• CAPÍTULO 15

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AL    F I N A L    L L E G A S T E

Estuve reteniendo el aire desde la primavera. Hoy, tras la llegada de un posible invierno frígido, lo puedo dejar escapar.

El “trac- trac” de las zapatillas es el sonido profundo y atascado por todo el largo pasillo. En otra pequeña pausa se abastece mi valor. Echo a andar los pies, apretando las manos en torno al cuadro.

Se llegó el día; estamos por finalizar el curso y tomar las vacaciones de invierno. La profesora estará recibiendo los proyectos finales y tras la insistencia de mi increíble progenitor, decidí pasarme por el primer día de entrega. Y
sinceramente, poner en práctica la  responsabilidad no vendría mal.

Me las ingenio para poder tocar la puerta y esperar la orden que me conceda el permiso de entrar.

Instantes después la recibo.

Tras ese elegante pero descuidado escritorio, un par de ojos afilados chocan con los míos, dando la invitación. Siento, que bajo voluntad propia, me dirijo a la horca.

Trago grueso.

La educadora vuelve la vista a la tableta sobre el escritorio, por lo cual me alegra que ignore trágico que es el haberme quedado sin voz al  pretender saludar; corrijo mi imprudencia de inmediato.

—Buenos días, profesora Holt.

—Buen día. —dice y tan pronto como repara en mi entrada, la somnolencia se le espanta. Frunciendo las cejas, ojea el reloj de pared y corrobora—. Qué madrugadora es Señorita Brennett. Supongo que esta aquí por la entrega de proyectos. —Con las manos recargadas en el borde de la mesa se impulsa hacia atrás, dejando todo un desorden volando por los aires. Tiene esa actitud pasmada, y consigo que ese par de ojos se asimilen a un agujero negro—. Por la hora pensé que solo estaríamos Richi, mi hija y yo —chista por lo bajo—. Es gratificante verla.

El termo eléctrico recién sellado indica que acaba de llegar.
También porque todo se encuentra demasiado “ordenado” al tratarse de un ser remotamente peculiar.  Omitiendo las hojas que siguen cayendo al suelo. 

—El crédito es de mi padre —acomodo el cuadro sobre mi área creativa, ajustando la tela que lo cubre. Es un caballete que, idéntico al que tengo en casa, le he tomado aprecio por su gran esfuerzo en soportar un año más. Eso de resistir no ha sido sencillo. Le doy una última mirada de despedida—. Y tiene razón, vine a entregar el proyecto.

RUTA 27 | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora