capitulo 50

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Y esa misma noche...

Emilio estaba en su casa. Era viernes por la noche y él estaba en su casa. Como lo había estado cada noche de las últimas cinco semanas. Las cinco semanas más largas de toda su vida.

Un golpe en la puerta principal llamó su atención. Supusó que sería Renata por la última vez que fue a ver, así que se levantó y fue a abrir; no quería tener a Renata para con muletas a fuera de su casa.'

Abrió la puerta, pero no se encontró con Renata.

- Hola... ¿puedo pasar?

La sorpresa de Emilio  fue evidente cuando vio a Diego frente a su puerta, pero se recuperó de inmediato y se hizo a un lado para que entrara.

Se hizo un silencio incómodo. Diego se decidió a hablar para terminar pronto con el asunto.

- ¿Tienes algún plan para esta noche, Emilio ?

- No, no en particular - respondió con cautela.

- Bien, porque hay un lugar al que quizas deberías ir hoy.

- No, no lo creo.

- Eres mi amigo, Emilio y sabes que te deseo lo mejor para tu felicidad, ¿verdad? - Emilio no contestó, esa era la mejor respuesta. Diego se rió con ironía. - Sí, tal vez si yo estuviera en tu lugar tampoco habría contestado... Pero, aunque no lo creas sí quiero que seas feliz, Emilio ... Vine... Vine a decirte que me equivoqué. Contigo... y con Joaquin... lo que hicieron no estuvo bien, quiero decir, no fue la mejor manera de llevarlo acabo, pero fue lo mejor.

- ¿No fue la mejor manera, pero fue lo mejor? No te entiendo.

- No fue correcto que anduvieras por ahí con ella en secreto. No sé como es que el lo permitió, pero creo que ha sido lo mejor que te pudo pasar a ti y a ella.

- ¿Por qué me dices esto?

- Para que los dos dejemos de ser un par de idi0tas. Te ví el tiempo que estuviste con el, te veía feliz... y después de que ya no lo has visto y jamás te había visto así. Pensé que solo era un capricho tuyo, pero me he dado cuenta de que no es así.

- ¿Por qué pensaste que era un capricho?

- Con Renata me tomó dos años saber que estabamos enamorados el uno del otro, pero tú, tú apenas lo conocías hacía un mes y ya sonreías como idi0ta enamorado.

- Gracias - dijo Emilio con sarcasmo. - No creo que a Renata le haya tomado tanto tiempo saber que te quiere.

- Así como yo tampoco creo que Joaquin haya tardado danto en darse cuenta de lo mismo.

- Eres un idi0ta, Diego.

- Tú también eres un idi0ta, Emilio. Toma - le tendió una hoja de periódico - leela.

Chris tomó la hoja y la vio. - Es la foto de Dulce - dijo como si de verdad fuera necesaria la aclaración.

- Sí, ahora sigue leyendo.

Terminó de leer.

- Vaya, parece que Joaquin ha seguido su vida. Esta exposición llevaba tiempo planeándola.

Esa no era la respuesta que Diego  esperaba. Le dio un zape.

- Tú también has seguido tu vida, la diferencia es que el se puso a hacer algo productivo mientras tú te lamentabas en lugar de mandarme al cuerno. - Emilio volteó a mirarlo como si le hubiera salido una segunda cabeza. - ¡Emilio ! ¿Por qué sigues aquí? Deberías ir a buscarlo.

Emilio no necesitó que le dijera un palabra más y salió a toda prisa a buscar a Joaquin.




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- Estoy nervioso.

Joaquín  estaba sentada frente a un espejo viendose. Le dolía el estómago. Las últimas tres semanas habían sido de estrés absoluta, pero no podía decir que no las había disfrutado. Había pintado cada minuto del día y siempre que pasa el pincel por el lienzo lo único que podía pensar era: Emilio.

Cuando se planteó la idea de hacer esta exposición, se imaginaba a Emilio a su lado. Vestido elegantemente de un traje que le quedara a la perfección, tranquilizándolo, diciéndole que todo iba a salir perfecto. Siempre con esa sonrisa infinita.

Pero no, el iba a estar ahí sola enfrentándose a toda esa gente.

- Tranquilízate, Joaquín. Solo son unas cuantas horas, 2 o 3. No tienes que estar presente durante la subasta si no quieres.

- Sí, además te ve guapísimo - dijo una voz masculina desde la entrada - vas a cautivar a todos los hombres.

- Chrisitan - dijo Niko-, no deberías estar abajo esperandonos.

- Sí, pero tardan demasiado.

- Está bien - dijo Joaquín-. Vamonos ya.+

Se puso de pie, se tambaleó y cayó sentandose de nuevo. May y Christian corrieron a su lado.

- ¿Estás bien?

- Sí, sí. Son los nervios... me he parado muy deprisa.

- Tal vez solo debas quedarte en la galería una hora, solo un acto de presencia.

- Sí, creo que mis nervios no soportarían más tiempo.

Seduciendo a un Caballero (adaptación) EmiliacoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora