• CAPÍTULO 01

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S E P T I E M B R E  | 2 0 1 7

 

Me disculpo por los errores de ortografía que puedas encontrar; sobre los personajes, debes saber que no son perfectos, simplemente les estoy dando mi mejor esfuerzo de vida, que mis dedos cuenten su historia, ya que no dejaban en paz mi mente, *eso se leyó raro*.

               

  



  P A L E T A    R O J A












—Te odio por ser como eres.

Mantengo el paso estable sobre las líneas amarillas, justo en el centro de la solitaria carretera.
Al sonido ensordecedor del avión que surca el cielo, lo acompaña el rugido del viento que arrasa con desfiguradas ideas.

Alzo la mirada de apoco, encontrándome con el cuadro que empieza a tomar forma desde el horizonte. En ese azul luminoso.

Puede apreciarse como el pintor traza los primeros pincelazos que darán esplendor al ocaso. Es una gama de colores amarillentos y violetas en tonos bajos. Su calidez es imposible de pasar por alto, sabe que será una obra emblemática.

La concentración falla, haciéndome tambalear y perder el rumbo. En respuesta, expulso un rechistido. Quiero orientarme en otra cosa menos en la catástrofe que esta a punto de explotar. Vengo contando los pasos y rememorando palabras positivas que no han servido de nada.

Ya debería saber que esas palabras psicológicas no sirven para nada.

—No te entiendo —digo, frunciendo las cejas.

Aunque hoy sería mas como: no entiendo a la humanidad por ser como es. Eso sería.

Las nubes pomposas forman figuras con ese sonrosado sobre ellas.
Pisadas estables vuelven a las líneas rectas. Respiro hondo y al segundo que tambaleo, mis pies vuelven a fallar, pierdo el equilibrio y salgo del trayecto que me había obligado a seguir.

Refunfuñando, me dispongo a iniciar.
Aspiro hondo. Suelto el aire.
La intención empieza a ser concebida.
Estoy por hacerlo pero, algo lo impide. Deja de tener sentido y no lo puedo permitir. Si no mantengo la mente ocupada, esos destellos de vulnerabilidad vendrán a saciarse.

El mundo aconseja que abracemos nuestros demonios. Que ellos no nos quieren dañar; eso es un engaño.

En resultado del impaciente enojo, doy una patada a la nada. Antes de continuar, verifico que no haya otro ser humano que salga corriendo al escucharme. Insegura, me guardo la exclamación.

Una oportunidad no se debe desaprovechar y ya que no hay nadie visible conmigo, puedo sacar mi enojo.

Yo creo que se ríe de lo incomprendida que me debo ver.

Entorno los ojos al rayo del sol que se atraviesa. tal acción me ayuda a sopesar lo antes dicho. Refuerzo mis pasos y pienso en disculparme mentalmente con Dios. Pero él ya me escuchó—¡Qué vergüenza!—. Jamás se va. Quisiera verlo como si me diese mi espacio. Pero a veces camina a mi lado tan callado que pienso, ya se ha ido.

RUTA 27 | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora