Para todos Emilio tenía una vida perfecta, no le hacía falta nada. Tenía una exitosa carrera, una casa increíble, un carro último modelo y un novio hermoso. ¿Qué más podía pedir? En pocas palabras era un caballero perfecto.
Hasta que un día antes de...
Eran las nueve de la mañana cuando Joaquín recibió una llamada. Fue un breve intercambio de palabras. El acaba de llegar a su casa, acababa de ser dado de alta en el hospital justo en el momento en que el teléfono empezó a sonar. Cinco minutos más tarde volvía a salir de su casa.
Joaquín no estaba en su casa. Emilio le había llamado 10 veces, pero el no había contestado, incluso una vez el teléfono había sonado como ocupado, pero no pudo comunicarse con el.
Se sentía confundido. Herido pero al mismo tiempo seguro. Quería hablar con Joaquín , no le diría que sabía que estaba embarazado pero tenía que decirle que había sido un idi0ta por dejar que se fuera sin mover un solo dedo.
De pronto, se acordó. Lo había motivado a que pintara, pero nunca había visto los cuadros que había hecho y decidió ir a la galería para ver la exposición.
Afuera hacia frío. La calle donde estaba la galería estaba prácticamente vacía, solo había dos personas caminado igual que él, pero estaban muy distantes. No había notado que la mayoría de los inmuebles eran negocios, algunos muy lujosos, y era por eso que no había ni un alma, todo estaba cerrado.
Cuando se acercó a la galería vio a un hombre acercarse a la puerta, abrirla y salir. Completamente vestido de negro para protegerse del frío y muy elegante. Le extrañó que la galería pudiera estar abierta a tan temprana hora, así que se dirigió ahí.
En la galería, Joaquín se encontraba con el encargado. Un hombre muy elegante, al que sin duda le gustaba vestir bien, pero que seguramente era gay.
- Perdóneme, joven - dijo el encargado -, pero no he podido llevar a cabo la subasta de sus obras. Después de que... tuvo ese pequeño incidente, la gente empezó a murmurar...
- Oh, espero que esto no perjudique a la exposición.
- No lo hará, de hecho creo que la beneficiará... Hoy por la tarde que empecemos con la subasta le puedo decir con seguridad que habrá más gente.
Joaquín sonrió.
- Es mejor así, siempre causa una buena impresión que el autor esté en la subasta. Y si lo desea, puede quedarse con alguno de los cuadros todavía.
El ni siquiera había pensado en quedarse con uno de los cuadros. - Eso me gustaría.
- ¿Y bien? ¿Cuál quiere?
- Yo... no sé, tengo que pensarlo.
El encargado miró su reloj preocupado
- Bueno, joven , yo me tengo que ir, tengo un compromiso. Pero tal vez usted podría quedarse y elegir su cuadro, y pude cerrar después.
- Oh, muchas gracias.
- De nada, joven, que pase buen día.
Dicho esto se puso su abrigo negro y se fue.
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Emilio entró en la galería para darse cuenta que no estaba abierta, mejor dicho que no estaba abierta al público. Pero se quedó anonadado cuando vio a Joaquín , de pie, en medio de la gran galería rodeada por sus cuadros.
- ¿Es él? - preguntó inseguro. Pudo notar la sorpresa de Joaquín al escuchar su voz. El se giró y lo miró.
- ¿Perdona?
- ¿Es él? - repitió Emilio.
- ¿Quién? - Joaquín no podía creer que Emilio estuviera ahí, y tampoco tenía idea de a que se refería.
- El hombre que se acaba de ir, ¿es el padre?
- ¿Padre? ¿De quién? - preguntó frunciendo el seño.
- No finjas, Joaquín . Ya lo sé, ya sé que estás embarazado.
- Ah, eso - dijo el sin entusiasmo alguno.
- Sí, eso - confirmo Emilio . - ¿Es el padre? Seguro que era el hombre que estaba ayer en el hospital
- Tú deberías saber quien es el padre de mi hijo, Emilio.
- ¿Y yo cómo voy a saberlo? - respondió a la defensiva - ¿Qué? Ahora no se quiere hacer cargo de él y pretendes que te crea que el bebe es mío?
- No sabía que estuvieras tan renuente a la idea de tener un hijo.
- No lo estoy.... cuando pensé que estabas embarazado, esa idea me hizo feliz.
- Pues no te ves muy feliz ahora. - Él no contestó y el se acercó a él. - Es tuyo, Emilio, es tu hijo.
- Pero eso no puede ser.... - dijo con la voz en un hilo - no te ví en un mes y tú quedaste embarazado.
- ¿Cómo puedes pensar que es de otro hombre? - preguntó Joaquín dolida pero segura - Es tu hijo, Emilio . No he estado con ningún otro hombre y no quiero estarlo. Es tu hijo. Nuestro hijo. - Y como Emilio no dijo nada, Joaquín decidió arriesgarlo todo. - Te amo - y lo besó.