L A C U R I O S I D A D D E L OS
S U C E S O S
El amor de Dios.
Fares me platicó que cuando se estudia una estrella, no la vemos tal como es, sino, lo que fue y la luz que dejó tras de sí.
Las estrellas se enfrían.
Pierden su brillantez.
Algunas pasan por un período de oscuridad y dejan de producir energía, apagándose por fin, con una explosión.
Tras esas catástrofes luminosas puede resurgir vida o, dependiendo de ciertos componentes, un agujero negro.
Mi interés fue masivo.
Es difícil calcular la distancia de cada astro que se halla en el vasto universo, pero se puede.
Aunque para los hombres será imposible culminar esta ambiciosa idea.
Pero Dios ya tiene ese cálculo exacto.
Antes pensaba que no lo quería saber.
Mi interés no era mucho.
Fue entonces que oyendo a Fares, entendí la conclusión.
El amor perfecto de Dios. Lo que la biblia dice; relatando más que palabras para llenar nuestro corazón.
Describiendo el espacio desde la cúspide, hasta el fondo. Hace uso de un término astronómico para decirnos que nada en este camino de la vida podrá separarnos de ese amor.
... Ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo.
Nunca existirá distancia que nos separe.
¿Quién me separará de su amor?
¿Peligro o espada?
No pueden hacer ya nada. Somos más que vencedores; hemos conquistado por completo.
«Te digo, no es efecto Mandela».
«Lo imaginé, Malvavisco».
Escuchar la risa de Fares tira de algunos de mis nervios, desatando un desenfreno de latidos. Colisiona sin esfuerzos, porque apenas y la oigo pero, lo hace. Lo que, al sacudir la cabeza y decirme: ¡¿qué sucede?! Vuelvo en sí para ser consciente de por dónde vamos.
Es que de pronto, al culminar la charla e ir sumidos en la delicadeza de lo oculto, la familiaridad de este camino se me hizo tan acogedor que fue necesario detenernos.
Algunos aspectos recrearon, muy dentro de mí, escenarios repentinamente tristes.
El comentario sobre ese efecto no fue dicho más que para bromear.
No creo en esas conspiraciones; no obstante, tuve un vacío repentino de memorias. Nada ayudaba porque no tenía una descripción detallada
Fares esperó paciente, quedándose parado en la esquina.
Mientras él se acababa alguno de sus dulces que encontró en el maletín, me dediqué a la tarea de estudiar el lugar, pero lo único que sentí fue tristeza.
No lo consideré normal. Así que antes de ponerme a llorar, porque sí, me sorprendí fuertemente al sentir que los ojos me ardían, me dispuse a tomar una bocanada de aire y reemprender.
No obstante, mientras abandonamos el lugar algo, dentro de mí, se entristecía a una magnitud que obstruyendo mis pensamientos
insistía en que debía quedarme para no olvidar, para recordar.
Avancé, pero los pies no querían responderme.
Quise hacerlo pero cuando los recuerdos falsos se colaron, por mi propio bienestar, salí de allí.
Lamento que haya sido así.
Qué por una mentira no pueda quedarme donde, es probable, algo precioso ha esperado por mí.
—¿Tú a donde irás?
—Ehm... a un lugar secreto.
Me muerdo la lengua, queriendo preguntar. No sé qué efecto tienen esos secretos de Fares que me desconozco, no por completo, pero ser capaz de reconocerlo es una barbarie.
El viento helado sopla a la dirección correcta. Lo sé.
El decaimiento desaparece por tramos.
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RUTA 27 | ✓
Não FicçãoPude contar la estrellas en el infinito. La melancolía de dejarte, se desvaneció. El majestuoso atardecer abriría una ruta para recordarte que "fuimos uno". Él fue la lluvia que se esparció sobre la sequedad de nuestros corazones; jamás te dejará, e...
