• CAPÍTULO EXTRA

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L L U V I A





T E C H O S    D E     C A R T Ó N



Las mujeres bonitas tienen más oportunidades. Eso se dice mamá cada que se encuentra retocando el rostro con una doble capa de polvo compacto; pero no es más que una repetición de algo vacío y hueco que viene de generaciones pasadas. Incrustan esas palabras en sus mentes como si fuera la verdad absoluta, como si no tuvieran una mente para pensar.

O, astutamente, les hacen creer que no tienen una.

Que los estándares de belleza son importantes para poder triunfar. Qué ni por equivocación crean que serán algo importante en una sociedad que las tachó desde su nacimiento.

Que ir a la universidad no es siquiera alcanzable.

Hace no mucho, conocí una historia que me atrapó de inmediato. Jovencitas que eran preparadas, ilusionadas para que un rey las eligiera. Pero una sola, no tenía sus ojos en lo terrenal. La elegida, para un propósito específico. Para honrar al verdadero rey.

Es curioso que el nombre de Dios no se mencioné en todo el libro, pero de alguna forma desde que leí la primera línea hasta la última tuve la certeza de que estaba presente.

Maravilloso sería que esa fuera la historia de todas las mujeres en mi familia. O del resto. Pero si no, que sentido tendría.

A ellas en lugar de personas, les hacían creer que eran ganado, carne que debía ser preparada para que el mejor postor las comprara.

Que olvidarán que eran mujeres, sus nombres y sus propios sueños, si es que les daban tiempo a tenerlos. Al abandonarlas, el sentimiento de no ser valiosas crecía sin consideraciones.

El canto armonioso de una jauría de pájaros pide insistente mi atención. Estiro la cabeza un poco fuera de la ventana, no hay nada, más que un par de tenis colgando del alambrado eléctrico.

¡Estoy enloqueciendo!
¿Eso no es malo?

—Luvy —La voz de mi madre viene de lo que podría denominarse sala.
Allí esta de nuevo, después de decepcionarse con lo que el espejo le refleja. Pasándose la yema de los dedos por el rostro queriendo sentir una piel aterciopelada.

Líneas de expresión. Arrugas, canas inexistentes reapareciendo porque el tinte no surte el mismo efecto.

Se lo he repetido. «Mami, eres hermosa». Ella me da una respuesta que al principio es un resoplo, seguido a eso, sonríe. Una sonrisa moribunda que pretende esconder lo que piensa.

«Estoy envejeciendo», se reprocha.

En los pequeños detalles, hay que poner a Dios primero. En la vida misma. Allí se podría dar cuenta que eso no es más que una bendición. El poder llegar a viejo. Más si vivimos por rumbos que las noticias catalogan como peligrosos.

Gloria sea para ti, Dios mío. Nos has cuidado.

—Hola, mi amor. Al salir del trabajo pase por tu panadería favorita y,  ¿sabes qué?

Termina por secarse el cabello con la toalla de estampados ya borrosos.

—¿Estaba cerrada?

RUTA 27 | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora