Todo estaba saliendo a pedir de boca. Todo estaba exactamente como Joaquín lo había soñado, la suave música amenizaba la velada, las luces estaban dirigidas a los 33 cuadros que había en distribuidos en toda la galería. Las personas caminaban con lentitud por los pasillos, comentando los cuadros a hablando de cualquier otra cosa, mientras los meseros se acercaban a ofrecerle copas llenas de champaña o algún bocadillo.
No había más de 100 personas en la galería. Fue una idea de Niko que les enviara una invitación a los posibles clientes. Y Joaquín estaba encantado de la elegancia que había conseguido con eso.
- Joaquín, tienes que relajarte - le dijo Niko- estás más tiesa que una tabla.
- Una copa de champaña podría ayudarte tal vez - le sugirió Christian.
- Esta es la cuarta copa que me tomo - dijo levantándola - no creo que me esté ayudando mucho.
- Habla con las personas, Joaquín, convéncelas de que vale la pena comprar tus cuadros.
Joaquín asintió. Se tomó lo que quedaba de champaña de un solo trago y reemplazo la copa vacía por una llena, y se digirió hacia un grupito de personas.
- Tal vez no sea tan buena idea esto de champaña - dijo Christian pensativo a Niko.
Media hora después...
- ¡Joaquín! - Niko y un hombre se acercaron a ella - Joaquín, te quiero presentar al señor Iñaki, dice que se ha enamorado por completo de tus cuadros.
- Muchas gracias, es un honor que nos acompañe esta noche - dijo Joaquín cortésmente.
- El honor es todo mío, me encantaría poder platicar con usted algunas cosas sobre los cuadros.
- Por supuesto, vamos - se alejaron ignorando por completo a Niko, a quien de hecho no le importó, lo que en verdad le preocupo fue ver a Joaquín volviendo a tomar otra copa.
Emilio estaba parado frente a la puerta de la galería, lo cual implicaba un gran problema puesto que Joaquín estaba adentro y él estaba afuera.
Eso sin mencionar que había dos guardaespaldas que evitaban que cualquiera se colara a la exposición y puesto que él no contaba con invitación ya le habían dejado bastante claro que no iba a entrar a la galería.
Ahora sí que estaba relajado. Joaquín tenía una sonrisa complacida en los labios y ahora eran Niko y Christian los que estaban estresados , ya habían perdido la cuenta de las copas que se había tomado Joaquín . Y los dos estaban pegados a el.
- Joaquín- dijo Niko con tirantez -, será mejor que te vayas a tu casa.
- No, Niko, estoy muy bien... ya estoy relajado. Todavía no he hablado con algunas personas.
- Lo sé - convino Niko - pero estás demasiado... "feliz" para hablar con alguien más.
- Estoy bien, Niko, deja de preocuparte.
- No, no lo estás.
- ¡Joaquín! - alguien la llamó. El miró hacia el lugar de donde provenía a voz pero no vio a nadie con intenciones de hablar con el. Cerró los ojos y agitó la cabeza. - ¡Joaquín!
- Niko , tal vez no estoy tan bien.
- ¿Te sientes mal, Joaquín? - dijo una voz detrás de el con evidente preocupación. El se giró y se encontró con Iñaki, pero al girarse se volvió a tambalear Iñaki la sostuvo y el se aferró a él hasta que sintió que el suelo había dejado de moverse.
- Solo estoy un poco mareado - atinó a decir el.
- Será mejor que te lleve a casa, Joaquín, Christian se puede encargar de todo.
- Yo los llevo - se ofreció Iñaki.
- Oh, no es necesario - dijo Niko porque al parecer Joaquín estaba muy concentrada en la entrada de la galería.
- Insisto, así podría traerlo a usted de regreso. Una vez que estemos seguros de que Joaquín está bien, claro.
- Muy bien - dijo Niko.
Con discreción Niko guió a Joaquín hasta la entrada de la galería, Iñaki los seguía a una distancia prudente.
- ¡Joaquín!
El volvió la cabeza buscando a la personas que lo llamaba, pero solo pudo ver a Iñaki. Al salir la voz fue aún más clara llamándola.
- ¡Joaquín!
Entonces vio a Emilio parado enfrente de la galería, uno de los guardaespaldas contratados para cuidar la entrada intentaba, con poco éxito, que dejara de gritar.
Sus miradas se encontraron: Joaquín- dijo Emilio en un suspiro y el se desmayó.
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Seduciendo a un Caballero (adaptación) Emiliaco
RomancePara todos Emilio tenía una vida perfecta, no le hacía falta nada. Tenía una exitosa carrera, una casa increíble, un carro último modelo y un novio hermoso. ¿Qué más podía pedir? En pocas palabras era un caballero perfecto. Hasta que un día antes de...
