U N D E S E O
—Yo sigo buscando mis ganas de vivir.
—Puedo darte las mías.
—En realidad, no las quiero.
—Ya se, quieres un abrazo —sentencia—. Verdad que sí, Klairy.
Perder valiosos minutos a diario por las mañanas, no es novedad. Pero batallar para que me deje ir a clases es demasiado. No hablo de los chicos a mis lados. Sino del viejo casillero.
Condenado quita-tiempo.
—Ajá —suspiro con fuerza.
—Acepto tu abrazo solo si prometes que será tan fuerte que me dejará sin respiración.
Le lanzo una mirada incrédula al ser limón-agrio parado a mi derecha.
La capucha de la sudadera le cubre parte del rostro, ya que se mantiene cabizbajo. Estoy segura de que le sucede algo. Debe sentir mi mirada al acecho, pues alza la cara mas no hay expresión alguna.
Esa diminuta arruga que se presenta en su entrecejo, no demora nada y sus espesas cejas terminan por alinearse. Tuerce el lateral de la boca y sin siquiera moverse, alza la mano y le propina un leve golpe al casillero, el cual cede a abrir.
—De nada —susurra, refugiándose otra vez bajo la capucha.
—No le hagas caso, solo bromea —objeta el chico a mi izquierda, intentado ser optimista.
—No lo hago —Canturrea entre dientes—. De verdad quiero ese abrazo.
Sacudo la cabeza, demasiada afligida. A continuación, me encargo de sacar los materiales y el libro para la siguiente clase.
—Por mi bienestar voy a creer que solo nos quiere asustar —susurra Brays.
Utilizo la rodilla como soporte de la mochila. Ordeno todo y al mismo tiempo veo de reojo a Brayson. Se mantiene derecho, con una contagiosa actitud alegre y por razones que comprendo, también nervioso.
Timothy, o como en ocasiones lo llamamos por preferencia: Paxon; se ve mas desvelado de lo, tristemente, normal.
—Klay-klay —Brays menea mi hombro, en busca de atención. Detengo mi crisis y le otorgo lo pedido—¿Me vas a ayudar?
—Ella no lo hará —interviene Pax, un poco más enérgico.
—¿Cómo que no? —Me sostiene la mirada—. No le hagas caso, Klairy.
Esos ojos dorados son todo dulzura. Pero debo resistir y hacerlo por su bien.
—Pax tiene razón, Brays. —Cierro el casillero, e intento explicarle que no es una buena idea. Hago uso de un tono pacifico—. No terminará bien.
Deslizo el cierre de la mochila, y al finalizar, la cuelgo en mi hombro. En segundos, oigo la bocanada de aire que Brayson toma.
ESTÁS LEYENDO
RUTA 27 | ✓
Non-FictionPude contar la estrellas en el infinito. La melancolía de dejarte, se desvaneció. El majestuoso atardecer abriría una ruta para recordarte que "fuimos uno". Él fue la lluvia que se esparció sobre la sequedad de nuestros corazones; jamás te dejará, e...
