capitulo 43

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- ¿No estás nervioso? - le preguntó Joaquín  a Emilio mientras se frotaba las manos, las tenía heladas por los nervios.

En un abrir y cerrar de ojos el tiempo había pasado para el. Fuera de la sala donde se iba a llevar a cabo el debate para que a comprobar que Joaquín era el verdadero autor de los cuadros, lo único que podía hacer era tronarse los dedos.

- No - fue todo lo que contestó Emilio.

- ¿Y si no creen que fui yo quien los pintó?

- Eso no va a pasar - respondió con tranquilidad.

- ¿Y si Andrés tiene falsificó algo para que crean que él los pintó?

- Tranquilo- dijo tomándole la mano -, eso tampoco va a pasar. Cálmate, todo va a salir bien.

Joaquín se tuvo que conformar con el simple apretón de manos, sabía que no podían hacer algo que demostrara que se relación iba más allá de algo profesional. Así que se quedaron en completo silencio, esperando que la audiencia empezara.

- Mira nada más, ¿Qué tenemos aquí? Joaquincito  y su superhéroe - dijo Andrés de forma siniestra.

- Ignóralo - le dijo en tono calmado Emilio a Joaquín  pero Andrés  lo escuchó.

- No me puede ignorar, abogaducho de cuarta, simplemente no puede.

Emilio apretó el mango de su portafolio hasta que los nudillos se le pusieron blancos, era lo único que podía hacer para evitar golpear a Andrés. Con la otra mano volvió a darle un apretón a Joaquín , y con voz calmada le dijo al abogado de Andrés : - Por favor, calme a su cliente.

El abogado asintió y se llevó a Andrés ahí. El silencio volvió a reinar en la sala, a la espera de que la audiencia iniciara.

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En ese momento al otro lado de la ciudad un par de recién casados llegaba a su nuevo hogar.

- Al menos así no pudiste evitar que entráramos a la casa contigo en mis brazos - le dijo Diego a Renata  al tiempo que la dejaba sobre la cama.

- No quería que fuera así - contestó ella triste.

- Lo sé, pero no podías hacer nada para evitar caerte.

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- No sé como soportas hacer esto, una y otra vez - dijo Joaquín  con los ojos cerrado y apoyado el asiento del copiloto en el carro de Emilio. - Yo podría sacarle los ojos a alguien.

- Sí, lo pude notar.

Durante la audiencia Joaquín  mostró algunos de sus bosquejos, las personas que le compraron los cuadros a Joaquín , pero el no veía que el juez estuviera muy convencido de que el pintara los cuadros y lo sacaba de quicio que Emilio  solo le dijera: todo va a salir bien.

Hasta el momento en que Andrés pasó a declarar después de decir que él era el autor de los cuadros todo se fue a pique. Joaquín  y él empezaron a gritar, sin hacer caso a sus respectivos abogados y sin hacer caso al juez, hasta que este declaró que se pospusiera la audiencia hasta el día siguiente.

- ¿Estás enojado?

- No. Tú eres el que está enojado.

- ¿Y cómo no quieres que me enoje si Andrés  se quiere robar el merito de mis pinturas? - Emilio no contestó y Joaquín  malinterpretó su silencio. - Ves, sí estas enojado... conmigo.

- No, no es eso. Estar en un juicio implica pensar con la cabeza bien fría, y tú no puedes hacerlo.

- ¿Pensar con la cabeza fría? Claro que puedo hacerlo.

- No, no puedes. Si pudieras hoy no te habrías enojado con algo tan leve como la mentira de Andrés .

- Eso no quiere decir que no pueda pensar con la cabeza fría - dijo bastante enfadado.

- tienes demasiada pasión dentro de ti para hacerlo. Eres una artista, ¿recuerdas?

- O sea que ser una artista me impide pensar.

- No dije eso, sólo que no eres capaz de separar tus sentimientos de tu razón en momentos de tensión, generalmente no estás expuesta a ellos.

Joaquín bufó y giro la cara para no verlo. Pero él le tomo la mano y le dio un beso.

- Digo, la verdad es que me encanta toda esa pasión que hay dentro de ti. Deja de preocuparte, lo de Andrés  se va a arreglar.

Seduciendo a un Caballero (adaptación) EmiliacoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora