- SOMBRAS - c.8.

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Las dudas volvieron a asaltar a Marco, pero este se armó de valor, quería intentarlo.

Entró por la puerta de la cafetería.

Tras la barra, Luca se quedó con la boca abierta.

El chico tímido y reservado estaba rompiendo todos sus esquemas.

Marco se acercó.

-Buenas tardes, ¿podría ponerme dos cafés y al camarero para llevar? – Dijo Marco mirando fijamente a Luca – No aceptaré un no por respuesta, gracias.

Luca se quedó con la boca abierta. Marco le empezaba a transmitir mucho más que una simple atracción.

- Mi turno acaba a las seis, señor… lo siento, pero tendrá que esperar, exactamente, cuatro minutos y medio – dijo mirando su reloj de pulsera.

- Oh, no se preocupe, ¡tengo toda la tarde! – dijo Marco de forma algo irónica.

Luca volvió a sonreír sorprendido.

Cuando salieron por la puerta empezaba a atardecer.

Luca abrió su Mini.

- ¿Dónde quiere ir el señor? – preguntó Luca.

- Donde usted desee, pero por favor, sin frenazos, ni atropellos. – respondió Marco divertido.

Al cabo de unos minutos Luca aparcó el coche.

Se encontraban en una explanada, muy apartada del centro de la ciudad.

No había iluminación.

Ante ellos: Roma, iluminada por la luz de la luna y las luces de la propia ciudad.

Era increíble.

- Vaya… este sitio… es precioso– dijo Marco muy sorprendido.

- Sal del coche. – dijo Luca muy serio.

- Pero…

- He dicho que bajes del coche, Marco. – dijo Luca cortándole.

Marco hizo caso, abrió la puerta y bajó. Luca se había adelantado, estaba tumbado sobre el capó de coche. Miró a Luca de forma tierna.

- Túmbate conmigo. – le dijo tendiéndole la mano.

Marco tomó la mano de su ‘graffitero’ y se apoyó a su lado.

Luca parecía melancólico, o enfadado, volvían las sensaciones raras.

- ¿estás… enfadado Luca? – preguntó con miedo.

- Mira al cielo. ¿Increíble verdad? Todas esas estrellas… y la luna… - dijo Luca señalando al firmamento - Contigo me siento como un astronauta que viaja al espacio por primera vez. – Continuó diciendo entusiasmado- Por mucho que busque, allá donde sea, nunca encontraría algo que me gustase más.

Marco se quedó sin palabras, como de costumbre. Miró a Luca mientras se incorporaba.

Ambos se dieron la mano, se acercaban a los labios del otro, poco a poco. Luca posó su mano derecha sobre la cadera de Marco. Y Marco acarició la mandíbula de Luca con su mano derecha. Estaban a tan solo un centímetro de distancia.­

Se escucharon unos pasos, y de entre las sombras aparecieron tres hombres.

Eran altos y corpulentos.

Vestían cazadoras de cuero, botas y pantalones muy ajustados.

- Mirar lo que tenemos aquí chavales… - dijo el cabecilla del grupo en tono burlón – Es nuestro amigo Luca…

EL PRIMER PENSAMIENTO EL MEJOR.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora