M I R E M O S L A L U N A
No me gusta fingir estar bien y esconderme. Forzar una máscara de felicidad inventada.
Mejor es la tristeza que la risa.
Ella, aquejadora y luctuosa, extiende su mano dispuesta a que aborde el fluctuante oleaje. Es paciente. Dice que puede darme tiempo pero, ¿y si nunca estoy lista para ese embarque?
Es aterrador pensar que un día, por fin, consiga ponerme esa máscara. Cómo si hubiese sido tan cobarde al creer que no había otra salida.
Tantas personas convertidas en mentirosas expertas. Ante la vida y sus constantes lecciones, la sociedad y su dureza, ante ellos. Eso último es mas difícil si al finalizar el día te ves como eres, y al quitarte el antifaz, todo lo triste sigue allí.
A la luz del día feliz, y por dentro, en ese amasijo rojo palpitante, oscuridad. Evadir esa cisura traerá grave dolor.
¿Quién no quiere una felicidad real?
Me digo que es mejor mantener la sonrisa interna.
Traté de no tener un resbalón pero, heme aquí, embarrada en una situación bizarra y no por gusto propio. Son consecuencias.
Las esquinas protegen de los terremotos, o eso me dijeron en la capacitación escolar que recibí a los diez años.
Fue lo primero que recordé al momento que vi las intenciones de la chica que comenzó a insultar. Fracasé por completo. Me encerró, y yo tampoco procuré salir de ese inminente desastre.
Hace como medio segundo que todo estaba bien y ahora solo aprecio la vena colérica y rabiosa que resalta en su frente—. Eres repugnante —grita, lo demás no logro comprenderlo.
No entres apresuradamente en pleito.
Desmoronarse no esta permitido. Lo único que puedo hacer es dejarla que se desahogue, ya que si me muevo, algo se va a derrumbar.
Existen miles de personas en el mundo que han dado libertad a la creatividad, escondiendo sobre una chica encantadora que se enamora de un ser totalmente engreído. La descripción es algo como: sentimientos igual de duros que una roca, antipático con cada ser vivo y que se refugia en su mal carácter; sin olvidar que es guapo. La realidad es que han distorsionado un poco las cosas.
En dichas historias es esencial el personaje odiado, el obstáculo para que la protagonista sea, ¿feliz? El hecho de que se diga ser amiga de ese sujeto, la convierte en la chica mala, ya que piensa que cosas muy interesantes suceden entre ellos.
Esa historia no es de mi agrado si la villana soy yo. Y no es preciso que yo me defina así. —Eso sería penoso—. Ese papel el mundo me lo da, casi estampándomelo en el pecho, obligándome a que lo tome. Porque es todo lo que quedara. Y no es cierto, esa palabra no me define en lo absoluto. Quizá podría ser algo peor.
Por ahora, solo pienso que no es vergüenza hacer lo correcto. Daniel también vivía en un mundo nuevo, y no le importó que hasta le cambiasen el nombre.
Él sabía quién era realmente.
Aprendió historia—¡Cómo en la escuela!— E idiomas. Pero habían determinadas cosas prohibidas. Una raya de la cual no podemos pasar.
Entenderlo me da paz. Digo, pese a todo lo que soy y los efectos putrefactos del pecado, sigo aquí por su misericordia. La misma que me detuvo de ir a lo bajo.
Incluso cuando las palabras de: —«No le des importancia a lo que dicen de ti»—, son esparcidas. La certeza corre al vacío en el momento que no tienes claro porqué camino o brecha vas. Les prestas atención y lo aceptas, dejando que te marquen. Eso sucede con insistencia en el instante que decidimos retroceder.
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RUTA 27 | ✓
Kurgu OlmayanPude contar la estrellas en el infinito. La melancolía de dejarte, se desvaneció. El majestuoso atardecer abriría una ruta para recordarte que "fuimos uno". Él fue la lluvia que se esparció sobre la sequedad de nuestros corazones; jamás te dejará, e...
