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10. La Invitación

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¡Hay un capítulo antes que esté por si Wattpad te trajo aquí!
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Dedicado a danielavolcan ❤️

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Grace Sullivan:

Mi pulso estaba un poco acelerado ante la expectativa de lo que haría o diría mi jefe quien, estando parado en la entrada de su oficina, me miraba de manera fija. Causando que me preguntará si acaso había hecho algo mal. 

Pero yendo en contra de todo lo que pensé que haría, lo único que hizo fue volverse a encerrar en su oficina. Causando que soltara un suspiro de alivio antes de sentir como me temblaban mis piernas. Porque verlo de esa manera no causaba una buena impresión. 

Por no decir que te hacía pensar que no estabas frente a una persona, sino ante un monstruo.

Lo cual podría ser posible si vemos lo que le pasó a mí hermana. 

—Dale tiempo —aconsejó Marga alzando la vista de lo que sea que estaba haciendo—. Solo haz tu trabajo y dale tiempo para calmarse. Conforme pase el tiempo verás como ya no te afectará. 

Y aunque sus palabras me tranquilizaron de cierta manera, lo cierto es que también me hicieron pensar en eso que dijo. Porque, ¿Debía acostumbrarme a esto? ¿A ser tratada así solo por su mal genio o por lo que sea que le dijeran o hicieran sus padres? Claramente no. Pero no me quedaba de otra si quería lograr mi objetivo. Así que yendo en contra de mi impulso por tomar mis cosas y renunciar, y decirle que era un mal nacido, avancé hasta mi escritorio dónde dejé las cosas de mi jefe y las mías para poder hacer lo que Marga me había dicho que hiciera: trabajar. 

Unas horas más tarde todo estaba en silencio. Incluso parecía que nadie estaba adentro de la oficina del señor Torres por el silencio que había. Y aunque eso me hacía olvidar que él estaba ahí, en su oficina tratando de calmarse, el ver sus cosas sobre mí escritorio me hacían recordar que, en efecto, él estaba ahí adentro. 

Para cuando terminé de hacer todo mi trabajo observé que Marga no estaba en su puesto. Tampoco lograba ver a nadie más cerca, por lo que tuve curiosidad por ver lo que estaba en el maletín de mi jefe. Y aunque esta parecía ser la perfecta oportunidad para averiguarlo, me contuve al pensar en que ocurriría si él salía y me veía hacer eso. 

Lo más posible es que fuera despedida. Así que cuando el mensajero de la compañía llegó a dejar el correo, aproveché a ver si había algo que pudiera ayudarme a ver su maletín. 

Y vaya que si lo había

Era una especie de invitación muy elegante, lo que mostraba que era importante. Y como mi jefe aún no salía de su oficina y tampoco nos permitía entrar al tener la misma bajo llave, pensé en guardarlo en su maletín y que él lo viera después.

Total, solo me quedaban menos de veinte minutos para poder irme a mi casa. 

Así que tomando su maletín, y tomando de igual forma la invitación y un sobre lleno de papeles, me dispuse a ver el contenido de su bolso. Hallando que solo tenía eso, papeles. A excepción de una pequeña caja de terciopelo azul donde parecía tener guardado algo. ¿Qué cosa? Ni idea. No podía saberlo al ver que la caja no se abría. Lo que si encontré fueron varios juegos de llaves, lo que llamó mi atención pero que no me sirvió mucho porque no sabía para que servían cada una de ellas. Ya que nunca lo había visto usarlas aquí en la oficina ni en ninguna otra parte. 

A excepción de las que le dio a Marga. 

—¿Qué cree que está haciendo? —Preguntó alguien detrás de mí, logrando que me sorprendiera un poco antes de voltear y ver que se trataba de él. 

Mi jefe.

—¿Qué más cree que estoy haciendo? —respondí con otra pregunta, terminando de acomodar el sobre dentro de su maletín—. Le han llegado algunos documentos que al parecer debe revisar y firmar, y una invitación para lo que parece ser una cena —expliqué, viendo como él me veía un poco desconfiado antes de tomar su maletín y revisar si era verdad lo que le decía o no. 

—¿Hace cuánto llegó esto? —preguntó mientras abría la invitación. 

Miré el reloj antes de responder. 

—Hace como diez minutos. 

—¿Y por qué no me lo dio personalmente? —dijo mientras alzaba su ceja derecha, viéndome fijamente a los ojos. 

—Porque dentro de poco es mi hora de salida y usted no parecía dispuesto a dejarme entrar a su oficina, ¿O me equivoco? —dije en un tono igual al de él, duro pero sin llegar a lo grosero. 

—Puede irse —cedió después de unos segundos antes de tomar su saco y caminar hasta los ascensores, causando que mi corazón dejara de latir con mucha rapidez. 

Para cuando terminé de recoger mis cosas me di cuenta de que tenía varias llamadas perdidas en mi móvil. Cinco de ellas eran de Gustavo que, de seguro, era para informarme que llegaría tarde a la casa. Y las otras dos eran de mi padre. Así que decidí llamarle a él en vez de a Gu. 

Luego de los tres tonos respondió:

—¿Grace, eres tú? —cuestionó, causando que me quedara por unos segundos quieta antes de ingresar al ascensor. 

—Hola, papá —saludé, escuchando a lo lejos un poco de música—. ¿Estas con mamá ahora? 

—No, no. Solo estaba viendo unos vídeos de tu hermana —explicó, y aunque sé que no lo dijo con la intención de ponerme triste, no pude evitarlo al escuchar la risa de mi hermana a través de la línea—. Lo siento, yo no quería… Es solo que… 

—No tienes que disculparte por nada. —Me apresuré en decirle, logrando que se quedará callado por unos segundos—. Siempre es bueno recordar a los que ya no están con nosotros. 

Y eso era lo que yo hacía cada día: recordarla. Gracias a mi trabajo y a mi jefe. Y aunque no eran recuerdos muy gratos que digamos, me ayudaban a tenerla presente. 

—¿Vendrás mañana? —preguntó, dándome a entender que ya no quería hablar más sobre ella. 

Lo cual acepté sin ningún problema. 

—Sí, estaré allí a eso de las nueve —aseguré mientras salía del ascensor viendo que solo quedaba el guardia de seguridad en la primera planta. 

—Perfecto. Entonces me aseguraré de hacerte el desayuno. —Una vez que dijo eso y luego de despedirnos, me apresuré en salir de la empresa para buscar un taxi que me llevará hasta mi edificio. 

Y para cuándo lo encontré, noté que un auto negro con vidrios polarizados estaba a unos pocos metros de mí. Avanzado lentamente conforme yo lo hacía. 

Fingí no verlo y tomé el taxi, rogando que solo fueran imaginaciones mías y que eso no fuera verdad. Pero al ver que el mismo auto se estacionaba a pocos metros de la entrada de mi edificio, supe que esto iba enserio. 

Me estaban siguiendo. 

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