Grace Sullivan:
Cómo en un principio lo supuse, pasaron varios días sin tener ni una sola llamada o noticia sobre él. Pero luego de una semana me enteré que ya tenía una nueva asistente, y aunque por un momento me moleste al creer que había fracasado, eso cambió al saber que en menos de dos días su nueva secretaria estaba despedida.
Y así siguió siendo durante dos semanas seguidas. Sabía que no tardaría en recibir una llamada por su parte, y también sabía que la razón de cada despido era solamente para tener una excusa válida para poder contratarme. Ya que las 10 asistentes que iban en estas 2 semanas eran de las que se habían presentado para la entrevista. Así que sabía que tarde o temprano le tocaría llamarme para decirme que tenía el puesto.
Y todo solo para saciar su curiosidad sobre mí.
Miré el reloj que marcaba las diez de la mañana y sonreí antes de ver a través de la ventana de mi apartamento, sintiendo la mirada de Gu sobre mí.
—¿Estas segura de que al menos te llamará? —preguntó dudoso, como si no creyera en lo que le había dicho.
—Lo hará —Aseguré.
Gu suspiró con pesar.
—Solo digo que ya han pasado dos semanas, sino es que tres, y no hay una señal sobre él…
—El gato y el ratón —dije, logrando que Gu dijera un: ¿Qué? Al no entender lo que decía—. Mi hermana me dijo que a él le gusta jugar al gato y al ratón.
—¿Y se supone que tú eres el ratón?
—No. Él sabe que el ratón siempre logra burlarse del gato. Una y otra vez, lo hace. Por lo que él cree que yo soy el gato, tratando de cazarlo a él.
—Eso no tiene sentido.
—No debe tener sentido para ti ni para mí, solo para él —me encogí de hombros antes de dar media vuelta y verlo con el cabello revuelto—. Creí que dijiste que ibas a pintar tu cabello y que lo ibas a cortar. ¿Por qué aún lo tienes así?
—Porque me gusta más tenerlo negro y largo —dijo simple—, además combina con mis hoyuelos, mi tez pálida y mis ojos de color negro —sonrió—. Soy como un galán de la televisión.
Cuando estaba por responder a lo que había dicho, el teléfono del apartamento sonó, anunciando que había una llamada.
—¿Crees que es él? —Cuestionó curioso, a lo cual no supe que decirle pues bien podía ser alguien más.
Al contestar, tuve mi respuesta.
—¿Diga?
—¿Hablo con la señorita Sullivan? —preguntó del otro lado una voz masculina, la cual reconocí a la perfección.
—Sí, ¿Quién habla? —dije, haciéndole creer que no reconocía su voz cuando claramente sí lo era.
Por unos minutos la línea se quedó en silencio.
—Maximiliano Torres —dijo con un tono de fastidio.
Sonreí antes de responder.
—Buen día, señor Torres —saludé—. ¿Necesita algo? Voy de salida hacia mi traba… —sin poder terminar de hablar, él me interrumpió.
—Tiene el puesto. Si lo quiere, la espero aquí a la una de la tarde.
Dicho eso, colgó.
Miré un poco atónita el teléfono antes de ver que Gu estaba a un lado de mí, en espera de que le dijera lo que ocurría.
—Tengo el puesto —anuncié, lo cual hizo que mi amigo me viera con asombro.
—¿De verdad? —dijo incrédulo—, ¿Cuándo debes presentarte?
—Hoy a la una.
—¿Y qué piensas hacer?
—Enseñarle quien es el verdadero ratón —dicho eso, sonreí, sabiendo que ahora empezaba a tener más cartas a mi favor.
Por eso a la una menos diez estaba sentada afuera de su oficina en espera de que él me atendiera. Quien, luego de unos cinco minutos, salió de su oficina en compañía de la misma señora que se encargó de llevarnos hasta su oficina para la entrevista anterior.
Escuché como él le daba unas indicaciones sobre unos papeles y luego escuché como se reía antes de decir un: "Como lo supuse". Así que asumí que se refería a mí, pues desde donde él estaba no podía verme ni yo a él, pero sabía que se trataba de él por su voz.
Eso, y porque en esa área solo estaba su oficina y la de la asistente y secretaria.
—Señor, su cita de la una lo está esperando —le dijo la señora, lo que me hizo sonreír de solo imaginar su expresión.
—¿Cita de la una? —cuestionó confuso.
—Sí, su nueva asistente le ha estado esperando —respondió.
—Marga, ¿Por qué no me lo dijo antes?
—Usted dijo que le avisará cinco minutos antes de la hora acordada —le recordó.
—¿Me estas diciendo que la señorita Sullivan me está esperando? —susurró, o al menos eso trato porque fui perfectamente capaz de escucharlo.
Así que, poniéndome de pie, caminé hasta el pasillo donde ellos dos estaban y sonreí al ver su vista fija sobre mí.
—Buenas tardes, señor Torres —saludé, viendo como por un minuto me miraba con asombro antes de que su mirada cambiará por una de completa curiosidad y deseo.
Pero no del deseo físico, sino más bien del deseo de saber más sobre mí al ver que hacía todo lo contrario a lo que él esperaba que hiciera.
Y en ese momento, en ese justo momento donde me miró de esa forma, supe que me sería fácil tenerlo comiendo de mi mano. Pero algo me decía que debía tener cuidado, porque por más que él pareciera ser un libro abierto, sabía que habían algunos capítulos de su vida que estaban escondidos. Y si quería tener éxito, debía descubrir a como diera lugar esos capítulos.
Porque ellos de alguna manera serían su destrucción.
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Muchas gracias a todos por darle una oportunidad a este nuevo proyecto. ¡Espero les guste! ❤️
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Deseo Peligroso
RomansaMaximiliano Torres solo tiene dos reglas que debes cumplir si deseas trabajar con él. La primera: Debes hacer todo lo que él te diga que hagas sin oponerte y sin decir nada al respecto. Mucho menos preguntar la razón por la cual debes hacerlo. La...
