Capitulo 40
Julieta POV
Era consciente de tres cosas, el balanceo que hacia mis converse colgados en mi mano derecha, la caricia de la arena mientras los dedos de mis pies se hundían en ella, y mis ojos clavados en el movimiento tranquilo del agua del Rio Paraguay.
Pero a pesar de las tres cosas que era consciente, había algo más de la que no solo era consiente si no también era una sensación o un sentimiento clavado en mi corazón. En ambos casos dolía.
Estaba utilizando la Costanera de Asunción como refugio, literalmente. Estaba caminando a la orilla alejada de las pocas personas que había en la explanada. Desde mi lugar podría observarlas inclinadas sobre el barandal que bordeaba el lugar.
Pero yo quería estar sola.
¡Cuando me di cuenta que estaba enamorado de ti! Lo único importante para mi eres tú.
Te amo.
Las palabras llegaron a mi mente como si el viento que soplaba las hubiera traído. No importaba cuán lejos me iba, el seguía allí.
No podía olvidarme de aquellos ojos azules ni por un segundo. De las palabras, de los recuerdos… y de la mentira.
¿Cómo podría confiar en él de nuevo? ¿Cómo volver a poner mi corazón en sus manos? Si él fue capaz de estrujarlo hasta dejarlo seco.
Todos mis pensamientos giraban alrededor de un mismo eje. Mientras no tuviera la cabeza fría no podría centrarme o tener el valor de enfrentarlo, ese valor solo vendría con el tiempo. O bueno eso esperaba.
Sentí algo frio caer en mi frente. Levante la mirada al cielo, el gris nebuloso me devolvió la mirada como si en ellos estuviera reflejado mi rostro con una expresión llena de amargura, dolor y decepción.
Ni siquiera me había dado cuenta del mal tiempo. Otra gota cayó en la comisura de mis labios. Tenía que irme, pero la perspectiva no era buena. No me apetecía ir a casa, enfrentar a todos y saber cuánto me había equivocado. Pero no podía esconderme. Yo, Julieta Montero no se escondía de nada.
Era momento de irse.
Camino tratando de no pensar en nada. Sacudió sus pies y se puso de nuevo su converse.
Subió la pequeña escalera y empezó a caminar.
-Me alegra saber que todavía te conozco.
Me quede en silencio, ni siquiera me voltee, no necesitaba hacerlo para saber quién era. Su voz lo delataba.
-Julieta… -susurro, sentí su manos en mi hombro y me voltee lentamente ante su presión.
La expresión de mi amigo hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas. Antes de que el hablara yo lo hice:
-Abrázame y no digas nada –susurre, lo escuche suspirar y en segundos sus brazos me rodearon, hundí mi cabeza en sus pecho luchando con las lagrimas.
-Tranquila –susurro acariciando mi espalda- Estoy aquí, contigo.
Y yo se lo agradecía.
¿Por qué los abrazos querían hacerte llorar más?
Nos quedamos allí abrazados, bajo el cielo gris sin medir el tiempo.
No era lo mismo que abrazar a Nicolás, nunca lo seria. Pero él me hacía sentir reconfortada, como si sintiera la seguridad de que no me dejaría caer.
-¿Estas mejor? –susurro. Me aleje de él, mucho más tranquila. Lleve mis palmas secando las pequeñas lágrimas que se habían corrido.
Asentí.
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Lo Que Nunca Pensé
RomanceSi a Julieta Montero le hubieran dicho que se enamoraría de un arrogante y mujeriego como Nicolás Sanders, se hubiera reído en su cara. ¿Cómo amarlo? Si ella lo odiaba. Pero la vida da tantas vueltas que nunca se sabe lo que pueda pasar, y efectivam...
