• CAPÍTULO 06

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B A R Q U I T O    D E    P A P E L


A punto de anochecer.

Por las ventanas abiertas se filtra el viento templado. El cielo con una tonalidad oscura y brillante; ni por asomo se ve que caerá una gota de lluvia y tal parece que la niña no es feliz con esa noticia. Lleva puesta una capa roja, y sus botas moradas desentonan con el atuendo. Tiene la mano extendida y la vista al cielo, sin dejar atrás que su otra mano sostiene un barquito de papel.

Lleva un largo rato allí.

—¿De verdad no saldrás hoy? —repite papá después de un rato—¿Es viernes por la noche?

Lo hace por molestar. —lo ha preguntado un sinfín de veces con ese tono sugerente y divertido—. Él mismo me ha dicho que no tengo permiso de salir por las noches. Pero quiere ser el padre interesante.

Para mí ya lo es.

Además, me desespero rápido.
¿Qué hay que ver en la calle? Quizá lo único que conseguiría sería un resfriado.

¿Por qué tengo pensar así de deprimente? Puedo, sin demasiado esfuerzo, visualizar mi cuerpo tendido en la cama compareciendose de sí mismo.

Rechacé varias invitaciones —me vuelvo hacia él, sonriente—. Lo que sea por pasar tiempo de calidad con mi padre.

Un atisbo de sonrisa se aprecia. Sus iris gises me contemplan como si fuese lo más lindo que le he dicho. No lo culpo. Últimamente he reprimido  decirle lo mucho que lo quiero.

—Me alegra oírte decir eso —pese a su tamaño y dura forma de hablar, se ve adorable haciendo un mohín—. Juntos contra todos. Hasta que yo sea viejo y, tú, una adulta malhumorada.

Se acerca con el puño extendido, me encojo de hombros y hacemos el choque de puños. —malhumorada ya eres, con eso es suficiente—susurra, alejándose.

¿Me ha pedido que no me exceda? Si que tiene su encanto.

—Espérame —pide, entrecierro los ojos y cuestiono en silencio—. Debo realizar una llamada —explica demasiado feliz—, yo si debo cancelar unos planes. Ya vez lo que hago por pasar tiempo con mi linda hija.

La pena surcando en su ojos no me la creo. Lo ha dicho como si tuviese piedad de mí y va a cancelar sus "divertidos" planes, por lástima.

—Si crees que voy a caer con eso —cuadro los hombros y afianzo mi postura—, te equivocas.

—Me gusta que mejores tus habilidades —su rostro cambia de manera drástica. Cruza los brazos por detrás de la espalda y no necesita endurecer su mandíbula, lleva rato viéndose así.

—He tenido un magnífico entrenamiento.

Comprendo el porque repetía la misma pregunta. —me doy un cabezazo contra algo no tan duro como una pared; mentalmente, claro—. Papá estaba poniendo a prueba mi paciencia.

—Que te puedo decir —frunce los labios hacia abajo y oigo ese tono de fingida humildad—. Tienes la suerte de tener un glorioso, maravilloso y estupendo entrenador. Y como bonus extra, es también tu sorprendente padre.

¡Cuántos reconocimientos en una sola oración!

—Mi padre —repito y mi simpleza le causa una pequeña desestabilización.

Me advierte con el dedo de no seguir, y segundos después sale con pisadas firmes. Giro sobre mi eje. La figura de papiroflexia parece haber sido hecha con una hoja de periódico, si recuerdo mejor, en su originalidad era una hoja en blanco que ha sido llena de miles de palabras chuecas, escritas en su propio lenguaje.

RUTA 27 | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora