Maratón 1/3
Le daba golpes a la puerta con desesperación, ya no sabía que más hacer para que esta funcionara. Rodrick seguía en el mismo lugar donde lo encontré, andaba cabizbajo y no había hecho nada por la puerta.
La empujé con más fuerza casi que a punto de llorar por el enojo que sentía.— Amelia, detente. No se va a abrir, tenemos que esperar que alguien aparezca. —respondió seco. Sus palabras fueron suficientes para detenerme.
—¿Y pretendes quedarte ahí sin hacer nada? Mierda, ¡Tengo cosas que hacer! —solté en medio de mi alteración. Volví a golpear la puerta sin tener mucho éxito.— Prefiero eso antes que golpear la puerta como una lunática. Aunque me parece increíble que aún no la hayas abierto si eres una experta en huír por las puertas, tienes un gran historial.
En seguida bufé.— ¿Sabes qué? No pienso discutir más contigo, estoy harta.
—No estoy discutiendo.
—Que extraño, nunca haces nada.
Me senté en el suelo, mientras que mi espalda de apoyaba de la inservible puerta, quedando frente a frente con el que en algún momento fue algo para mi. Mentiría si dijera que no me quema por dentro tenerlo cerca y no poder abrazarlo y expresarle lo mucho que lo extrañaba, pero fui yo quien dañó todo lo que teníamos. Tenerlo tan cerca me hacía recordar lo impulsiva y estúpida que soy, destruyendo, lo que tal vez, fue lo mejor que pude tener, y jamás volvería a tener.
Duré unos minutos en lo que lo único que hacía era observarlo en silencio, podría hacerlo por horas.
Alzó su mirada, haciendo que yo aparte la mía. No pude soportar más y ciertas lágrimas aparecieron, intenté ocultar mi llanto con mis brazos pero fue imposible por los sollozos que hice. Me sentía tan pequeña en esos momentos, que sentía la necesidad de desaparecer.
—Lo siento Rodrick —fue lo único que mi cerebro logró formular. Me limpiaba las lágrimas bruscamente pero salían el doble. Escuché como él también comenzaba a llorar y me hizo sentir el doble de peor.
Éramos unos tontos adolescentes que no supieron como controlar sus problemas y terminaron hiriéndose.
—Siento tanto haberte herido de esa manera, me siento una estúpida —dije. Mi respiración se comenzó a descontrolar, intenté hacer que vuelva a la normalidad, pero fue en vano. Mi pecho dolía, y como si mi corazón fuese a explotar. Intentaba moverme, pero mi cuerpo no me lo permitía. Me hice bolita en la esquina que tenía al lado.
Mi vista se nubló por unos segundos, pero sentí como Rodrick me tomó de ambos brazos.— Amelia, mírame —no podía hacer nada, sentía mi cuerpo había tomado el control. Sentía miedo.
—Tranquila, estoy acá. Mírame. —Me agarró del rostro y pude observar el suyo. Sus ojos estaban rojos y uno de ellos se decoraba con un moretón recién hecho que apenas tomaba el color moradizo.— Respira hondo —con su mano limpiaba las lágrimas de mis mejillas y con la otra, me sostenía.
Poco a poco sentí como todo volvía a la normalidad. Traté de calmarme intentando observar el salón y sus pequeños detalles. Duré así unos minutos hasta que logré calmarme casi por completo.
La mirada de Rodrick se posaba en mi con una cara de preocupado, me sentía terrible por haber hecho todo ese escándalo, pero no entendía el porqué me había sucedido. Jamás me había sentido así, fue como estar al borde de la muerte.
—Todo está bien, yo estoy aquí —lo rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje a mi, necesitaba tenerlo cerca de nuevo. Sentía su calor, su respiración en mi nuca, su perfume. Mierda, lo extrañaba demasiado.
—No quiero que te vayas nunca —hablé con la voz quebrada, comencé a plantar besos en su cuello y luego en su mejilla, me separé de él unos segundos y detallé su ojo— Y nunca más vuelvas a pelearte así —hubiese deseado que ese momento jamás se hubiese terminado, pero las voces por fuera del salón me hicieron salir de mi burbuja.
—¿Hay alguien aquí? —era la voz del director. Ambos tardamos unos largos segundos en contestar— Eh... Si. La puerta está trabada y llevamos rato acá. —el director intentó abrirla, pero se percató de lo que decía era cierto.
—Mis grandes disculpas hacia ustedes, buscaré al conserje y podrán salir. Revisaremos las demás puertas para que esto no vuelva a suceder —dijo. Escuchamos como se alejaban los pasos, demostrando que haría lo que había dicho.
Rodrick y yo, nos levantamos a tomamos nuestras cosas, y mientras tanto, nos sentamos en los pupitres.— Rodrick, yo... —intenté hablar— No hablemos de eso ahora, no lo arruinemos—me quedé en silencio.
Lo miré de vuelta y no podía dejar de ver sus labios, sus lindos ojos marrones, su pelo desordenado que lo había ver tan atractivo y su linda nariz. La puerta se abrió luego de unos minutos y pudimos salir, no sin antes, mentirle al director diciendo que la puerta se cerró sola por la brisa.
Caminamos en silencio hasta llegar al estacionamiento, yo solamente lo seguía, y él claramente iba hacia su camioneta.— Así que... —no pude terminar la oración cuando una voz nos interrumpe.— ¡Rod, te estaba esperando! —nos giramos, y la rubia ojos claros venía corriendo hacia nosotros.
—Cariño, me enteré de la pelea con Gabriel. Siento tanto lo que pasó —se tiró encima de este con un abrazo. ¿Escucharon eso? Fue mi corazón que se rompió en dos.— Si... eh... yo... —el pelinegro no lograba formular alguna oración.
—Uh... Hola ¿Amelia? ¿Qué haces por acá? —me miró de manera despectiva, y mis ganas de golpearla fueron el doble.— Yo ya me iba, siento haber molestado. Adiós —me di la vuelta y comencé a caminar hacia la cancha de fútbol de la escuela, dónde me esperaba Aaron.
Tal vez las cosas debían seguir así, tal vez era lo mejor para ambos.
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fuck it; rodrick heffley
Hayran Kurgu🎸 𝐅𝐔𝐂𝐊 𝐈𝐓; Rodrick tenía una pequeña e improvisada banda, la cual, su bajista Chris, tenía un viaje importante y no podía asistir a los ensayos estando muy cerca de su día más esperado: El concurso de talentos de Plainsville. Amelia era una p...
