• CAPÍTULO 07

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S O Ñ A N D O


Las manecillas siguen marcando los segundos finales; antes de oír otro tictac, la bocanada de aire que tomé, no logra sobrevivir y sale despedida de mi boca. El tiempo sigue avanzando y marca las 3:40 A.M.

Después de acomodar las almohadas, me siento con la espalda erguida, sin recargarla del todo en la cabecera tapizada. Por lo regular estoy despierta a estas horas, pero casi siempre me vuelvo a dormir antes del amanecer. Algo me dice que hoy será diferente.

Las yemas de mis dedos se cansan de jugar perezosamente con la tela de la pijama. Froto mis brazos con las manos, mientras hundo los dedos de mis pies en el colchón y termino por arrastrarlos hasta que las rodillas quedan pegadas a mi pecho.

Me he ido acostumbrando a estos horarios. No tengo ojeras y mi rostro no se ve tan demacrado como para delatar mis pocas horas de sueño. —Es preocupante ya que algunos estudios aseguran que madrugar no es del todo saludable—. Los investigadores deberían ponerse de acuerdo.

Antes solía despertar por las pesadillas. Quisieron incrementar cuando la abuela falleció; pero con el paso de los años y la ayuda de cierta persona, se desvanecieron. Todo ha cambiado; hoy me desperté en medio de la madrugada debido a un mal sueño. Una vaga sensación se quedó en mi pecho y todavía provoca que mi corazón se mantenga acelerado en ritmo tornadizo. Por experiencia propia, una nada agradable, se que no llega a la categoría de perturbación.

Los movimientos sigilosos de mis pestañas me hacen cabecear. Pero prefiero despertar por mi cuenta, antes que algo peor lo haga.

Aunque ya llevo un buen tiempo sin malas novedades.

Obligué a mi mente a acostumbrarse a los diferentes pensamientos que me asaltaban. Quizás descubrí que mi alma era un refugio constante para desahogarme. No es así. ¿Es un refugio? Sí. —Mi verdadero refugio seguro son las manos de Dios—. Mi alma lo es, pero de planes y metas que deseo realizar. No obstante, me he topado con el problema de no saber como llevarlos a cabo, pues apenas y se expresarlo en palabras. La encargada de mantenerlos vivos es ella misma, que por si fuera poco, se dedica a aumentar la expectativas. —Esas metas y planes son efímeros, sin valor alguno para lo celestial. Y si no son de Dios, que los destruya— El corazón es la base de operaciones. Y,  que decir de mi espíritu; lo visualizo como un vaso cristalizado, no estoy segura si refleja agua limpia y pura. O, sencillamente es mejor dejarlo tomar la forma precisa. Que se purifique. —Incluso si ahora parece que tiene gritas y corta—. La luz de Cristo reflejará vida. Porque no hay pecado que la sangre de Jesucristo no pueda lavar.

Estoy casi segura de saber dónde comenzó el problema.

Dios fue el centro de todo. Juntos íbamos en busca de la aventura, y no me quejaba. Pero cuando empezó la llovizna ligera, hace un par de meses, contemplé la posibilidad de regresar. Y fue tarde. Mi interior gritaba—: Mira el desastre que eres—. Supliqué entre balbuceos. No supe ni en que momento había dejado el principio atrás, adentrándome en lo recóndito.

Imploraba un: No me juzgues, por favor. Tú, no. Me despertaba en medio de la soledad y eso me llevó pensar más de la cuenta.

La locura no siempre es buena. Me llevó a la deriva, puesto que no se quedaba para siempre y solo por tiempos prolongados. Y cuando se iba, me deja lidiando conmigo misma. Convirtiéndome en una buena persona para reñir y criticar sus aspectos, sabiendo que eso no cambiaría nada, pero de igual forma lo hacía.

RUTA 27 | ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora