Una noche Marco y Luca estaban tomando algo en una terraza.
Toda la ciudad iluminada a sus pies.
El chico cayó en la cuenta de que le quedaban tres días contados de vacaciones, no quería volver.
- Pfff... - resopló Marco. – En nada empiezan de nuevo las clases... - dijo dando un sorbo a su piña colada. – Me he acostumbrado demasiado pronto y rápido a tenerte a todas horas a mi lado...
Luca empezó a reírse.
- Tranquilo pequeño, vivimos en la misma casa, me vas a seguir viendo. – contestó intentando quitar hierro al asunto.
- Ya, pero... supongo que tengo una carrera dura por delante.
- ¿Y lo feliz que estarás planificándome un señor casote cuando seas famoso, qué? – continuó bromeando.
A Marco le dio un ataque de risa.
- No creo que pudieras pagar ni la factura del agua, cariño. – dijo ahogado por la risa.
- Oye... - dijo riendo él también. – Y parecías tonto... - echó la cabeza para atrás, no se veían muchas estrellas.
Le rodeó con un brazo la espalda.
Estaban sentados en un mismo sofá de exterior, frente a una mesa baja de cristal.
No había mucha gente a parte de ellos.
- Desde que te conozco... las estrellas no me parecen igual de bonitas. – dijo rompiendo el silencio. - ¿Están celosas sabes? – continuó sonriendo. – Hay aquí algo más bonito que todas ellas juntas...
Marcó sonrió, de nuevo esa sensación que nacía en su pecho.
Se giró un poco, acercándose más a Luca y le besó.
Todas las noches, al acostarse, Marco o Luca iban a la habitación del otro para desearse buenas noches. Estaban un rato tumbados juntos, hablando de cualquier tontería o batallita, o simplemente, disfrutando el silencio juntos.
No había nada como desayunar el uno frente al otro, planear el día, picarse entre ellos o cualquier cosa. Ambos chicos estaban disfrutando aquello, y no les hacía falta un calificativo, simplemente lo vivían y empezaban a ser muy felices.
Una mañana el teléfono de Luca sonó varias veces, querían contar con él para varias entrevistas de trabajo, y aunque eso apenaba en cierto punto a Marco acababa alegrándose por Luca. Al fin y al cabo ese momento llegaría sí o sí.
- Mucha suerte Luca. – dijo Fabio al chico antes de que saliera por la puerta.
Luca le dio la mano al padre del chico y besó en una mejilla a Carmen.
- Aprovecha para estudiar, ¿eh? – dijo Luca alegre a Marco.
Los dos chicos se abrazaron.
- Mucha suerte, Aquiles. – contestó Marco inundado de ternura.
Cerró la puerta.
Marco fue a su habitación, tenía mucho que repasar para la vuelta.
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EL PRIMER PENSAMIENTO EL MEJOR.
Teen FictionEn un apasionante descubrimiento de si mismo, Marco, un joven de diecinueve años, vivirá una gran historia entre las ciudades de Madrid y Roma. Entre ellas experimentará el amor desgarrador, la pasión, la tensión y el dolor, entre un montón más de e...