tomar mi bolso y ponerme de pie, dándole una cálida sonrisa a la señora que me miraba con atención. 

—Por aquí, si es tan amable —pidió, retomando su caminar luego de unos segundos. 

La seguí por un largo pasillo antes de llegar a una doble puerta que parecía medir casi dos metros, sino es que más, y luego noté como ella se detenía un segundo para poder verme de reojo. 

—Suerte —susurró, logrando que la viera con un poco de confusión antes de ver cómo abría una de las puertas para mí—. La señorita Sullivan está aquí —anunció, logrando que una áspera voz dijera un "adelante". 

Miré a la señora una última vez antes de ingresar, deteniendo mi andar en medio de la estancia al ver que el señor Torres estaba en su silla pero viendo hacia la ventana. 

—Tome asiento —habló, y aunque no quise hacerlo por su tono de voz que era demandante, termine por hacerlo al recordarme el porqué estaba aquí. 

Una vez en mi asiento él empezó a hacer varias preguntas. 

—¿Casada o soltera? —Fue lo primero que preguntó, lo que me hizo alzar una ceja ante el asombro. 

Deseo PeligrosoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora